Resistencia cochala crece y busca pasar de grupo de choque a cívico

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Durante los cabildos en Cochabamba, la multitud recibía a la Resistencia Juvenil Cochala (RJC) con aplausos, como si fuesen héroes que obtuvieron la victoria tras una dura batalla. Con los rostros encapuchados, con uniformes de combate y armas caseras los miembros de ese colectivo hicieron frente a los grupos de choque del MAS en los días de conflicto. Tras la pacificación del país, se perfila como una institución cívica y de control que se extiende a nivel nacional.

Sin embargo, el rol que desempeñaron en los días de convulsión social fue cuestionado, debido a los recursos y los medios empleados para resistir a los actos de vandalismo y violencia. Su aparente entrenamiento paramilitar o parapolicial y el uso de armamento doméstico los perfiló como un grupo de choque que causaba temor y desconfianza en algunas zonas de la ciudad de Cochabamba.

Para el sociólogo Chaly Crespo, este grupo de jóvenes ya cumplió el propósito para el que fue creado, por lo tanto, debería desaparecer. “En su momento han cumplido su función, ahora se deberían desarticular. Imagino que ya tienen otros intereses con los cívicos que están en proceso electoral. En su momento fueron una resistencia, un movimiento espontáneo. Pero actualmente ya no se justifica su existencia. Hoy ya serían un grupo de choque”, aseguró Crespo.

El comandante Departamental de Cochabamba, Jaime Zurita, en declaraciones a los medios, destacó la función que cumplió RJC los días posteriores a las elecciones generales. En su alocución aclaró que el grupo ya cumplió su propósito y que se atribuían funciones que no les competen, como la de brindar protección y seguridad a la ciudadanía, ya que ambas funciones son de exclusiva responsabilidad de la Policía.

RJC, institución cívica

Yassir Molina, uno de los líderes de RJC, afirmó que no se consideran un grupo de choque. Manifestó que son un ente fiscalizador y de control que está alerta ante posibles amenazas y actos de vandalismo, tal como sucedió tras la dimisión de Evo Morales a la Presidencia. Recordó que, entonces, militantes del MAS quemaron y destruyeron instituciones estatales y casas particulares.

Ahora, sobre las bases ideológicas de la Unión Juvenil Cruceñista (UJC) –el grupo juvenil de resistencia más antiguo y estructurado del país– es que RJC busca perfilarse como una institución cívica. Tienen estatutos y una mesa directiva que prohíbe a sus miembros incursionar en la arena política. Esta iniciativa se va extendiendo y organizando a nivel nacional en La Paz, Potosí, Oruro, Beni y otras regiones.

“Se busca formar un sistema nacional de juventud para ser un ente fiscalizador y de control igual que hace la UJC. Estamos creando redes a nivel nacional con todas las resistencias porque al momento que quieran venir a Cochabamba, que quieran venir a joder, les vamos a hacer frente”, afirmó Molina.

La iniciativa de RJC se inició con siete jóvenes, todos motociclistas. Durante los días de conflicto, creció a 150 personas y actualmente supera los 5.000 miembros. A nivel nacional se estima que pasan los 20.000.

Como RJC ya se considera una institución cívica consolidada, los miembros portan una credencial con la que pueden acceder a descuentos o tarifas especiales en restaurantes, gimnasios, discotecas y otros espacios de recreación o servicios.

“Resistencia es una institución cívica ya estructurada. Ya tenemos estatutos y una mesa directiva. Y si alguno de sus miembros quiere pertenecer a algún partido político tiene que salirse”, añadió el líder.

Los vínculos políticos

Sin embargo, pese a que descartan vínculos políticos, los miembros de RJC hicieron guardia, escolta y seguridad al exlíder cívico Luis Fernando Camacho, durante su visita a la Llajta el pasado 28 de noviembre. Entonces, el dirigente ya tenía intereses claros de ser candidato a la Presidencia en las próximas elecciones generales.

La concentración fue en la Plaza de las Banderas. Los miembros de RJC hicieron una cadena humana y barricadas para controlar el ingreso de las personas y restringieron cualquier tipo de acercamiento al palco.

Durante ese cabildo, los líderes de la resistencia estaban parados al lado de Camacho y consolidaron una alianza. Ese accionar y protección de RJC al exlíder cívico fue criticado y calificado de oportunista, dada la proximidad de las elecciones.

Pero RJC no es la única institución cívica que surgió luego de los hechos poselectorales. Ante la falta de líderes representativos del Comité Cívico de Cochabamba, paralelamente emergió el Comité Cívico Popular, con cabecillas de línea trotskista, como los profesores Norma Barrón y Miguel Lora. Hace poco, la Federación Universitaria Local de la Universidad Mayor de San Simón también dio a conocer la creación del Comité Cívico Juvenil de Cochabamba y anunció acercamientos con RJC para una posible alianza.

Motoqueros, terror “imaginario” del sur

En los días poselectorales, antes que la Resistencia Juvenil Cochala (RJC) tomara ese nombre, la gente los denominaba “los motoqueros” porque el grupo salía a las calles en motos y con equipos de protección y seguridad. En la zona norte y en el centro de la ciudad eran considerados “buenos” y “héroes de la democracia”.

