Shirley Franco, irreverente y lista para “el arte de la guerra”

Es bailarina, buen diente e irreverente. Tiene 32 años y no poca experiencia política. Fue concejala municipal de Cochabamba, diputada nacional, jefa de bancada de la oposición y ahora postula a la vicepresidencia por Bolivia dice No, junto a Óscar Ortiz.

Dice haber leído muchos libros de política -cómo no, si es politóloga- pero su favorito es El arte de la guerra de Sun Tzu. Y, aunque su texto de cabecera recomienda llegar primero para no agotarse en la batalla, ella fue la última en sumarse a la campaña de Óscar Ortiz, luego de la renuncia de Edwin Rodríguez.

Pero Shirley Franco no parece agotarse. Amanece en una ciudad y anochece en otra. Vestida de rojo y con unas sandalias de plataforma recorre plazas, casas de campaña, medios de comunicación. Está contra el tiempo, pero no por eso pierde el optimismo de llegar a la segunda vuelta.

Franco nació y creció en una familia de clase media. Sus padres hicieron estudiar a sus cuatro hijos con el negocio de una librería y fotocopiadora en Cochabamba. Además de estudiar ciencias políticas en la Universidad de San Simón, tiene tres posgrados: uno en municipalismo en la universidad de Salamanca, otro en gerencia política en la Universidad del Valle y un tercero en transformación política en Idea Internacional.

Y, entre tarea y tarea, Shirley disfrutó, como cualquier otra chica de su edad, de la música y del baile. Le gusta el rock latino y es fan de la banda mexicana Zoé. Y, cuando ingresó en la política, empezó su afición por la danza folklórica. Ya aprendió la cueca, los caporales y el tinku, y ahora está practicando salay.

La candidata está casada desde hace tres años con Franco Moreno Aranciaga, con quien tiene planes de ampliar la familia.

El esposo de Franco es cocinero, así que, entre broma y broma, ella dice que la conquistó con sus platillos. Esta joven política se considera de buen diente. Su plato favorito es el silpancho, aunque también le encanta el trancapecho, el habas pejtu y el conejo. Y para endulzar la vida, el chocolate.

Aunque ella no quisiera hablar de su vida privada, el esposo entra en la charla para aclarar “el ataque” lanzado por el vicepresidente Álvaro García Linera en 2016, en sentido que tuvo una relación con el hermano de Gabriela Zapata, la exnovia de Evo Morales. Ella desmiente esa versión y dice que su relación con su compañero data de hace seis años. Fue también en 2016 que Franco calificó a Morales de “poco hombre” porque él había dicho que quería recoger a su hijo “como si fuera un mueble”.

El esposo vuelve a salir en la charla cuando se le consulta sobre su labor en el Legislativo. Cuenta que presentó proyectos de ley enfocados a la salud, entre ellos, uno para la atención de las personas con diabetes tipo 1 y 2.

Habla del tema con el conocimiento de quien vive la enfermedad muy de cerca y la pregunta es inevitable: ¿por qué? Le brillan los ojos y cuenta que su esposo adquirió diabetes juvenil y que es insulinodependiente. Afirma que todos los bolivianos debemos tener a algún familiar o conocido que sufre esta enfermedad y que por tanto sabemos que la pasan muy mal porque los seguros no les cubren la insulina.

Siendo diputada también presentó un proyecto para el tratamiento del cáncer de cuello uterino que al año se lleva la vida de 700 mujeres en Bolivia.

Y tal vez el más mediático de todos fue su proyecto de ley para sancionar el acoso callejero que pasa inadvertido como si de un piropo se tratara. Este es el único proyecto que se aprobó dentro del Código Penal, pero luego las reformas del Código fueron abrogadas. Pese a eso, Franco se siente conforme porque dice que logró instalar el debate sobre este problema que afecta más a las niñas que a las mujeres.

Las mujeres y la democracia están entre sus causas. Y, por eso al abrir su cuenta de Twitter no es raro encontrarse con el siguiente tuit: “Nunca se entra por la violencia dentro de un corazón. Si te lastima, te insulta o te amenaza NO TE QUIERE. Déjalo, hermana, yo te voy a apoyar. Y dejaré este tweet fijado para que lo tengas siempre presente. No estás sola. #NiUnaMenos”.

De UN a Bolivia Dice No

Si de ideologías se trata, Franco se define como liberal, pero muy afín a la democracia social y creyente de los tres principios de la revolución francesa: igualdad, libertad y fraternidad.

Nació la vida partidaria en 2009 en Unidad Nacional, cuando postuló como suplente a una diputación. No salió electa y al año siguiente fue elegida concejala municipal por la misma sigla. Luego, en 2014 renunció al cargo de concejala y se habilitó como candidata a diputada por Cochabamba, en la alianza de Unidad Nacional y Demócratas.

Ella asegura que al quedarse con Bolivia dice No está apostando a la unidad. “Entiendo que Unidad Nacional ha tomado la decisión, bueno no puedo decir Unidad Nacional, sino que Samuel Doria Medina tomó la decisión de desligarse y romper esta unidad”. Comenta que ella y otros cuadros del partido se enteraron por los medios y que no fueron consultados para la ruptura, con la que obviamente no están de acuerdo.

Es más, aprovecha la ocasión para acusar a Amilcar Barral, de quien dice que es el vocero de Unidad Nacional, de haberla hostigado cuando se estaba eligiendo a la jefatura de bancada. Con lo que deja dicho que ya no se sentía cómoda en su partido.

Shirley Franco lleva 10 años en la política, pero seguramente nunca han hablado tanto de ella como la última semana, luego de que, en el único debate electoral que hubo hasta ahora, le dijo al vicepresidente Álvaro García Linera que no hablaría de números con él porque no sabe sumar, sino sólo restar y dividir a los bolivianos. Los críticos y opositores al Gobierno estallaron de júbilo por el atrevimiento. Mientras recuerda, ríe y dice que, en su criterio, será el primer y último debate porque cree que el MAS no se animará a otro.

Franco se considera una persona “bien irreverente, bien dura, bien contestataria”. Dice que asume la disciplina partidaria, mientras haya democracia.

Sun Tzu, el general chino que escribió el célebre libro hace unos 2.500 años, asegura que el arte de la guerra se basa en el engaño. Shirley Franco, sin embargo, asegura que detesta la mentira. Aunque, viendo matices, el engaño puede ser una estrategia política y la mentira una simple vileza.

Shirley Franco aún no sabe qué tan lejos quiere llegar en la política porque también apuesta a su proyecto familiar. Quiere hijos y seguramente cuando lleguen Sun Tzu será de poca utilidad. Mientras tanto, le sirve para estar preparada para el arte de la guerra electoral.

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