¿Cuánto la pieza?: el peligro de vivir y pasar por la 12 de Octubre de El Alto

¿A cuánto la pieza?, pregunta un hombre a las mujeres que pasan por la calle 7 de la avenida Jorge Carrasco en la zona 12 de Octubre de El Alto. No se retrae y aborda a las que transitan por el lugar. Al preguntar, se acerca tanto que se puede sentir el alcohol en su aliento.

Cansados de esta situación, el pasado 24 de octubre, los vecinos de la zona salieron a marcar con pintura las puertas y paredes de los lenocinios que funcionan en el lugar. Piden el cierre de estos espacios porque aseguran que son un foco de inseguridad, en especial para las mujeres –de cualquier edad– que viven o pasan por el lugar.

“Usted ya ha visto la situación. Los hombres vienen mareados o sanos, no sabemos si son delincuentes o no, abordan a las amas de casa, a las señoritas del colegio o a las niñas. Es un riesgo”, afirma el presidente de la Junta de Vecinos de la 12 de Octubre Central, Zenón Braulio Mamani.

“La 12”, la zona rosa

La 12 de Octubre es una de las zonas más antiguas y pobladas de El Alto. Allí, en el casco viejo de la urbe, en medio de escuelas, institutos y oficinas públicas y privadas, funciona la zona rosa alteña, una de las más inseguras del departamento.

De día, alrededor de una veintena de lenocinios se entremezclan con decenas de tiendas de barrio, talleres y negocios de cerámica y material de construcción. Se disputan el control del lugar, entre las calles 5 y 9 de las avenidas Jorge Carrasco y Franco Valle, por lo que logran pasar desapercibidos, no sólo por las marcas que hicieron los vecinos en sus muros, sino por las que dejan su actividad.

Por fuera ninguno tiene un letrero o algún nombre visible que lo identifique. En algunas puertas se conservan serpentinas viejas a modo de adorno, en otras se distinguen las huellas del alcohol, azúcar y hasta las flores con las que cada noche, los propietarios y trabajadores de los distintos locales, llaman a la suerte para que no les falten clientes. Aunque la verdad es que éstos siempre sobran.

A cualquier hora se los puede ver rondando esas puertas. Conforme pasa el día van aumentando en cantidad, hasta convertirse en un enjambre de hombres que abarrotan toda la calle.

Los vecinos sostienen que la aglomeración de los clientes es cada vez mayor y que ésta crece junto con la cantidad de establecimientos de servicios sexuales. Una cifra negra que aumentó tras la pandemia.

“No tenemos una cuantificación cabal de los lenocinios. Muchos son fácilmente identificables, pero casi a diario se abren otros nuevos en alojamientos, baños y hasta casas que los mismos vecinos alquilan. Son clandestinos, por eso no hay una cifra oficial”, explica Mamani.

En 2015, un estudio de la Fundación Munasim Kullakita identificó seis zonas de riesgo en El Alto. Se contabilizó 105 lenocinios, alojamientos, discotecas y bares clandestinos de “remate de chicas”. Una de esas seis zonas era la 12 Octubre. En los prostíbulos de esta zona, la botella de cerveza más la pieza podía costar 60 bolivianos.

Para 2020, el municipio alteño tenía registrados 18 lenocinios legales y más de 200 sin ningún tipo de documentación. Pero el dato sólo es una aproximación.

“La cifra es difícil saberla. Todavía no se hizo la cuantificación porque cada vez aparecen más de estas actividades. Haremos el conteo con el personal de recaudación, quienes emiten la licencia de funcionamiento y vamos a generar la cuantificación exacta. Luego, identificaremos las actividades clandestinas para proceder la clausura correspondiente”, anunció el intendente municipal de El Alto, José Luis Coaquira, el 6 de septiembre.

En “la 12”, al igual que en otras zonas, identificar estos establecimientos se hace más difícil porque funcionan entre lo medio clandestino, lo clandestino y lo súper clandestino.

