Las increíbles formas de robar al Estado que quedan en impunidad

La corrupción siempre estuvo aquí, en la Colonia, en las nuevas repúblicas, las viejas dictaduras militares y las renovadas democracias. En cada momento de los cinco siglos alguna regla se dobló con dinero, algún poder cobró por no poder o poder demasiado. Así introduce el argentino escritor y periodista Martín Caparrós al contenido del libro editado con su compatriota, Diego Fonseca: Perdimos. ¿Quién gana la Copa América de la corrupción?

Diecinueve periodistas de la región, de manera libre e independiente, investigaron y escribieron este retrato sobre la creatividad latinoamericana para robarnos a nosotros y robar al Estado.

Señala que a menudo se proclama que “la corrupción no es de izquierda ni de derecha”, pero cuando entra en el campo, la duda política se transforma en certeza policial, no hay debate, solo la indignación y la justa condena.

Los periodistas de Guatemala, México, Cuba, El Salvador, Puerto Rico, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Venezuela, Colombia, Brasil, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Argentina, Uruguay y España (invitado externo al torneo) detallan las corruptelas de sus países y a medida que uno avanza en la narrativa, no le alcanza la sorpresa y la bronca contenida. De ahí que los editores sugieren en este torneo de la corrupción se aplique lo siguiente: Usted lee el libro, luego ingresa a la página web www.perdimos.com y emite su voto por el país que considera sería merecedor de la Copa América de la corrupción. La publicación del texto coincidió con la realización de la Copa América que concluye hoy en Brasil.

Llama la atención, por ejemplo, el periodista de Colombia Alberto Salcedo Ramos, que de manera taxativa reclama la Copa América de la corrupción para su país y pide vehementemente que se la entreguen a su país y que el concurso en sí ya no es necesario por todos los méritos endémicos de Colombia. Ante este clamor, el periodista Javier Medrano lanza interrogantes: ¿podemos estar orgullosos de semejante afrenta? ¿Podemos, acaso, reclamar semejante premio? ¿Agacharíamos la cabeza para recibir la medalla y mirar de frente a la sociedad?

Parece que Salcedo tiene razón porque en Colombia no llegan ni al 5% de las denuncias y en la mayoría de los casos se produce una sanción disciplinaria que no implica sentencia judicial ni impone multas económicas ejemplares a los culpables. Muchos bandidos hacen cálculos de antemano y concluyen que robar es un buen negocio, pues se embolsarán unos millones que nadie les quitará.

En 2017, el diario El Espectador reportó que las empresas pagan a escondidas una comisión del 17% para resultar favorecidas en las licitaciones públicas. Por ejemplo, en 2011 se concertó en Cartagena el montaje de una refinería de sal por 1,3 millones de dólares, pero al final el Estado pagó el doble. La revista Semana reportó que la Contraloría arriesgó un cálculo en 2017 lo que pierde ese país por corrupción: el 4% del PIB al año.

El expresidente Álvaro Uribe Vélez decía que la prédica moral es la mejor manera de simular la moral misma. De ahí que ante la noticia de que un funcionario venal fue capturado en flagrancia, la gente no exclama “tan ladrón” sino “tan bobo”, pues no fue capaz de hacer las cosas bien.

Como la justicia es benévola, dice Salcedo, los chistes han sido el único patíbulo en el que hemos podido colgar a ciertos bandidos. En la campaña presidencial de 1978, el candidato Julio César Turbay Ayala propuso “reducir la corrupción a sus justas proporciones”. Ocurrió lo esperado, Turbay fue presidente elegido. Un columnista escribió que seríamos un país desarrollado si en la contratación pública solo se robaran el 50%. Un senador dijo en una oportunidad, tocándose los bolsillos, que por aquí jamás ha entrado un solo peso robado. Desde el público le dijeron: “No joda, loco, ¿estás estrenando pantalones”.

