Requiem en el Cementerio por los mártires de la democracia

La historia de las dictaduras de entre 1964 y 1982 fue el tema de fondo que -con arte, teatro y entre tumbas- revivió Una Noche en el Cementerio General. El recorrido, que convocó a miles de paceños, rindió homenaje a los mártires de la democracia.

Antes de las 19:00, se formaron filas y cada 10 minutos, grupos de 200 entraban al camposanto para empezar el trayecto que duraba unos 50 minutos. Tras breves recomendaciones, la gente llegaba al primer escenario.
Fotos: Freddy Barragán / Página Siete

Allí, un video de cuatro minutos empezaba con una reflexión sobre la democracia y el voto. Después, una explicación de qué era una dictadura con ejemplos de las duras experiencias que tuvo Bolivia: desde el régimen de René Barrientos, pasando por el de Hugo Banzer Suárez y Luis García Meza y terminando en la recuperación de la democracia en el gobierno de Hernán Siles Suazo en 1982.

En el camino hacia la segunda ponencia se iluminaba con luces azules y amarillas que se posaban sobre las tumbas. Cerca al mausoleo de la familia Pérez Velasco se había armado un pequeño santuario con velas y fotos de los muertos en la dictadura. Al llegar, música sinfónica acompañaba la alegoría de dos ángeles (uno blanco y otro negro) y un militar. El Gobierno militar hacía y deshacía.

A continuación, un conmovedor tributo a Marcelo Quiroga Santa Cruz y Luis Espinal, quienes perdieron la vida luchando por la democracia.

Camino al tercer escenario, reliquias , música y luces acompañaban a los visitantes. En este hito, cuatro estatuas -la esperanza, la caridad, la fe y la justicia estaban presentes- iniciaban una representación de la hazaña de Domitila Barrios de Chungara quien, junto a otras mujeres mineras, encabezó la huelga de hambre que en 1977 derrocó a Banzer.

Dos jóvenes vestidas de negro, como almas en pena, conducían al último hito. Allí esperaba una recreación sobre la militarización, la violencia y la muerte.

En el camino a la salida, un hombre moreno y barbado, con guitarra en mano interpretaba La Caraqueña, igual que don Nilo Soruco en el exilio: “Qué lejos estoy, qué lejos estoy de mi ansiedad. Mi río, mi sol, mi cielo llorando estarán”.

Pagina Siete

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