COVID-19: paciente denuncia que perdió a su esposa tras 24 días de horror en Cochabamba

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Elizabeth, de 54 años, murió por coronavirus. El SEDES informó que la prueba dio negativo, sin embargo, el certificado de defunción de una clínica privada dice lo contrario. Ella y su esposo, que también tiene el virus, estaban confinados en su casa. Se debilitaron esperando atención.

Iván no soporta recordar. Su esposa, Elizabeth, falleció hace cinco días después de pasar 24 jornadas de horror. Solo atina a decir: “Hemos sufrido mucho. He perdido a mi esposa. No queremos que otra familia boliviana pase lo que hemos pasado”.

Cuenta apenas lo sucedido. Su pareja de toda la vida fue víctima de COVID-19, pero sobre todo del abandono de las autoridades, de la dejadez y de la falta de un tratamiento oportuno.

En la voz de Iván, que también es positivo por coronavirus, hay impotencia y se quiebra. No sabe qué camino tomará. “En este momento me estoy recuperando y utilizo mis pocas energías para eso”, dice.

“Que atiendan en su tiempo”, “el SEDES ha sacado negativo a mi esposa y mi resultado no hay”, “si uno llama y dice que está mal, el SEDES debe atender a quien busca ayuda”, “si usted pregunta al SEDES le van a ocultar todo, no han querido dar ningún dato sobre nosotros”. Estas son algunas de las frases casi desesperadas del paciente. 

El caso de Elizabeth e Iván salió a la luz por el desgarrador relato de Claudia Patricia Andrade Irusta, una amiga de la familia. 

Claudia posteó un mensaje de denuncia, de lamento, de rabia, en su cuenta de Facebook el 17 de abril a las 23:00 horas.

Un día antes, su amiga Elizabeth murió en medio de convulsiones y un paro cardíaco, devorada por el virus que las autoridades sanitarias no supieron detectar a tiempo, menos tratarla en 24 días, desde el 23 de marzo hasta el 16 de abril.

Claudia es actriz, productora de teatro y abogada. Vive en La Paz y fue entrevistada por el psicólogo Rodrigo Ayo en un programa en vivo en la misma red social. Su relato se asemeja a una historia de terror. Está convencida de que “la realidad supera la ficción”. 

“En 1983 tuve la suerte, el privilegio, de conocer a un gran ser humano como es Elizabeth, hija de padre extranjero con madre boliviana, de una familia numerosa. Es una de mis mejores amigas. Siempre iba al teatro a verme cuando el elenco llegaba a Cochabamba. Sus hijos son médicos y se especializan en Santiago de Chile.
Iván, el esposo, tiene una tienda de calefones y hace servicio de instalación y mantenimiento a domicilio», indicó Andrade.

Explicó que Iván recibió una llamada para prestar sus servicios en una casa. Él solucionó el problema, pero al salir, una empleada le dijo: ‘Ahora la señorita que llegó de Italia podrá usar la ducha’. Se quedó sin poder reaccionar ni creer que nadie le hubiera alertado.

Supone que fue en esa casa que se contagió. Solo pudo ser en esa oportunidad, señala Andrsde, o quizá en una feria cuando compró los últimos encargos para la cuarentena por la pandemia del coronavirus.

El 23 de marzo, Iván y Elizabeth empiezan a tener síntomas de un muy fuerte resfrío. Sin saberlo, la esposa presenta los síntomas del coronavirus: 39 grados de temperatura y dolor de cabeza que no pasaba con nada. Llama a sus hijos y le recetan un antibiótico, pero no había mejora.

Entonces, llaman a los teléfonos que el SEDES había habilitado, pero nadie contesta.

Cuando finalmente logran ser atendidos por una médica, ésta les da largas y promete ir a verlos. «Hoy no se pudo, será mañana», «no hay personal, tal vez pasado», *tuvimos otras cosas que hacer», son las excusas. Así pasan siete días con promesas de atención.

Según el relato de Andrade, el día 7 el SEDES asigna a una doctora del centro de salud más cercano a su domicilio. Ella les dice que mantengan la medicación que los hijos les habían dado y suman otros fármacos. 

Reciben la orden de confinarse cada uno en habitaciones distintas.

La médica promete que les tomarán las pruebas para coronavirus, pero pasan los días y el personal no llega. Al quinto día de la visita, sacan las muestras, pero luego resulta que las extravían.

La extracción de muestras es muy dolorosa y lo hacen con mucha dificultad. Toman una de garganta y otra de sangre. «Ha ido gente inoperante. Tardan en dar resultados. Iván insiste y finalmente le dicen que la prueba de su esposa salió negativa. Cuando Iván pregunta sobre el resultado de su análisis le dicen: ‘Ehh? Usted es positivo. Es que se han extraviado las pruebas.
Nosotros vamos a ir a tomarle otra muestra. Ustedes no salgan. Les estamos vigilando, no pueden salir, manténganse en casa’, ese era el mensaje que recibían por el teléfono», cuenta la amiga.

La salud de Elizabeth se agrava. Pierde la voz. Ante esa situación, el esposo toma la decisión de ir a la clínica más cercana, que era Los Olivos. La ayuda a vestirse y cuando llegan al hospital se internan los dos. La clínica está muy bien implementada y los medicaron. Utilizaron anticoagulantes y mejoraron ambos.

Pero se esperó tanto tiempo y la salud de Elizabeth ya estaba seriamente afectada. Empezó a convulsionar. La entubaron e ingresó a terapia intensiva. Murió el 16 de abril a las 14:17. 
Iván también estaba delicado, pero se recuperó y le dieron alta. Ahora está en otro tipo de cuarentena en su domicilio.

«Lo que ha pasado ha sido una tortura. Era una persona de mucha fe. Hablé con ella cuando aún estaba bien y me decía: ‘Lo único que quiero es estar en las manos de Dios’», lamenta Andrade. 

Iván cuenta que nunca le enviaron ni por foto el resultado del laboratorio de su esposa. «Me indigna lo que ha pasado. No puede ser que las autoridades reaccionen de una forma tan indiferente y tan criminal. Reaccionen a destiempo y mal», afirma.

«¿Eso quiere decir que la gente se va a morir en su casa escuchando lo que las autoridades le recomiendan? ‘Quédate en casa’ nos dicen y no atienden los pedidos de auxilio. Es una tragedia, ella tenía 54 años, era una persona sana, pero la negligencia del SEDES le ha llevado hasta la muerte. Ha tenido dos convulsiones que han acabado con su vida», apunta Andrade. 

«¿Salvénse quién pueda es? Sé que mucha gente está confinada en casa y el SEDES jamás aparece. Ella estaba abandonada a su suerte.
Iván está demacrado. Las videos le muestran con unos seis kilos menos. Está sufriendo.
Cremaron a Elizabeth y solo queda una grabación de video de ese momento”, añade.

OPINIÓN consultó al representante de Vigilancia Epidemiológica del SEDES, Rubén Castillo, sobre este caso. Dijo que el mensaje que Claudia difundió por Facebook era falso e informó que el resultado de la prueba de Elizabeth salió negativo. Sin embargo, el certificado de defunción de Elizabeth dice: «Complicaciones positivo al coronavirus».

Opinión.com.bo