Los alojamientos y baños

“¿Haces pieza? ¿Por cuánto?, podemos ir a un alojamiento”, ofrece otro hombre desde un auto estacionado en la esquina de la calle 9, unos 20 minutos después de la primera “oferta”. No está bajo los efectos del alcohol, pero insiste.

“Los alojamientos son un peligro”, sostiene uno de los vecinos. Afirma que hacen de fachada para los lenocinios.

“Cuatro horas por 20 bolivianos, con baño privado y TV cable. Con garaje y en plena 12 de Octubre”, se promociona un alojamiento en Tik Tok y Facebook.

En cada cuadra de la 12 de Octubre se puede ver de uno a hasta tres alojamientos. Todos funcionan por horas ya sea como moteles o como habitaciones para el trabajo sexual. El título es sólo una especie de fachada.

Pero no es el único tipo de negocio que tiene este fin. Hace unas semanas, la Intendencia intervino dos baños públicos en los que, al interior, funcionaban habitaciones para el servicio sexual. Ambos estaban ubicados en la calle 7 de la 12 de Octubre, entre la avenida Franco Valle y Raúl Salmón. Aunque ambos fueron clausurados, el jueves pasado estaban funcionando nuevamente.

“Los mismos negocios y talleres son fachadas. Un solo propietario puede tener dos, tres o más lenocinios. Allí en frente del banco de la Jorge Carrasco un prostíbulo usó, por años, un edificio en construcción como fachada”, explica una trabajadora del lugar.

Muchos de estos espacios buscan no ser identificados, para ello cubren puertas y ventanas, para que la precariedad de su interior no se filtre hacia afuera. Uno de los locales más conocidos es la casa verde. La infraestructura está construida como una caja de ladrillos y cemento, que en las primeras tres plantas no tiene nada más que la puerta de ingreso. No tiene ventanas ni nada que se le parezca.

Pero el problema no es sólo en “la 12”. A pocas cuadras, en Villa Dolores, el 2 de septiembre los padres de familia salieron en una marcha para intervenir un edificio en el que se advirtieron hechos ilícitos. Al entrar se toparon con que allí dentro funcionaban cinco prostíbulos.

“Los niños corren mucho peligro, pedimos el cierre de los lenocinios. No lo han abierto de la noche a la mañana, ya lleva un buen tiempo funcionando. Nos dimos cuenta porque repartieron fichas a los jóvenes del colegio”, dijo una de las madres.

El problema no son ellas

“Psss, psss ¿Quieres trabajar? No es sólo para pieza, depende de cuánto quieras ganar”, dice un hombre mientras trata de llamar la atención haciendo ruidos, como quien llama a un perro o un gato. Tal vez porque en su mente las mujeres no tienen el estatus de una persona.

“Eso se ha convertido en algo recurrente. No sólo están los hombres que buscan sexo y abordan a las mujeres, sino los que tratan de captar a las jovencitas que pasan por acá o a aquellas mujeres que se ven obligadas a entrar en este trabajo. Las reclutan para explotarlas”, afirma una madre de familia del Colegio 12 de Octubre, que junto al coliseo y al polideportivo colinda con la zona rosa.

El 8 de julio pasado, la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (Felcc) intervino un lenocinio de la Franco Valle. Según el reporte policial, la dueña del local retenía contra su voluntad a mujeres menores de edad a quienes les otorgaba cédulas de identidad para hacerlas pasar por personas mayores.

La Policía logró dar con este ambiente, tras la denuncia de una adolescente de 17 años que fue reportada como desaparecida en junio. La muchacha se encontraba en dicho lenocinio contra su voluntad.

Tras la denuncia de la víctima, se logró conseguir una orden de allanamiento, con la que la Policía intervino el lugar. Se aprehendió a cinco personas que trabajaban en ese lugar. No se logró dar con la propietaria.

“Tenemos como cinco colegios entre fiscales y particulares, además de institutos y universidades. Las jóvenes pasan por este lugar y ahí ya tenemos problemas”, reclama Mamani.