Sin embargo, esta imagen se fue distorsionando en los barrios del sur, donde la mayoría de los habitantes son afines al MAS. Algunos dirigentes se aprovecharon de la principal característica de este grupo: las motos.

“Hubo momentos en que se distorsionó su esencia. Incluso se formaron motoqueros afines al MAS para crear una confusión en la ciudadanía. Sembraron rumores, sobre todo en la zona sur, de que los motoqueros iban a ir a agredirlos”, afirmó la socióloga y analista María Teresa Zegada.

Los enfrentamientos entre activistas y afines al MAS registrados en Huayculi-Quillacollo, el 6 de noviembre, terminaron con la muerte de Limberth Guzmán, de 20 años. El hecho fue atribuido a los motoqueros al igual que la quema y saqueo de la EPI Sur, el 14 de noviembre.

Esa noche una persona perdió la vida producto de múltiples golpes porque simplemente se encontraba manejando una moto. Luego se comprobó que el muchacho no tenía ninguna relación con los RJC y que sólo retornaba a su domicilio.

En ambos casos se detuvo a los responsables y fueron cautelados. Se demostró que los RCJ no tuvieron participación.

Pero la semilla de la duda ya estaba sembrada en el sur. “¡Los motoqueros están viniendo a saquear! ¡Salgan a proteger sus casas!”, se escuchaba repetir una y otra vez en los barrios del sur al día siguiente de la quema de la estación policial del sur.

La noche del 15 y la madrugada del 16 de noviembre la histeria se apoderó de casi todas las zonas de Cochabamba. Los vecinos de las OTB y de los barrios instalaron barricadas y fogatas en cada esquina; se armaron con palos y piedras aguardando a un enemigo “imaginario” que pretendía atacar, quemar y generar caos, pero que nunca apareció.

Pese a la aparente pacificación del país, el estigma y rechazo hacia los motoqueros aún persiste en algunas zonas. Aún forman parte del temor de los vecinos.

Bazucas, morteros y bombas molotov

“Están armados hasta los dientes”, afirmó Rocío Escalera, estudiante de Ciencias de la Educación de la universidad estatal, en referencia a los motoqueros. “Dicen que son buenos y que hacen frente a los masistas, pero a mí sólo me dan miedo porque parecen que van a una guerra”.

La percepción de Rocío es compartida por otros ciudadanos. Es que la vestimenta y los implementos que usan los miembros de la RJC son de cuestionar.

En los días de conflicto, los miembros de RJC utilizaron armas caseras o artesanales como morteros, bazucas, rifles que lanzaban petardos, bombas molotov, escudos elaborados de turriles soldados, canilleras de planchas, petardos, cascos y mascarillas de protección. Todos estos equipos daban la impresión de que recibían entrenamiento paramilitar.

“No es necesario tener una preparación especial para elaborar estas armas artesanales. Todo tiene que ver con el ingenio de cada persona y el trabajo en equipo”, afirmó una fuente policial consultada por este medio.

Yassir Molina, uno de los líderes de RJC, confirmó que reciben entrenamiento, pero no paramilitar o parapolicial, sino que acuden a gimnasios o a cursos de defensa personal y artes marciales.

“Nosotros no vamos a ir a pelear a lo loco. No somos un grupo de choque, somos un grupo de reacción rápida. Nosotros reaccionamos al golpe que nos dan. Los hacemos en legítima defensa”, aseguró Molina.

Días de conflicto

Grupos juveniles y vecinales emergieron tras los resultados de las elecciones generales, consideradas fraudulentas. Se organizaron en sus barrios para apoyar el paro cívico.

21de octubre. Surgió un grupo de jóvenes que participó activamente del paro cívico y las movilizaciones denunciando fraude en los resultados de las elecciones generales. Luego se autodenominaron Resistencia Juvenil Cochala.

7 jóvenes conformaron inicialmente RJC. Ellos son: Mario Bascopé, Fabio Bascopé, Luis Terán, Alejandro Velásquez, Milena Soto y Yassir Molina. El grupo creció a 150, todos con motos, y, actualmente, superan los 5.000 miembros.

6 de noviembre. Se registró el primer muerto en Cochabamba en los choques entre activistas y afines al MAS. El deceso se atribuyó primero a los motoqueros, pero eso luego se descartó.

8 de noviembre. La UTOP de Cochabamba se amotinó en contra de una serie de “favoritismos” atribuidos al entonces comandante de la Policía, Raúl Grandy. La sublevación fue apoyada por la RJC.

14 de noviembre. Un grupo de dirigentes y vecinos de la zona sur destrozaron, saquearon y quemaron la Estación Integral Policial del Sur. Esa noche una persona perdió la vida al ser confundido con uno de los motoqueros de la RJC.

29 de noviembre. Los miembros de RJC brindaron protección al exlíder cívico Luis Fernando Camacho en el cabildo de la plaza de las Banderas de la Llajta. La seguridad fue catalogada de excesiva e innecesaria.

Pagina Siete.

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