Nacionalizar los hidrocarburos: la decisión que hizo despegar la economía de Bolivia

La nacionalización de los hidrocarburos, implementada en mayo de 2006, marcó un antes y un después en la economía de Bolivia, tomando en cuenta que fue el punto de partida para el despegue económico y para que remonte una profunda crisis, no solo económica, sino política y social, generada por los gobiernos neoliberales.

Según datos del Ministerio de Economía, antes de 2003, la economía boliviana crecía en promedio 2% y las Reservas Internacionales Netas (RIN) bordeaban apenas los 1.000 millones de dólares.

En la actualidad, a 13 años de la nacionalización de los hidrocarburos, las RIN superan los 8.000 millones de dólares y la tasa de crecimiento, en la última década, se acerca al 5%, la más alta de la región.

En 2005, dos años después de la denominada ‘masacre de octubre’, Bolivia estuvo a punto de sumirse en nuevas revueltas sociales, debido a una depresión económica y porque las organizaciones sociales urgían la nacionalización de los hidrocarburos para frenar ese paupérrimo escenario.

El presidente Carlos Mesa, (actual candidato presidencial) decía en medio de la crisis que si no recibía ayuda internacional no podría pagar sueldos a los maestros y médicos, en un desesperado intento por justificar la extrema dependencia del Estado a la «limosna extranjera».

No obstante, tras la renuncia de Mesa y la posterior convocatoria a elecciones presidenciales, en diciembre de 2005, que el dirigente indígena Evo Morales ganó con un histórico 54%, se implementó la nacionalización de los hidrocarburos y comenzó el ascenso de la economía nacional.

Fue en 2006, cuando Morales, el primer indígena al mando de Bolivia, decretó, contra toda advertencia extranjera, la nacionalización de los hidrocarburos y conminó a las empresas petroleras a elegir entre firmar nuevos contratos o irse del país.

Seis meses después, una docena de multinacionales suscribieron más de 40 contratos con la empresa estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB).

No obstante, una veintena de empresas fueron nacionalizadas desde entonces,

En 2006, YPFB contaba con un patrimonio de 7.700 millones de bolivianos, un poco más de 1.000 millones de dólares; en la actualidad su patrimonio subió a más de 40.000 millones de dólares.

En 2008, Morales nacionalizó la empresa de logística y almacenamiento CLHB, hasta entonces en manos peruanas y alemanas, y la transportadora de hidrocarburos Transredes, participada por la británica Ashmore y la angloholandesa Shell.

En mayo del mismo año, nacionalizó la telefónica Entel, hasta entonces en manos de la italiana Telecom.

En enero de 2009, Morales completó la nacionalización del gas con la intervención de la empresa Chaco, participada por la británica British Petroleum (BP).

La oleada de nacionalizaciones prosiguió en 2010 con cuatro empresas eléctricas, además de la fundidora Vinto, filial de la suiza Glencore, y posteriormente la Transportadora de Electricidad y, en 2012, las acciones de la española Iberdrola.

Más de una veintena de empresas pasaron a manos del Estado boliviano desde 2006, lo que permitió al país generar más recursos para la redistribución de los ingresos entre la población, uno de los pilares del modelo económico social comunitario productivo que se implementa en los últimos 13 años.

Desde 2006, de la mano de las nacionalizaciones, Bolivia registró un crecimiento sostenido del 5% en promedio; para 2018 el Producto Interno Bruto (PIB) superó los 40.000 millones de dólares y el PIB per cápita casi llega a 4.000 dólares, cifras que evidencian, según reconocen medios y organismos internacionales, el éxito del modelo económico que se aplica en Bolivia hace más de 13 años.
mcr/rsl ABI

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