Aclara que el problema no es con las trabajadoras sexuales, que hace un año se comprometieron a trabajar sólo en horario nocturno y dentro de los lenocinios. El conflicto, para él, es con la inseguridad que estos establecimientos generan.

“Todos tenemos derecho al trabajo, el problema no es tanto ellas, sino las personas que son atraídas por esta actividad. Son hombres en estado de ebriedad y que atacan a las mujeres”, insiste Mamani.

“Por esa falta de seguridad y control, incluso nosotras corremos riesgo”, dice una trabajadora sexual que espera por un cliente. “En diciembre un hombre abordó a una compañera. Le insistió y cuando acordaron el precio, se fueron a un alojamiento. Allí la apuñaló”, cuenta.

Una hora en la zona rosa

En casi una hora de transitar por el lugar, se pudo verificar la presencia de hombres que sin pudor alguno buscan favores sexuales de las mujeres que ven pasar. En menos de una hora, cuatro ofertas demostraron el riesgo para quienes viven o simplemente pasan por ahí. En ese tiempo no se vio ni a un solo policía realizando un control de la zona, aunque su presencia tampoco garantiza la protección y seguridad.

“Una vez me quejé a unos policías que hacían la ronda. No me ayudaron, prácticamente me dijeron que yo, al pasar por esa calle para ir a mi trabajo, estaba provocando a los hombres. Que si no quería que me molesten debía dar la vuelta”, relata una empleada de las tiendas de material de construcción.

Las trabajadoras sexuales no tienen mejor suerte. Cuando hay operativos, ellas son detenidas y hasta extorsionadas, mientras que ellos, los clientes, son liberados de toda responsabilidad.

Al salir de la 12 de Octubre se siente que la calma vuelve al cuerpo. Pero queda como un eco la desagradable sensación de inseguridad. Queda la certeza de que en estas áreas no hay un buen control y que el delito se pasea como si nada.

En 2007 hubo fuego en la zona rosa

“Hace unos 10 o 12 años, todo esto ardió en fuego. Los vecinos ya han quemado los locales una vez. Muebles, ventanas, todo han roto”, cuenta la propietaria de una tienda en la Jorge Carrasco, de la zona 12 de Octubre.

No recuerda la fecha exacta, pero no es difícil encontrar los registros en los archivos de la prensa. El hecho fue parte de una de las protestas por seguridad ciudadana más grandes de El Alto.

Al mediodía del 16 de octubre de 2007, una turba de más de centenares de personas tomaron por asalto más de 21 infraestructuras de las avenidas Franco Valle y Jorge Carrasco, desde la calle 4 hasta la 10 de la populosa zona 12 de Octubre, en las que funcionaban bares, alojamientos y lenocinios.

Sacaron a las calles sillas, colchones, mesas, equipos de sonido y les prendieron fuego. No se trataba de una protesta aislada, sino parte de una cadena de manifestaciones que noche antes empezó en Ríos Seco y, tras la quema de la 12 de Octubre, siguió en Villa Dolores y la Ceja misma.

La movilización empezó ante una alta ola de asaltos, asesinatos y desaparición de niñas y jóvenes en estas zonas. Cansados de la desatención de las autoridades, los vecinos decidieron tomar acciones por mano propia.

Pero toda acción tiene una reacción. De inmediato salieron las trabajadoras sexuales a exigir la reposición de sus lugares de trabajo, develando así una realidad de mujeres sumidas en la pobreza y de otras muchas que eran víctimas de explotación sexual.

Entonces se habló de trasladar los lenocinios, lejos de los centros residenciales o comerciales. Fue parte de uno de los acuerdos para pacificar las movilizaciones.

A la fecha, esta medida continúa siendo un anuncio de un proyecto que retoma cada nuevo alcalde. “El problema no son los prostíbulos, sino que están en zonas educativas y habitacionales, sin ninguna regulación que garantice la seguridad”, dice la vecina.

Fuente: Pagina Siete

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