Secuelas en la salud que podrían traer los incendios forestales por la contaminación del aire

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Cada año las quemas afectan a los bosques del país, especialmente en el oriente. Los daños ambientales son graves e inciden en problemas cardiorrespiratorios y también pulmonares de los habitantes.

Los incendios que se producen en Bolivia anualmente y en diferentes magnitudes afectan al medioambiente, contaminan el aire y como consecuencia el humo que se desprende de la quema de árboles supone un riesgo para la salud.

A largo plazo esta contaminación de los incendios provoca y complica las siguientes enfermedades: asma bronquial, enfermedades cardiorrespiratorias (policitemias, tromboembolismo pulmonar, insuficiencia cardíaca, fibrosis pulmonar, enfisema pulmonar), atelectasia pulmonar, ardor en los ojos, rinorrea crónica, tos, faringitis, faringoamigdalitis, neumonías agudas o crónicas, enfermedad obstructiva crónica y cáncer de pulmón.

Según David Hughes, director médico del Instituto Australiano de Deportes, hay una ecuación matemática en la cual se establece que esa contaminación puede ser equivalente a fumar un cierto número de cigarrillos. Debido a la inhalación del aire, que se vuelve tóxico después de la quema de árboles, un sector de la población vulnerable por este tipo de contaminación sufre complicaciones de leves a graves de sus enfermedades de base, esto ocasiona principalmente problemas cardiorrespiratorios y pulmonares.

En el caso de las personas con hiperreactividad bronquial o asma bronquial, éstas tienen una condición crónica, la que conlleva periodos de exacerbaciones y remisión que a la larga minan la capacidad respiratoria de la persona. Se desencadena una serie de cuadros sintomáticos producida por los incendios forestales hasta detonar en una crisis aguda, ataques de asma o crisis asmática recurrente. Estos síntomas son: cansancio, tos, dificultad para respirar, ardor en los ojos, irritación en la garganta, rinorrea (moqueo), sibilancias pulmonares, dolor de pecho, latidos cardiacos acelerados y dolores de cabeza.

Los bosques bombean el oxígeno que se necesita para vivir y absorben el dióxido de carbono que exhala el ser humano. Se estima que un solo árbol maduro y frondoso produce un suministro diario de oxígeno que es vital para oxigenar entre dos y 10 personas. Cuando los recursos naturales empiezan a quemarse, en este caso las plantas, sueltan monóxido de carbono y dióxido de carbono (CO2). Este último es un producto tóxico que cuando el ser humano lo aspira afecta a la hemoglobina y en lugar de unirse al oxígeno se une al dióxido de carbono. Entonces comienzan los problemas respiratorios; cuanto más tiempo se inhale dióxido de carbono hay más probabilidades de sufrir disnea (sensación de falta de aire); este cuadro clínico puede llegar a ser fatal. Pero no sólo eso, también diferentes partes del aparato respiratorio corren el riesgo de inflamarse.

En el caso de los asmáticos y las personas con problemas cardiorrespiratorios éstos pueden empeorar pues la falta de aire agudiza las complicaciones en el sistema respiratorio y dificulta la hematosis pulmonar que realiza el ser humano (inspiración y espiración).

En el escenario de la deforestación por la quema de árboles, el aire es un elemento contaminado con el humo y esto ocasiona la presencia de más dióxido de carbono para respirar que el oxígeno que se necesita para vivir.

Según la EPA (Agencia de Protección Ambiental, de Estados Unidos) la mayor amenaza del humo de la deforestación proviene de las partículas finas. Estos microorganismos pueden afectar la salud de personas que no tengan enfermedad de base. Entran en los ojos y afectan a los sistemas respiratorio y cardiovascular.

Aparte, el humo de leña contiene muchos contaminantes nocivos para el ser humano; éstos son: benceno, formaldehído, acroleína e hidrocarburos aromáticos policlínicos.

El material particulado afecta a la contaminación en el mundo. Es un tema que ya es estudiado en el ámbito internacional; por ejemplo, la investigación del The Lancet Planetary Health, avalada por la Australian National Health and Medical Research Council, estableció que la exposición a la contaminación provocada por los incendios forestales produjo casi 33.500 muertes anuales. Además se deben sumar otras 7.000 muertes por causas cardiovasculares y 3.500 por complicaciones respiratorias.

Otro estudio, avalado por la Organización Mundial de la Salud, establece que la contaminación del aire es una de las mayores amenazas medioambientales para la salud. Se calcula que cada año la exposición a la contaminación del aire causa 7 millones de muertes prematuras. En los niños esto podría suponer una reducción de la talla, problemas en la función pulmonar, aumento de infecciones respiratorias y agravamiento del asma. En el caso de los adultos las quemas podrían derivar en cardiopatías isquémicas (cuando las arterias que suministran sangre al músculo del corazón se obstruyen) y accidentes cerebrovasculares. Ambas causas son las más comunes de muerte prematura atribuibles a la contaminación del aire. Hay otros efectos nocivos como la diabetes y las enfermedades neurodegenerativas.

Otra evaluación de 2013 realizada por el Centro Internacional de Investigaciones Sobre el Cáncer, de la Organización Mundial de la Salud, determinó que la contaminación del aire es dañina para el ser humano, además las partículas del aire contaminado están estrechamente relacionadas con la reciente incidencia del cáncer, especialmente el de pulmón.

Es importante entender que el fuego es apenas un indicio de un problema mayor que viene registrándose en la última década: la acelerada pérdida de bosques en el país.

Al respecto, Shanshan Li, de la Escuela de Salud Pública y Medicina Preventiva de la Universidad Monash afirma: “Los gobiernos también deben formular políticas para reducir los riesgos a la salud provenientes de estos humos, en particular acciones climáticas urgentes para reducir los incendios forestales”.

En el país existen leyes y decretos que apuntan a la quema de los bosques para la ampliación de áreas productivas. Esto hace que muchas veces comiencen los incendios a gran escala a partir de pequeñas quemas ocasionadas por la mano del hombre. En los últimos años, los agricultores bolivianos practican el chaqueo con el fin de preparar el terreno para la siguiente temporada de siembra. Esta actividad genera focos de calor que se han salido de control.

En Bolivia, en 2019 los incendios arrasaron unos seis millones de hectáreas, mientras que en el 2020 la cifra fue de cuatro millones. 2021 fue el tercer año consecutivo en el cual la deforestación por chaqueos arrasó los ecosistemas del Chaco, la Chiquitania, el Pantanal y la Amazonia. Hasta el 31 agosto la cifra de hectáreas quemadas se acercó al millón. Según el Inesad (Instituto de Estudios Avanzados en Desarrollo) Bolivia tiene una tasa de deforestación per cápita de 310 metros cuadrados por persona al año, superando de lejos al promedio mundial que es de nueve metros anualmente.

Según el mismo informe, las emisiones de carbono producto de esta deforestación (cerca de 14 unidades de dióxido de carbono por persona anualmente) equivalen al consumo de combustible de por lo menos cuatro vehículos por persona por año en Bolivia. Un estudio realizado por la Universidad de Maryland y publicado por Global Forest Watch, identifica a los 10 países con la mayor pérdida de bosques primarios durante 2019, en que el cuarto lugar es ocupado por Bolivia, debido a que perdió aproximadamente 290 mil hectáreas de bosques primarios.

Este escenario dio lugar a una pérdida ecológica devastadora y masiva. La consecuencia inmediata es la contaminación que afecta a la salud de los bolivianos en un futuro próximo. Después de todo, el aire que se respira es una fuente de vida.

Fuente: Pagina Siete