La brasileña Odebrecht puso en un mismo paño a naciones que hablan y viven más o menos parecidos pero no igual, pero las igualó hacia abajo, por abajo. Gastó 3.000 millones de dólares en ocho años, hasta 2014, en su raid de sobornos en 12 países. Sólo en América Latina más de 160 políticos fueron engrasados con más de 800 millones de dólares. Casi no hay país de la región donde la empresa no haya desnudado a golpe de billete la endeblez moral de sus dirigentes: Michel Temer, Lula da Silva, Néstor y Cristina Kirchner, Ollanta Humala, Ricardo Martinelli, Alejandro Toledo, Juan Manuel Santos y Danilo Medina han sido tocados por sospechas o acusaciones, después que el CEO Marcelo Odebrecht abriese la cloaca del dinero sucio.

Fonseca señala que Odebrecht no es sorpresa porque medró donde otros ya medraron. Incubaba su trama en los deseos de esos líderes y en las necesidades de sus sociedades. Los autores también denunciaron refugios fiscales, prestanombres, testaferros, empresas fantasmas, fideicomisos oscuros, el mercado del arte, el fútbol y las industrias de armas, entre otras. Mientras el mercado global ofrezca oportunidades para esconder dineros negros, los Odebrecht del mundo se frotarán las manos, pues se necesitan dos para bailar el tango: corruptor (público) y corrupto (privado).

El periodista boliviano Pablo Ortiz es uno de los que publica su investigación en el libro de Perdimos bajo el título de “Sean Penn te lleva a casa”, que ocurrió en Santa Cruz. Jacob Ostreicher es un empresario estadounidense. En junio de 2011 fue arrestado en Santa Cruz, mientras supervisaba una empresa agrícola de cultivo de arroz en la que había invertido 27 millones de dólares, fue encarcelado por 18 meses bajo sospecha de lavado de dinero. El actor Sean Penn y varios legisladores estadounidenses lograron que lo pusiera en libertad y después volvió a su país. En 2017, un juez ordenó quemar las toneladas del arroz de Ostreicher que no habían vendido quienes lo esquilmaron.
Martín Caparrós y Diego Fonseca, los editores de: Perdimos. ¿Quién gana la Copa América de la corrupción?

Rólex para invitados en Venezuela

Diego Salazar administraba el multimillonario contrato de la póliza de seguros y reaseguros de la estatal Pdvsa en Venezuela . En los hechos era el segundo después de Rafael Ramírez Carreño, a quien Hugo Chávez puso al frente de la empresa.

Durante años movían montañas de dinero dentro y fuera de Venezuela sin ningún control, negociaban préstamos, colocaban bonos, etc.

Los corruptos necesitan socios. China, cuya ausencia de transparencia es proverbial para Occidente, fue fundamental para el enriquecimiento. Entre 2007 y 2014 el régimen ejecutó obras por 36.000 millones de dólares. Ninguna nación de la región recibió tanto flujo de capital directo de otro país. Venezuela se los pagó a China con 469 mil barriles de petróleo de Pdvsa. Salazar empezó a comprar casas, departamentos y otros bienes; en una de sus fiestas exigió a sus invitados sus relojes a la entrada, los hacía trizas con un martillazo y antes que el dueño se enoje, les entregaba un Rólex de 40.000 dólares. Gastó dos millones de dólares en los relojes. Otro millón en vinos y así una lista sin acabar.

Contrataba a candidatas a Miss Venezuela como anfitrionas y cuando quedaban los más íntimos se volvían meseras. Cayó porque dio una propina de 100 mil dólares en París, el consumo era 25.000 pero dio un cheque de 125 mil dólares. En 2017 fue detenido por blanqueo de capitales y guarda detención en El Helicoide, donde se hace llevar 21 comidas tres veces por día (20 son para sus custodios).

Milagros Socorro.

