ONU Hábitat: Se necesita un censo de calidad para planificar la urbanización

“Es una oportunidad demasiado importante como para errar el tiro”, manifestó el representante de ONU Hábitat Bolivia, Sergio Blanco, sobre la necesidad de contar con un censo oportuno en el país. Advirtió que la información que se obtenga es clave para el proceso urbanización en los últimos años. “Se debe avanzar en el tema más rápido que tarde, pero con garantías de calidad”, dijo.

En entrevista con Página Siete advirtió que Bolivia está en un proceso de urbanización acelerada, en la que empiezan a asomarse a las ciudades los riesgos de la formación de periferias segregadas y empobrecidas. Sostuvo que los primeros efectos ya son visibles en la pérdida de suelos productivos, en la expansión innecesaria de las manchas urbanas y en la dificultad para dotar de servicios básicos.

Desde hace algunos años, distintos niveles de Gobierno, junto a ONU Hábitat, trabajan en estas temáticas. Muchos de los resultados fueron presentados durante el Octubre Urbano, que en Bolivia tuvo más de 50 actividades en todo el país.

“En Bolivia es el quinto año que lo celebramos. Este año lo hacemos de manera más decidida y con la satisfacción de presentar los avances que tuvo el país”, manifestó Blanco.

¿Cuál es la situación de la urbanización en Bolivia?

Bolivia está en ese proceso, en los últimos años, de manera acelerada. Entró en ritmo un poco más tarde que otros países de la región, que ya han alcanzado un 90% a 95% de población urbana.

En Bolivia, el censo de 2012 arrojó que dos de cada tres bolivianos y bolivianas viven en ciudades. La proyección para 2030 es que sean cuatro de cinco.

En 2018, tras participar en la Conferencia del Hábitat 2016, el Gobierno nacional decidió que se necesitaba dotarse de una política nacional para abordar este tema de urbanización.

Tomó la decisión entendiendo que, si bien el país tenía una deuda casi histórica con el mundo rural (por el rezago en desarrollo y los niveles de pobreza), la población que vive en las ciudades requería una mirada a cómo se gestiona ese desarrollo.

Si uno deja que este proceso se dé espontáneamente, se genera una serie de dificultades que luego son mucho más difíciles de resolver. Conocemos casos de países vecinos donde hay villas miseria, pueblos nuevos, situaciones de segregación espacial y de pobreza crónica en áreas urbanas.

Pero también es parte de la necesidad de aportar una mirada complementaria a las políticas sectoriales y que permita entender el desarrollo territorial de manera integral.

Siempre comparo los territorios con un reloj, suena un poco infantil, pero es lo cierto. En un reloj usted puede tener todos los engranajes y piezas, pero, si no están bien ubicadas y bien estructurados, ese reloj no camina. Un poco de eso pasa con las políticas sectoriales de los territorios y ciudades. Lo observamos sin darnos cuenta: en las congestiones vehiculares, en las dificultades para sacar adelante algunas actividades, etc.

La Política Nacional de Desarrollo Integral de Ciudades (Pndic), como se denominó en Bolivia, pretende aportar esa mirada estratégica institucional y financiera. Busca que en los gobiernos municipales, responsables de la gestión de las ciudades, puedan asumir de mejor manera ese rol.

En Bolivia hay un escenario muy difícil para la gobernanza y coordinación entre niveles de Estado, ¿cuánto afecta a esta mirada integral?

Sí y hay desafíos muy grandes. Pero también hay avances y es importante destacarlo. Lo primero es que ya hay una Pndic elaborada en un proceso muy amplio, participativo y plural. Se hizo en todos los departamentos del país, lo que garantiza su legitimidad y validez. Además, está incorporada en el PDS 2025, lo que significa un compromiso del Estado. Está en vías de aprobación legal, un proceso que lleva tiempo.

