Luego de perder todo y sin consuelo, las familias sufren por deudas y anticréticos

Hugo Antonio Mamani sabe muy bien cómo una persona se puede levantar de cero. “No es fácil, pero se puede”, dice el hombre de más de 50 años y cuenta que perdió su casa y todos sus bienes en el megadeslizamiento de Santa Rosa de Callapa el 26 de febrero del año 2011. “Es muy duro. Yo no he salvado nada. Ahora, he venido con mi familia para ayudar a mi cuñada”, explica y asegura que la vivienda de su parienta está en riesgo por el deslizamiento que el martes se llevó a 64 casas en San Jorge Kantutani.

Un día después de la tragedia, Mamani ayuda a su pariente y a sus vecinos a trasladar sus bienes en medio de un abandono forzado. “Le digo a mi cuñada que más bien, ella puede salvar algunas cosas”, comenta.

Mientras decenas de personas sacan sus bienes de la parte alta donde se registró el deslizamiento, Adela Valdez Castro de 63 años se encuentra sentada en un rincón de la cancha Fígaro, donde se instaló uno de los campamentos para las familias damnificadas. Tiene los ojos hinchados, no deja de llorar. Perdió todo. “No nos avisaron, no nos notificaron, no nos dieron tiempo de sacar nada. Perdimos todo, no tenemos nada ni ropa ni calzados”, comenta. Asegura que nunca olvidará que vio cómo en segundos la casa donde vivió durante 10 años se entró como un cuchillo en una mantequilla.

Y es que el martes cerca al mediodía, luego de una intensa lluvia, 64 viviendas se vinieron abajo en el sector San Jorge Kantutani. Este hecho dejó 88 familias afectadas, entre dueños de casas, inquilinos y personas que vivían en anticrético.

“Vivíamos tres familias en una casa. Yo vivía con mi hijo y mis nietas en un piso”, detalla y dice que tomó el departamento en anticrético. “Le he dado 30.000 dólares por un departamento con tres dormitorios, cocina, comedor y living. Me ha costado años juntar ese dinero, he trabajado muy duro desde mis 11 años para ganarme un centavo, ahora no tengo nada”, comenta Valdez y dice que nunca pensó que la zona era peligrosa porque hasta el PumaKatari pasaba cerca de una esquina donde se hallaba su inmueble.

De rato en rato, Adela recibe la visita de sus familiares, algunos intentan calmar su angustia con vasos de agua, otros se acercan sólo para darle un abrazo. “Tía Adelita, no estás sola”, le dicen.

Sentada en un rincón, la dueña de la casa donde vivía Adela, Noemí Céspedes Flores, tiene la mirada perdida. “Se ha deslizado toda mi casa, se ha caído, se ha caído 20 años de trabajo y de sacrificio. El Alcalde no nos ha notificado”, reniega. “Construí mi casa hace 14 años. Tengo planimetría, impuestos y papeles de la casa. Tengo dos departamentos que estaban en anticrético y las personas que viven ahí también perdieron todo”, explica.

Céspedes cuenta que para construir su casa se prestó dinero de una entidad financiera. “Tengo que pagar hasta el 2022. Me he prestado un dinero más para hacer terminar la última parte de mi vivienda”, dice y asegura que cuando compró el terreno todo parecía que estaba bien. “No puedo creer, quiero que termine esta pesadilla. Trabajé desde mis 18 años. Mi casa era todo mi esfuerzo. Tengo deudas con el banco y con las personas de los anticréticos”, explica la mujer que tiene dos hijas menores de edad.

Otra vecina asegura que entre las personas afectadas no sólo hay dueños de casas, también hay personas que dieron anticréticos y pagaron alquileres. “Todos cuentan, todos deberían recibir ayuda”, dice.

René Gironda Cruz, de más de 70 años, tiene los ojos cristalinos y aún observa incrédulo a las decenas de personas cargan desde canastas de ropa hasta cocinas. “He sacado lo primordial, tengo la esperanza de volver a mi casa. Es un terreno propio con dos cuartos de media agua por precaución”, dice, mientras observa edificaciones de tres y cuatro pisos en el área de riesgo. “Vivo en la zona desde hace 20 años”, cuenta con la voz entrecortada.

“Compré mi casa con todo mi ahorro, con todo mi trabajo”, dice Gironda, segundos antes de ser interrumpido por una de sus vecinas. ¿Don René tiene que sacar todo?, dice la mujer. Y de inmediato, él responde: “Dejaré algunas cosas, vamos a volver”. “No, todo lo van a limpiar, hasta aquí arriba”, explica la mujer.

En ese momento, Gironda se queda callado y se pone a llorar, parece que el mundo se cae encima de él. “Qué le voy a dejar a mi hijo, mi hijo me preocupa”, dice. No encuentra consuelo.

Testimonios

Alejandro suxo Pariente de una familia afectada
“Vivía en un cuarto en anticrético”

La dueña de casa ya ha desocupado el martes y mi cuñada no sabe qué hará porque no ha podido recuperar el dinero de su anticrético. Está muy preocupada porque no sabe dónde irá a vivir. He venido a darle una mano porque tiene que sacar todas sus cosas. Mi cuñada ha tenido que dar en adopción a su gato. Estamos en la incertidumbre. No sabemos qué hacer, necesitamos ayuda.

miguel rodríguez Uno de los vecinos afectados
Construí mi casa con un préstamo

Fui a trabajar y cuando volví a mi casa para almorzar, mi familia me dijo que tenía que evacuar. Mi vivienda aún no se cayó, tengo la esperanza que se pueda salvar. Es mi casa propia, vivo hace diez años. Nunca pensé que pasaría algo así. He construido (mi vivienda) con un préstamo del banco. Quiero pedir al banco que me dé una pausa o un tiempo para pagar la deuda.

ana M. Vecina y familiar de varias personas damnificadas
“Hay vecinos que tienen deudas”

Tengo mi casa y ya no puedo entrar. Justo estaba ahorrando y gestionando un préstamo en el banco para construir unos pisos, pero ahora ya no conseguiré un crédito. Ahora he venido a colaborar a mis familiares. Me compré mi terreno hace seis años por un precio de 10.000 dólares. Pido que ayuden a todas las personas que perdieron todo porque tienen deudas con los bancos.

Pagina Siete.