Diamante se roba todo, todo en Veracruz

Diamante era el gobernador de Veracruz, México: Javier Duarte de Ochoa del PRI (2010-2016). Era abogado y PhD en economía. En su reinado, la prensa la pasó mal: 24 periodistas fueron asesinados. Les decía “Pórtense bien, ¿eh?”. Censura, amenazas, violencia, secuestros.

Gastó 600 millones de dólares para divulgar sus “éxitos”. Las cifras más tiernas de desvío de fondos públicos hablan de 1.700 millones de dólares y las más brutales de 3.000 millones de dólares. El Estado veracruzano compraba productos que las empresas fingían distribuir en zonas populares.

Compró al menos 30 casas en Miami, cinco departamentos en Nueva York, una casa en Texas y otra en Arizona, además en España. En su país compró 41 propiedades. Una lancha de 790 mil dólares. Fiscales encontraron ampolletas Avastín contra el cáncer, pero contenía agua destilada. Su esposa, Esmeralda o Karime Macías, dejó pender de sus ojeras alhajas de 40.000 dólares, volaba en avión estatal de Veracruz a Ciudad de México para arreglo del cabello y uñas. Diamante robó hasta el pasado de su Estado, se llevó el documento firmado en su ciudad natal. Era previsor de lo que robaba, llevó el dinero robado a Alemania, España, Inglaterra y Hong Kong. Diamante fue detenido el 15 de abril de 2017 en Guatemala. En 2018 fue sentenciado a solo nueve años de cárcel. Dicen por ahí que hasta la justicia estuvo con él. Duarte es un ejemplo del precio que paga un país cuando la impunidad es casi absoluta.

Antonio Ortuño

La Línea, una forma de robar en Guatemala

El presidente de Guatemala Otto Pérez Molina y su vicepresidenta, Roxana Baldetti, fueron sindicados como cabecillas finales del robo millonario al Estado. La Línea, un modus operandi para robar al Estado, era un número telefónico al cual los importadores debían llamar para informar los productos que necesitaban retirar de la Aduana en Puerto Quetzal.

Cuando el tramitador tenía el número de despacho y el importador había pagado la “cuota”, los oficiales de la Aduana recibían el dinero de la coima, retiraban el producto de los almacenes y el empresario enviaba un furgón para recoger la carga.

El empresario solo pagaba el 40% del impuesto. La defraudación mensual alcanzaba a dos millones de dólares.

Fruto de ese desfalco al erario, Baldetti se alojaba en el lujoso Sofitel de Beverly Hills. Para preservar su belleza dispuso 250 mil dólares en una cámara hiperbárica. Tenía una casa valuada en 1,5 millones de dólares. Pérez Molina y Baldetti guardan prisión aún en su país.

Jimmy Morales, que lo sucedió, llegó al poder y cuando ni siquiera se había posesionado, ya había ocultado los aportes que lo llevaron a la presidencia. El empresariado tradicional de Guatemala ha quedado expuesto como corruptor y beneficiario. Ya nadie puede vender la idea de que las grandes corporaciones trabajan para que el país crezca: primero van sus intereses, según, también. La Línea es un símbolo, el mal aroma que sale a la superficie, pero sigue la pobredumbre.

Mirja Valdés

El Salvador y la lista VIP de ladrones

Mauricio Funes fue presidente de El Salvador (2009-2014). Fue el primer jefe de Estado de izquierda, había arrancado el poder a la derecha, tras un siglo de cárceles y torturas, pero fue enterrando de a poco las aspiraciones revolucionarias del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional y de sus electores pobres, y a medida que se hacía público sus viajes, sus borracheras, sus amantes, sus nuevas propiedades, sus colecciones de relojes y de armas.

