Una casita del árbol en Irupana

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La única casita del árbol de Irupana, y tal vez de los Yungas, está hecha con madera reciclada y es el sueño de cualquier niño de cuatro o cien años.

Ángel Pardo Flores, una de las figuras clave de la organización del Irupanapente, la construyó con sus propias manos para sus nietos, pero sus amigos y visitantes comenzaron a hospedarse ahí.

 Lejos de la bulla y las bocinas de esta población, montaña arriba, se percibe el aroma las plantas de lima que se observan desde la ventana de esta rústica edificación.  Desde ahí también se tiene un boleto en primera fila para un  maravilloso ocaso desde las alturas.

“Siempre quise tener una casa del árbol. Mi nieta me pedía un castillo y ésto es lo que salió de los anhelos de ambos. Todos quieren quedarse aquí y me han pedido que construya más casas en los árboles”, destaca y cuenta que sus nietos le dicen la casa de los Picapiedra.

Después de subir las gradas se ingresa a la habitación que tiene una cama y hasta un minibar oculto, habilitado en las entrañas de un tronco de madera. Las paredes están recubiertas con maples de huevos. La casita de madera tiene luz y cuando llueve no entra agua; por lo menos eso asegura Ángel . Lejos de los hoteles, esta mini cabaña construida recientemente ofrece  reconectarnos de alguna forma con la Pachamama, que tanta falta nos hace.

Página Siete

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