El Ministerio de Obras Públicas y el Viceministerio de Vivienda y Urbanismo están trabajando en la implementación. También hemos trabajado con algunos ministerios que inciden en las áreas urbanas, para que estas políticas sectoriales tengan un mejor anclaje con lo que ocurre en los territorios.

Lo mismo ocurre con las alcaldías porque el que dirige un poco ese ordenamiento territorial y urbano es el municipio.

Por supuesto que todavía hay retos, como la necesidad de aprobar la Pndic lo más pronto posible y armar todo el entramado institucional que permitirá la coordinación entre los distintos niveles de Gobierno.

A nivel local hay una veintena de municipios que han elaborado sus agendas urbanas locales. Ya están marcando el horizonte hacia dónde quieren crecer. Algunos ya lo han hecho, han articulado estas agenda con su PTDI y POA y ahora están avanzando en operacionalizar esa visión de desarrollo.

Otros están trabajando en sus planes de ordenamiento territorial, están reforzando sus temas de catastro o los temas normativos, financieros, de equipamiento y de servicios. Va tomando forma progresivamente.

Estos 20 municipios, ¿son del eje troncal?

No, son municipios por todo el país. Son grandes, chicos, medianos, de áreas metropolitanas, fronterizos, de todos lados.

En nuestros análisis para la formulación de la Pndic, identificamos 64 los municipios que conforman el sistema de ciudades del país. Nos hemos acercado a todos ellos, pero esta veintena se comprometió porque entendieron que esto eso es algo muy importante para ellos.

Las capitales del país, salvo Oruro, ya tenían sus propios planes de desarrollo. Lo que hemos elaborado en estos casos son informes voluntarios de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para medir cómo las grandes capitales avanzaron en las 169 metas de los 17 objetivos de la agenda 2030. Las capitales se están sumando a un programa que se llama ODS Ciudades, que lo que permite es establecer una ruta crítica para avanzar en el cumplimiento al 2030.

En este contexto, ¿qué tan importante es el censo?

Por supuesto que muy importante, la información es clave para tomar decisiones. Mucha de la información que hemos utilizado para elaborar todos estos trabajos es relativamente antigua, data del censo anterior. Hemos tenido la posibilidad de contar con información más reciente, pero esta fue producida por los sectores o los propios municipios.

La información, cuanto más actualizada y precisa, es mejor, porque permite tomar decisiones más informadas. Pero no quiero decir que uno necesite tener toda la información para tomar decisiones. Ese caso nunca ocurre; es una situación ideal, pero falsa. Uno tiene que utilizar la información que tiene, es mejor tener poca información y antigua que no tener ninguna.

El censo es una herramienta fundamental. En ese marco tuvimos la oportunidad de contribuir con algunas propuestas para que el próximo censo responda mejor a las necesidades de información que plantea la política urbana.

Es un tema en el que se tiene que avanzar, esperamos más rápido que tarde, pero que también necesita tener las garantías de calidad. Es una oportunidad demasiado importante como para errar el tiro.

A los alcaldes les preocupa que la gente se traslade a sus regiones de origen para censarse, además de la pregunta sobre el lugar de residencia. ¿Qué tan importante es esto?

Este es una tema antiguo, o de siempre, el dónde quiere censarse la gente. Desde mi punto de vista y teniendo en cuenta las repercusiones que tiene la información del censo a la hora de repartir los recursos del Estado, cualquier ciudadano o ciudadana debe procurar censarse allá donde vive. Eso es lo que va a asegurar que los recursos que necesitan para satisfacer sus necesidades lleguen a los municipios o gobernaciones de los territorios donde residen.

Pero quiero insistir en algo más y creo que es importante. El ejemplo de las ciudades como una gran familia; siento que a veces esperamos de que sea el tío lejano que nos mande la plata para arreglar la casa, cuando en realidad en nuestras familias nos preocupamos, primero nosotros, con lo que tenemos para resolver nuestras necesidades. Si viene algo de afuera, es una yapita.

