Tucanes, lagartos y monos huyen del fuego del bosque chiquitano

Desde que empezó el incendio, la cochabambina Dámari Beltrán Rivera –quien vive hace más de cinco años en San Matías junto a sus dos hijos– observa a diario a loros y tucanes que vuelan huyendo de las llamas y el humo que consumen su hábitat. Los chillidos casi escandalosos y sonoros de los monos son lo que más conmueve su corazón porque sabe que es un llanto desconsolado.

“Había unos loros y tucanes en el árbol de mi casa, pero luego se fueron. Vinieron desde la Chiquitania. Por el camino se ve a los chanchos del monte y a los lagartos; y se escucha el llanto de los monos que escapan del fuego. Es una pena lo que está pasando, pero lo peor de todo es que no llueve desde hace varios días”, lamenta Beltrán.

A finales de agosto, unos tucanes aparecieron en el árbol de manga del patio de su casa. Estaban asustados y los ruidos o la presencia de cualquier extraño los alteraba.

Dámari sabía que volaron cientos de kilómetros huyendo de la Chiquitania y supuso que estaban hambrientos y sedientos por su larga travesía. Sin embargo, antes de que ella pudiese alimentarlos retomaron su viaje en busca de un nuevo hogar.

Desde hace más de dos semanas no llueve y cada mañana el cielo del centro poblado del municipio de San Matías –al este del departamento de Santa Cruz– amanece nublado. No son nubes de lluvia sino una capa espesa de humo y cenizas que emana del imparable y voraz incendio que consume la extensa llanura chiquitana.

Al igual que la de los animales, desde hace más de un mes, la vida de los vecinos y comunarios de esa región ha cambiado. De día respiran hollín y de noche apenas duermen con el temor de que las llamas avancen y consuman sus viviendas.

“Es una pena ver la situación de las comunidades. Allá todo es negro por el carbón y las cenizas. Pero lo más doloroso es ver a los animales muertos por el fuego o por el humo”, dice Beltrán.
El agua se ha convertido en el elemento más valioso en la comunidad Candelaria.

Capacitando voluntarios

En el instituto Roberto Pillai Herrera de San Matías, debido a la emergencia, fueron capacitados 15 voluntarios para combatir las llamas. Sin embargo, no tienen los equipos ni las herramientas necesarias e imprescindibles para combatir los incendios.

Y es que no cuentan con los recursos económicos para adquirirlos, según explicó Cristian Carvajal, uno de los voluntarios del instituto.

Ante esta limitante, hace dos semanas llegó desde San Cruz una brigada de 30 bomberos equipados, quienes, junto con los voluntarios locales, salieron a combatir los incendios. Pero aunque ponen todo su esfuerzo, éste no es suficiente para sofocar las llamas, debido a la magnitud y la velocidad con las que avanza el fuego.

El desastre forestal en San Matías, que forma parte de la Chiquitania, despertó la solidaridad de los residentes matieños que viven en Cochabamba. Conscientes de que, con cada minuto que pasa, el fuego gana terreno, se organizaron en grupos y enviaron ayuda como alimentos secos, agua, medicinas y más.

Aunque de la misma forma llega, de a poco, la asistencia del Gobierno central, de la Gobernación cruceña e instituciones sociales e internacionales, no es suficiente. La atención del desastre no es el óptimo y eso preocupa porque el fuego no sólo avanza, sino también mata.

De acuerdo al último reporte de la Alcaldía de San Matías, hasta el 12 de septiembre, 11 viviendas fueron consumidas por las llamas. Mientras que la Gobernación cruceña alertó sobre 58 focos de calor en toda la Chiquitania que no logran ser controlados por los más de 1.500 bomberos –entre policías, voluntarios y extranjeros– que coadyuvan en las zonas afectadas.

“Por el amor de Dios, vengan a ayudarnos”

Hace unos días, el canal local de San Matías recogió testimonios de las víctimas de los incendios en la Chiquitania. La comunidad de Candelaria, situada a poco menos de dos horas del centro poblado matieño, es una de las más afectadas. Allí se quemaron siete viviendas y los afectados piden ayuda.

“Por el amor de Dios, vengan a ayudarnos”, era el clamor de una víctima del incendio. Su mensaje fue difundido por la televisora y dirigido a los habitantes a San Matías, donde rápidamente un grupo de vecinos y voluntarios decidió acudir al llamado.

“En Candelaria el panorama fue devastador. En los ríos de la zona, donde toman agua los comunarios y los animales, los peces están muriendo, están flotando por el calor. Da mucha pena”, relata uno de los voluntarios.

Los peces muertos desprenden olores nauseabundos y contaminan el agua. Las autoridades municipales recomendaron no consumir esos afluentes por el riesgo que representa para la salud.

La temperatura ambiente supera los 40 grados centígrados, pero la sensación térmica es mucho mayor. Potreros, corrales y viviendas quedaron reducidas a cenizas. Y por si fuera poco, las llamas consumieron las conexiones eléctricas, dejando sin energía a al menos nueve comunidades.

Aunque se sabe que hay otras poblaciones de San Matías afectadas por los incendios, como Las Zetas, La Curichi y el Minador, hasta la fecha no se tiene una cuenta oficial. Aún no se sabe el número de víctimas ni la pérdida económica generada por el fuego.

Pagina Siete.

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