¡Qué azules habían sido los verdes!

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Son un problema los colores. Durante 20 años rotamos entre rosados y rojos -y sus aliados medios tonos-, hasta que la sociedad, harta de sus prácticas, optó por darle el voto a los azules. Los azules despotricaron durísimo contra todos los demás colores; dijeron que ellos eran el único y verdadero color, y, luego, durante 14 años, hicieron lo mismo que los anteriores, pero al cubo.

La sociedad se hartó y la gota fue el descomunal fraude; las pititas tomaron las calles y, de miedo, los dirigentes azules salieron rajando. De chiripazo llegaron los verdes. Los verdes habían pasado toda su corta vida criticando a los azules, sin notar lo cercanos que eran, que apenas unos tonos los separaban y una vez en el poder, los verdes hacen lo mismo que los azules. Puto arco iris. Cuando se trata de la práctica política boliviana nada cambia, aunque cambien caras, siglas o partidos, ¡todos al asalto del Estado botín!

Además, lo vimos tanto que ya hasta normal parece. Cuando el caudillo autoritario se iba al mundial en avión presidencial, ¡qué horror!, dijimos; cuando no devolvió un peso, atemorizados porque el sol se esconda y la luna se escape, nadie le pidió que devuelva la plata. Cuando el ministro de la Presidencia, Yerko Núñez, recogió a una miss de Riberalta en avión del Estado ¡qué mal!, dijimos y se disculpó. Pero no devolvió el costo del vuelo. Al caudillo sólo le pido que se quede bien lejos 500 años; al Ministro le pido que sea gentil con su plata. En la Asamblea, como bancada de Unidad Demócrata, les gritábamos “Zapata, Zapata, devuelvan la plata”. Alto y agudo gritaban la Presidente Añez y la ministra Pinckert. No escuché que le pidan a Yerko que devuelva la plata. Yo le pido: Yerko, dale, devolvé al Estado el costo de ese vuelo.

El lascasiano Vice decía que si el caudillo autoritario se iba venía una catástrofe apocalíptica porque él era el Estado, lo era todo, el predestinado; por eso tenía que seguir siendo candidato indefinidamente, chau Constitución, chau referéndum, chau apoyo popular. Luego, en enero, el ministro Murillo decía que “la única salvación de este país es que doña Jeanine sea nuestra candidata”. Samuel, en sus gigantografías dice: “Sólo con ella”. Ni él Odín, ni ella Freya. Tristes prácticas personalistas autoritarias. Ninguno es indispensable, pero es indispensable devolverle la ética a la política y que las autoridades cumplan la ley y Constitución.

Por años criticamos que la cabeza del Ejecutivo nombre vocales en el Órgano Electoral, ya que es una intromisión de un poder del Estado en el otro y debilita la separación y equilibrio entre poderes, y con los verdes ¡el delegado presidencial preside la sala plena del Tribunal Supremo Electoral! Y de yapa: “la única salvación” es candidata, o sea, la candidata designó al presidente del TSE ¡Qué difícil situación para Salvador Romero! No puede cometer ni un pequeñísimo error.

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Los azules ponían a sus parientes y compadres en los cargos públicos. Los verdes ponen a los hijos de sus amigos, a los amigos de sus hijos y a las parejas de sus parientes. O sea, intentan disimular, pero igual lo hacen. Nepotismo se llama uno, trafico de influencias se llama el otro. Ambos son actos de corrupción pública.

Los azules decían “no hay persecución”, “caiga quién caiga”, “eso lo decidirá la justicia”, “son intentos de desestabilización”, “esa red de corrupción ha sido montada para hacernos quedar mal” etcétera, ¿adivinen quiénes dicen lo mismo?

Hay muchísimos ejemplos, pero sólo voy a mencionar uno más, que no tiene que ver sólo son reproducir las prácticas que decían criticar los azules a los rosados o los verdes a los azules, sino que tiene que ver con los intereses comunes.

Como pueden ustedes constatar, si revisan la sesión del Senado del 15 de septiembre de 2015, verán que azules y verdes, por unanimidad, aprobaron la Ley 741 que amplia desmontes de cinco a 20 hectáreas, decisión que para 2016 multiplicó en 800% el numero de incendios; y que fue el fosforito que provocó los incendios de mas de cinco millones de hectáreas que ardieron 153 días seguidos el 2019. Incluso, en la Cámara de Diputados hubo felicitaciones. Ahora viene el impulso a los transgénicos que benefician a la misma oligarquía a la que los azules despreciaron por algunos días en su primer mandato y con la que luego pactaron. O sea, los azules se hicieron socios de los mecenas de los verdes y todos contentos con el etanol ¡Qué azules habían sido los verdes!

Jimena Costa Benavides es politóloga.
Página Siete da la bienvenida a la politóloga Jimena Costa que cada 15 días escribirá en este espacio al que denominó Círculos viciosos.

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