Jeanine Añez, la chica que no quería ser ama de casa y que llegó a la Presidencia

Cuando terminó el bachillerato, Jeanine Añez no tuvo opción de elegir profesión como sus hermanos hombres. Ella y sus otras hermanas mujeres estaban predestinadas para ser secretarias ejecutivas.

En su natal San Joaquín, un pueblo beniano de calles polvorientas de apenas 7.000 habitantes, cuando era niña ella soñaba con ser presentadora de televisión o radialista porque se había criado escuchando Illimani y Panamericana. “Yo repetía absolutamente todo lo de las radios, me conocía los programas”, dice ahora sentada en una silla dorada del palacio Quemado, desde donde gobierna Bolivia desde el 12 de noviembre.

La menor de ocho hermanos cumplió con el requisito familiar de tener un título de secretaria ejecutiva y luego se casó. Ella no estaba para nada conforme que en su carnet dijera que su profesión era ama de casa, por eso decidió estudiar una carrera universitaria en Trinidad. Como no había comunicación social, optó por derecho.

Cuenta que para ella no fue fácil convencer a su pareja de que, siendo una mujer casada, tendría que salir de su casa a estudiar. Pese a eso, logró su objetivo, se tituló de abogada y, aunque no ejerció esa profesión, ya no siguió figurando como ama de casa porque se convirtió en presentadora de televisión. Al principio no recibía salario porque era un intercambio de servicios. Su familia tenía un restaurante que se promocionaba en el canal y, a cambio, leía el noticiero.

Como una cosa lleva a la otra, en 2006 incursionó en la política al convertirse en integrante de la Asamblea Constituyente, por lo que tuvo que trasladarse a Sucre hasta 2008, porque ahí funcionaba esa instancia. Cuando volvió a Beni para retomar su vida en la televisión, fue llamada, esta vez por Podemos, para postular a una senaduría por su departamento. Ganó el curul y eso la obligó otra vez a dejar Trinidad para instalarse en La Paz, algo que le costó el matrimonio. “Los hombres todavía no entienden que una necesita su espacio (…) ya es muy raro el hombre que apoya a la mujer en la actividad política, es muy complicado”.

Añez tiene dos hijos jóvenes (Carolina y José Hernando), quienes la acompañaron aquella noche del martes 12 de noviembre cuando salió al balcón del Palacio convertida en presidenta transitoria de Bolivia. Además, tiene varias mascotas porque ama a los animales. De hecho, ya instalada en la residencia presidencial de San Jorge, adoptó a “Pitita”, nombrado así, seguramente, en alusión a la “revolución de las pititas” que provocó la caída de Evo Morales del poder.

Jeanine y sus siete hermanos se criaron en una casa ubicada en la plaza de San Joaquín, donde los niños disfrutaban de jugar al aire libre, mojarse bajo la lluvia y hacer deporte. Recordando esos años, la Presidenta dice que le encantaba jugar básquet y que “era muy buena para hacer técnicas con la pelota de fútbol”. Pero, su familia salió del pueblo hace unos 30 años y cuando Añez vuelve lo hace a la casa de un primo, pero dice que ese rincón del planeta está en su corazón.

Sin saberlo, ella había iniciado en 2006 un camino sin retorno hacia la política. Fue elegida senadora por segunda vez en 2014 y en la última legislatura asumió la segunda vicepresidencia de la Cámara de Senadores, un cargo reservado para las minorías.

El 10 de noviembre, luego de la renuncia de Evo Morales, el teléfono de Añez no dejaba de sonar. Cívicos y compañeros de partido hablaban con ella de la posibilidad de convertirla en presidenta del Estado. Ella se quebraba y lloraba, incluso ante cámaras. No era para menos. Le había tocado el mayor desafío al que un político puede aspirar, con el pequeño detalle de que el país estaba literalmente en llamas.

Llegó a El Alto el 11 de noviembre y, desde allá, fue conducida en un helicóptero oficial, como preludio de lo que sería su vida a partir de entonces.

Entró a la Asamblea Legislativa, convocó a sesión para el día siguiente y volvió a quebrarse en llanto. Aquella noche, que era la segunda en la que el terror se apoderaba de algunas ciudades del país, otra Jeanine, esta vez vestida de aplomo, coraje y decisión, apareció en un video casero en el que conminó al comandante en jefe de las FFAA, Williams Kaliman, a que sacara a los soldados a las calles para dar paz a la ciudadanía.