De entrevistador crítico de la televisión, donde fustigaba a la derecha y tenía como guía espiritual a Mons. Óscar Arnulfo Romero (1980), a presidente que ordenó entregar semillas, destinadas a pobres, a partidos de la derecha para recibir favores políticos. Desvío 351 millones de dólares de las cuentas del Estado. En Miami compró zapatos de Salvatore Ferragamo con 10.000 dólares, otro tanto en relojes Torneau, en la tienda Verdome gastó 10.000 dólares. Jorge Zardán, el empresario salvadoreño de televisión que arriesgó y terminó perdiendo su canal por proteger a Funes, cuando era su periodista estrella, caería enfermo en esos años horribles de la presidencia. Moriría sin haber recibido siquiera una llamada de aquel hombre al que cuidó como a un hijo.

Funes está acusado por enriquecimiento ilícito, malversación de fondos, peculado y tráfico de influencias. Huyó a Nicaragua y allí recibió protección del gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo, que le concedió asilo como perseguido político.

Carlos Dada

El bailador que quedó libre en Puerto Rico

Pedro Rosselló González aún baila La Macarena, fue presidente de Costa Rica (1993-2000). Durante su gestión se desviaron millones de millones de dólares a cuentas privadas. El dinero era recolectado por los directores regionales de las agencias de gobierno y enviado en sobres a las oficinas centrales y de allí se desviaba a corporaciones fantasmas.

Una secretaria de la oficina del exgobernador dijo a la justicia que todas las llamadas a Rosselló se canalizaban a través de Angie, su secretaria personal, quien para entonces con su salario de funcionaria pública tenía un apartamento de lujo y conducía un Jaguar. No vio que ella, sentada a seis metros de su despacho, robada con descaro. Cumplió cinco años de cárcel. La Justicia tuvo dificultad par detectar fraudes, pues la mayoría de las transacciones era en efectivo. La fortuna robada al Estado fue para beneficio personal de 40 asesores y miembros de su gabinete y del Partido Nuevo Progresista. Ningún fiscal fue capaz de imputarlo siquiera dudosa.

Veinte años después que la justicia desarticulara la trama, él aseguró que nunca se dio cuenta del robo que ocurría bajo sus narices. Hay quienes dicen que Rosselló fue débil, un pichón de Alí Babá y los 40 ladrones; también hay quienes creen que fue en realidad un genio, un cerebro del crimen perfecto, capaz de orquestar el operador de corrupción más abarcador de la historia de Puerto Rico y salir airoso. Llegó limpio y se fue sin una mancha.

Ana Teresa Toro

Punto de vista

Javier Medrano / Es periodista

¿Quién será el campeón de la Copa América de la corrupción?

Narra Martín Caparrós (escritor y periodista argentino) con total desparpajo y cansado de escuchar a sus pares latinoamericanos la defensa acérrima de ser ciudadano del país más corrupto de esta parte del continente, decidió invitar a 19 periodistas para que formen parte de un libro con sus respectivas “tutelas” periodísticas sobre el caso de corrupción más emblemático de su país.

Grande fue el impacto al conocer las historias truculentas, inverosímiles y absurdas de los personajes políticos, empresarios y arrimados al poder, que diseñaron verdaderas ingenierías de la corrupción y amasaron en tiempos muy breves verdaderas fortunas que cualquier individuo, trabajando honestamente, durante 50 vidas y sin gastar un solo peso, podría apenas llegar a una `pequeña parte de lo robado a manos llenas por estos paniaguados del dominio público.

Qué triste para nosotros los ciudadanos honestos y qué desmoralizador es enfrentar todos los días a corruptos e insensatos. No hay nada más demoledor para la iniciativa, para el emprendimiento legal que la corrupción. Es un baldazo de agua fría, aventado por los mafiosos a la ciudadanía formal y que conoce del sacrificio de la legalidad.

El último informe de Transparencia Internacional sobre el índice de percepción de corrupción perfila a Dinamarca como el menos corrupto junto a Nueva Zelanda, Finlandia, Suecia, Suiza y Canadá. En la región, el más corrupto es Venezuela, le sigue México y aparece Bolivia en el puesto 133.

pagina Siete.