Voluntaria usa realidad virtual para ayudar a niños con cáncer

Cuando no tiene clases, Carolina Vargas se pone un mandil blanco y una nariz de payasito para visitar a los niños con cáncer del hospital público de La Paz. “¿Qué podrías hacer por ellos?”, le preguntaron una vez y ella respondió: “Haría cualquier cosa”. Esta interrogante fue el detonante de un proyecto: desarrollar un programa especial con lentes de realidad virtual para mitigar el dolor de los pequeños pacientes.

En su trabajo como voluntaria en el grupo Doctor Sonrisas, la joven aprendió que los niños con cáncer, al pasar mucho tiempo en el hospital, generan cierta hostilidad con los nosocomios; además tienen un comportamiento inhibido con su entorno.

“Cuando están en esa etapa es necesario el apoyo de su familia, ellos no deben olvidarse que deben ser felices. Al salir del hospital, después de a veces años de tratamiento, tienen fuertes secuelas, sienten aborrecimiento total al hospital, por todo lo que pasaron ahí”, dice desde su experiencia como voluntaria.
La joven, en el acto de premiación de los Falling Walls.
Foto: Cortesía Peter Ríos

Otro de los sucesos que fue vital para desarrollar su idea fue una anécdota del director del proyecto. “Una vez hemos puesto una pantalla enorme en la pared y hemos proyectado películas todo el día, los niños se olvidaron de todo, todos se impactaron quedaron anonadados”, dice.

A partir de ese suceso, ella empezó a desarrollar programas para lentes de realidad virtual que sean utilizados por los niños con cáncer. Los mismos ofrecen imágenes y videos que ayudan a mitigar el dolor de los pequeños pacientes, en algunos casos, hasta contribuyen a disminuir el uso de medicamentos fuertes.

“El voluntariado no sólo es hacer reír, nosotros vamos con el fundamento de activar cuatro neurotransmisores: la serotonina, la dopamina, la oxitocina y las endorfinas. Estos se activan por diferentes mecanismos”, dice Carolina. Explica que hay también neurotransmisores del dolor y si se exhiben pueden aliviar la sensación de dolor.

Los voluntarios acompañan a pacientes oncológicos.
Foto de facebook

Con este proyecto, Vargas ganó el segundo lugar en los premios Falling Walls Lab, organizado por el Servicio Alemán de Intercambio Académico (DAAD), la Embajada de Alemania en Bolivia y la Universidad Católica Boliviana (UCB).

Tiene 19 años y cursa el tercer año de Ingeniería Biomédica de la UCB. Salió del colegio a sus 14 años en Oruro, donde estudió Ingeniería Industrial.

“Descubrí mi pasión por la electrónica, me encanta que las cosas funcionen con elementos tan chiquitos, averiguando hice mi cambio en la universidad. Con mi carrera encontré mi vocación porque tiene ese factor humano de empatía”, cuenta la joven y asegura desde que se unió al grupo Doctor Sonrisas una de sus prioridades es ayudar a los niños con cáncer.

pagina Siete.

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