Amaneció el martes 12 de noviembre y, ante la ausencia de la bancada mayoritaria del MAS, Añez asumió, sin mayor trámite, la Presidencia del Senado primero y la Presidencia del Estado Plurinacional después.

No fue un día feliz. Cómo iba a serlo si los sectores del MAS asediaban las ciudades y los demás ciudadanos estaban parapetados en sus calles cuidando las barricadas. En su asunción al mando no hubo banda, medalla, ni invitados especiales. Apenas unos aplausos de sus colegas, un himno nacional a capela y unas selfies en el pleno hemiciclo.

Ya convertida en Presidenta se trasladó al viejo Palacio de Gobierno, para colocarse la banda y la medalla y, con el traje de presidenta, salir al balcón acompañada de sus hijos, de sus colegas legisladores y de los principales dirigentes cívicos, Luis Fernando Camacho y Marco Pumari.

Blandía entonces una enorme biblia que terminaría siendo uno de los símbolos más polémicos de su gobierno. Cumplía así con la oferta de Camacho de devolver ese libro al Palacio.

Bolivia es un estado laico y a buena parte de la sociedad no le hizo gracia que la religión entrara al Palacio porque eso podría implicar un retroceso en conquistas de las mujeres, colectivos LGBTI y otros.

Por toda respuesta, Añez pide que respeten su creencia porque ella no funciona sin Dios. Aclara que es católica bautizada, pero “practicante evangélica”.

Y, en ese contexto se puede entender aquel polémico tuit que, según la plataforma Wayback Machine (2), evidentemente fue escrito por la ahora Presidenta y luego fue borrado. “Qué año nuevo aymara ni lucero del alba!! satánicos, a Dios nadie lo reemplaza!!”, escribió en 2013, refiriéndose al año nuevo aymara. Más que un tuit racista, parece un tuit que encarna su creencia religiosa evangélica y rechaza cualquier veneración a Dios que no sea la oración.

Además de la biblia y el crucifijo, ahora no faltan en los actos del Palacio, la wiphala, que fue reivindicada en el fragor de las protestas, y el patujú, un símbolo oriental reconocido en la Constitución y que ella se encargó de convertir en bandera para imprimir su sello a su gestión.

Cualquier presidente que llega por la vía de las urnas, suele tener al menos tres meses de luna de miel con la ciudadanía. Ella no tuvo esa suerte. La Paz estaba cercada y Cochabamba asediada por los cocaleros. En ese marco, las Fuerzas Armadas y la Policía intervinieron con un saldo de nueve muertos en Sacaba y 10 en El Alto.

Añez recuerda el día de los hechos de Sacaba y no puede evitar las lágrimas, esta vez ante la cámara y la grabadora de Página Siete. Dice que se postró a pedir a Dios que le enseñara el camino. Luego se repone y dice que pudo ser peor si no intervenían los militares. Pero, no pudo zafarse de las críticas ni de los informes demoledores. En las redes la culpan por los muertos y la CIDH dice que en Bolivia hubo masacres, así en plural.

Pese a ese panorama adverso, Añez goza del apoyo de gran parte de la población, según una encuesta de Página Siete levantada a finales de noviembre, en la que el 43% de los consultados dicen que su gestión es buena, el 31% cree que no es ni buena ni mala y sólo el 23% la califica de mala. Y ahora hasta suena su nombre para la candidatura a la presidencia, aunque ella dice que “sería deshonesto” aprovecharse de la situación para ser candidata.

Añez ya mostró aplomo en sus decisiones y sensibilidad ante las críticas. No le tembló la mano para cambiar al ministro de la Presidencia, Jerjes Justiniano, cuando supo de las denuncias de injerencia en la justicia.

Después de 39 años, el Palacio de Gobierno acoge a una mujer como Presidenta y después de casi 14 años los bolivianos son gobernados por alguien diferente de Evo Morales. El de Añez es un gobierno de transición, pero, ella ya se ha ganado un lugar en la política boliviana, más allá de las opiniones a favor y en contra de su gestión.

Pagina Siete.

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