Las ciudades y los municipios, puesto que están creciendo, tienen un empuje y una fortaleza económica que atrae a la población, por lo que deben buscar los medios para que los miembros de esta gran familia también podamos aportar a ese proyecto.

Resulta a veces paradójico ver cómo exigimos, pero sin contribuir. En ese sentido estamos trabajando con municipios y asociaciones municipales para dotarles de mejores capacidades de generación de recursos propios que les permitan asistir a la resolución de las necesidades que la ciudad tienen.

¿Cuál es la tendencia de urbanización en el país? La gente parece migrar al oriente…

La migración es compleja, hay toda una serie de flujos. Si uno mira solamente por departamento, efectivamente se ve un mayor flujo hacia el oriente, a Santa Cruz seguramente. Pero dentro de los propios departamentos hay una migración del campo a las ciudades.

En el departamento pueden estar perdiendo población, pero lo cierto es que las ciudades siguen creciendo por la migración rural. También hay flujo de las ciudades intermedias a las grandes y ahí, por supuesto, las del eje son las que se llevan la mayor parte.

El Alto, por ejemplo, está creciendo a una velocidad acelerada. Lo mismo pasa con municipios de regiones metropolitanas, como Sacaba en Cochabamba o Warnes en Santa Cruz, que es el campeón del crecimiento.

A los municipios les cuesta correr detrás de este crecimiento porque es un crecimiento expansivo de baja densidad. Desde el punto de vista financiero es casi imposible llegar con los servicios cuando uno tiene una casa aquí y otra más allá.

Precisamente el gran reto para los municipios es poder manejar este proceso, para que se haga de forma ordenada y planificada, para que los servicios lleguen y se genere un tejido urbano realmente productivo.

Si miramos algunas de las periferias de las ciudades y cómo están creciendo, vemos que los servicios no llegan y si lo hacen es muy costoso. Pagan por el agua, más caro que en el centro, porque la compran por cisterna. Pero además se complica el acceso a oportunidades de empleo, educación o salud.

No son esos tejidos urbanos los que queremos para el futuro. Necesitamos espacios productivos no sólo desde el punto de vista económico, sino también social y cultural. Esa es la razón de las ciudades, ser un caldo de cultivo para que las personas y las comunidades florezcamos y nos desarrollemos plenamente.

Es necesario otorgar y respetar la institucionalidad, hemos elegido a autoridades que tienen el mandato y necesitamos fortalecer esa gobernanza colectiva. Siempre comparo las ciudades con una casa en la que vive una gran familia, el alcalde o alcaldesa es el o la jefa, pero cuando hay algo que resolver todos nos sentamos a la mesa para decidir qué vamos a hacer. Vemos cuál es el problema y cómo resolverlos entre todos, quién puede contribuir, quién tiene plata, quién tiene el conocimiento, quién puede ayudar.

Eso un poco la gobernanza que necesitamos en las ciudades, para asegurar que el miembro más débil de la familia no se vea relegado de las oportunidades. Nada une más que soñar juntos.

¿Este proceso de urbanización desordenada no genera una brecha mayor con el área rural?

Efectivamente hay una atracción a la población rural, sobre todo a la joven; seguramente por las oportunidades de educación, de empleo y de futuro, que no siempre están garantizadas en las zonas rurales. Pero tampoco es que las ciudades reciban esta migración de brazos abiertos, con alfombra roja y dándoles las condiciones. Por el contrario, llegan a estas periferias donde se están generando espacios de segregación espacial y social, los que se ceban –particularmente– en las familias más pobres.

Se expulsa a esta población hacia lugares de la ciudad donde prácticamente no hay nada, donde todo es muy costoso.

Si bien es cierto que las tasas de pobreza porcentualmente son más altas en el mundo rural, en número y en volumen la cantidad de pobreza es más importante en las ciudades. La tendencia en la reducción de la pobreza extrema no ha mostrado un descenso en las ciudades, pero sí en el campo.

