Preservar los nombres indígenas, el reto en Bolivia ante la globalización

Bolivia se ha propuesto revalorizar los nombres indígenas, en especial los provenientes de los idiomas aimara, quechua y guaraní en los que abunda el significado, una tarea que se contrapone a la intención cada vez más creciente de recurrir a referencias extranjeras o personajes de moda.

Parte del dilema está en que Bolivia, con más de 11 millones de habitantes, tiene alrededor de la mitad de su población identificada como indígena y ha atravesado en los últimos años procesos culturales de autoafirmación al mismo tiempo que la globalización, los medios y el internet han instituido modelos alternos.

Esa tensión llega también a los nombres de los recién nacidos, entre los que pueden coexistir los llamados Messi o Neymar junto a los Amaru o Túpac, y ante lo cual han surgido iniciativas como el «Catálogo de Nombres» que buscan la preservación de la identidad local.

Por moda o euforia

Muchas personas «colocan nombres de jugadores, dependiendo de la época, de películas, de novelas y, obviamente, cuando el niño va creciendo esos datos (personales) no les gustan», dijo a Efe el director del Servicio de Registro Cívico de La Paz (Serecí), Jesús Gómez.

El funcionario mencionó que ha sabido de casos en los que algunos padres han elegido nombres para sus hijos como Ricky Martin o Rey León, Neymar o Messi, aunque en este último caso la escritura varía a Mexi o Mezi, dependiendo de cómo lo entienden.

A juicio de Gómez, se trata de un fenómeno que se da de «manera general» y que no es propio del área rural sino que también se produce en sectores urbanos, ya que las designaciones llegan al calor de la euforia por ciertas aficiones.

Ante esto algunos Serecí han difundido catálogos con nombres en aimara, quechua y guaraní, tres de las 36 culturas reconocidas en Bolivia, para que los padres los consideren sin que eso implique una obligación, dijo Gómez.

Catálogo de nombres

El Órgano Electoral boliviano publicó a fines de 2018 el «Catálogo de Nombres», una guía que busca explicar y armonizar la escritura y pronunciación de más de 3.000 nombres indígenas y cuya difusión fue interrumpida por la crisis de 2019 y la pandemia, pero nuevamente retomada.

En el catálogo se destacan algunos nombres en aimara como Aruni (que tiene palabra) o Mujsa (dulce) para mujeres, Illapa (poder de rayo) o Inti (sol) para hombres, mientras que en quechua aparecen los femeninos Antawara (atardecer) o Waylla (hierba verde) y los masculinos Raymi (fiesta) o Sumaq (hermoso).

En guaraní se encuentran Arasai (que no renuncia a su cultura) o Mimbi (que tiene sabiduría) para mujeres y Arakae (el que perdura) o Avaguasu (fornido) para varones.

En declaraciones a Efe, el antropólogo guaraní Elías Caurey mencionó, por ejemplo, que en esa cultura el nombre «no es algo que se elegía al azar» sino que «va muy ligado a la esencia» de la persona y que en «otros tiempos», inclusive, era algo que se debía cambiar cuando «no se hacía el mérito» de llevarlo honrosamente.

En cambio, el sociólogo aimara Pablo Mamani consideró que hace falta «una política a nivel de Gobierno» para dar valor a los nominativos originarios ante lo que consideró «un giro racista» que estigmatiza ciertos nombres.

Los nombres como contrasentido

Mamani dijo a Efe que ceñirse a la moda exterior se debe a la necesidad de proyectar una imagen de modernidad y así «tener las posibilidades de disputar con el otro espacios de poder», aunque aclaró que eso no cambia la condición social, al ser una expresión de una «colonización pesada».

El experto recordó que la asignación de nombres ha tenido varias etapas, como en las décadas de 1960 o 1970 en las que apellidos nativos como Perqa, Mamani o Colque se castellanizaron a Paredes, Aguilar o Plata, respectivamente, para lograr aceptación.

Con el tiempo hubo un proceso de autoafirmación y en el último periodo muchos políticos y dirigentes han optado por poner a sus descendientes «nombres subversivos», aunque también las «parejas jóvenes» prefieren usar apelativos asiáticos o anglosajones por el influjo de las redes sociales, mencionó.

Para Caurey, en la cultura guaraní se ha dado el fenómeno de «combinar nombres» como una forma de evitar hechos de acoso o discriminación, presentando uno al «exterior», que puede ser españolizado o inglés, y otro en guaraní, que se utiliza en la comunidad.

«Es bueno que nos globalicemos nosotros con nuestra identidad antes de que nos globalicen», dijo este experto en el sentido de aprovechar la nueva posibilidad de identidad que dan las plataformas digitales.

Fuente: Pagina Siete

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