Debemos romper esa dicotomía entre lo urbano y lo rural. Si bien es cierto que la información estadística que nos llega hace esa diferenciación y esos son los datos que leemos, si uno piensa en donde vive, resulta que esa separación no es tan real. Los alimentos que comemos vienen de Achocalla, del agua de la cordillera. Las relaciones comerciales con las zonas rurales son mucho más cercanas.

La vinculación existe y hay que comprender que es en esa interdependencia en la que debemos encontrar el equilibrio para que la ciudad no se coma al campo, se pierdan las áreas productivas o se ponga en entredicho nuestras fuentes de agua. De otra manera, ¿qué vamos a comer en unos años?. Más allá de pensar en grandes ciudades, debemos pensar en ciudades intermedias y chiquitas para que estas sean una red de servicios y mercados en la que el área rural tenga nivel de vida y oportunidades.

En este cambio de la vocación de los suelos, ¿cuánto se está perdiendo?

Las manchas urbanas crecen muchísimo más rápido que la población y por ello la densidad poblacional es muy baja. Esto quiere decir que ese suelo rural, a veces rico y muy productivo, está siendo urbanizado y extraído a la capacidad productiva del país. Eso sin responder necesariamente a una necesidad habitacional.

Por el contrario, ese crecimiento deja grandes vacíos. Hay lotes ociosos por todas partes. Esto se debe a la especulación sobre el suelo. Las familias encuentran en un lote un refugio del ahorro, la seguridad para el día de mañana. Pueden ganar dos veces o lo que incremente su valor, sin responder a una necesidad habitacional.

Eso es responsabilidad del Estado, en sus distintos niveles de gobierno; manejar adecuadamente el proceso, porque estamos poniendo en entredicho la sostenibilidad de nuestros sistemas alimentarios.

¿Cuánto más podremos soportar una urbanización improvisada sin quedarnos sin recursos?

No son procesos tan lineales que pongan una fecha exacta, tienen picos que luego se reducen, pero los observamos –en los últimos años– de manera regular. Cada vez que hay un desastre, una mazamorra, un deslizamiento, una crisis de agua o una inundación, es un pico que nos advierte que algo no está bien.

La muestra es que cada vez es más difícil y costoso poner infraestructura para traer agua a ciertas zonas. O las dificultades que tienen los propios productores a la hora de vender sus productos los empuja a migrar a las ciudades.

Hicimos un estudio junto a la Fundación Alternativas sobre los sistemas alimentarios de la Región Metropolitana de La Paz. Uno pensaría que teniendo dos millones de clientes en su puerta, a los agricultores de la región les iría muy bien, pero no. Al contrario.

No es que no produzcan, es que la cadena, desde la producción hasta el consumo, es muy enrevesada, complicada y llena de trabas. Así viven en una situación casi de pobreza. Es evidente que es necesario una reconducción de a dónde está yendo la urbanización.

Si nos miramos en el espejo de los países vecinos que ya pasaron por un proceso similar al que vive Bolivia, vemos esos barrios de pobreza en las periferias urbanas. En Bolivia todavía no existen, pero empiezan a asomarse entre condiciones de enorme precariedad.
HOJA DE VIDA
Formación. Es arquitecto y urbanista con más de 20 años de experiencia en cooperación internacional, en posiciones técnicas y gerenciales.
ONU. Se unió a ONU-Hábitat en 2012 en su oficina en Haití, donde fue Representante País con responsabilidad en la República Dominicana.
Censo es un tema en el que se tiene que avanzar, esperamos más rápido que tarde, pero que también necesita garantías de calidad”.
Desde hace unos años, los habitantes de las ciudades superan a los del campo. Es un proceso que necesita una gestión adecuada.
La tendencia de la reducción de la pobreza extrema no ha mostrado un descenso en las ciudades, pero sí lo hizo en el campo”.

Fuente: Pagina Siete

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