La Paz: entre la historia y la bola de demolición

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Un mar de ladrillos de terracota embadurnan la vista al llegar a la ciudad de La Paz. No importa si es desde un autobús o un avión, la primera impresión de este valle lleno de casas con paredes enladrilladas permanece como recuerdo de la metrópoli andina para los turistas.

A diferencia de la “ciudad blanca” de Sucre, esta tarjeta de presentación arquitectónica no tiene varios siglos de antigüedad, sino que se ha creado principalmente debido al crecimiento constante de la ciudad durante los últimos 50 años. Sin embargo, “la hoyada paceña” posee numerosos tesoros históricos y urbanos que dan testimonio del accidentado pasado de la ciudad, que tuvo una influencia decisiva en la historia boliviana.
Fotos Aaron Wörz

Pero, ¿hasta cuándo durarán? Arquitectos y arqueólogos dan la alarma: los expertos observan un manejo irresponsable y una pérdida progresiva de un paisaje urbano de una época pasada. “Desde hace 20 años, el patrimonio arquitectónico y cultural del municipio paceño se está destruyendo paulatinamente”, lamenta la arqueóloga Karina Aranda.

El Gobierno Autónomo Municipal de La Paz (Gamlp) declara 18 conjuntos y 597 edificaciones como patrimonio urbano en el área de la ciudad. Entre los sitios catalogados se encuentran el centro histórico, el conjunto patrimonial Luis Villanueva o el barrio de San Pedro, que están clasificados como dignos de protección y están sujetos a la Ley de Uso de Suelos y Patrones de Asentamientos Urbanos (LUSU) por su valor histórico y cultural.

Los propietarios privados y el Gamlp como propietario están obligados a cumplir con ciertos criterios de mantenimiento, como la conservación morfológica. Hace unos años un número mayor de edificios y conjuntos patrimoniales eran protegidos, pero debido a la complementación de la LUSU en 2013, edificaciones de importancia histórica y cultural perdieron su estatus especial. Estas normas municipales posibilitaron la destrucción de importantes inmuebles patrimoniales que caracterizaban zonas con edificaciones republicanas y coloniales, como Sopocachi, San Pedro, Obrajes y Miraflores.

El gobierno municipal cree que la realización de nuevas obras y el rediseño de calles enteras van de la mano de la preservación de edificios catalogados: “la necesidad de preservar estos referentes no implica congelar la ciudad, sino más bien incorporarlos en una visión más contemporánea”, argumenta Ximena Pacheco, responsable de la Dirección de Patrimonio Cultural del Gamlp, que fue tardíamente fundada en 2000.

Responsabilidad compartida

Jorge Sainz, decano de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), tiene otra opinión: “El gobierno municipal no hace lo suficiente para proteger el patrimonio urbano, porque hay técnicas y métodos de planificación que aparentemente no se conocen ni se aplican”. El profesor de arquitectura, al igual que la arqueóloga Karina Aranda, critica la falta de incentivos atractivos para que los propietarios privados de edificios históricos los mantengan de acuerdo con la ley.

Aunque existen incentivos fiscales para una gran parte de las edificaciones protegidas, muchos propietarios consideran la valoración patrimonial como un obstáculo para sus aspiraciones económicas o de habitabilidades futuras; es por ello que dificultan las inspecciones de los funcionarios municipales, negándose a restaurar sus inmuebles.

“Hay un tema de corresponsabilidad con los vecinos, porque, según la normativa nacional, son ellos los que son responsables de su patrimonio”, dice Ximena Pacheco, que observa una doble moral con respecto a las diferentes normas en la apreciación del patrimonio urbano: cuando se trata de la casa patrimonial de al lado, la preservación se defiende con firmeza, pero cuando se trata de la casa propia, se ven las cosas repentinamente muy diferentes.

Pérdidas irreversibles

El pasado ha revelado que incomprensibles propietarios privados de edificaciones de valor cultural no han sido la única razón de la pérdida del patrimonio urbano en La Paz. Zonas y barrios, catalogados antaño como residenciales, fueron anexados al demandante mercado inmobiliario paceño, lo que posibilitó la liberación de las restricciones constructivas en inmuebles identificados como “con valor de conjunto” e incluso inmuebles con declaratoria patrimonial.

Los ejemplos más destacados y visibles son la construcción de la pasarela Pérez Velasco y la transformación de El Prado, que es uno de los primeros espacios en ser afectados por esta corriente de modernización urbana. La demolición de la antigua Casa Alencastre, que fue construida en 1821, y las subsiguiente construcción de la Casa Grande del Pueblo se justificó por una ley aprobada dos años antes, en 2012, como una labor de “prioridad nacional”.

La tendencia a no tener en cuenta los monumentos históricos continúa en los últimos años con grandes proyectos de construcción, como los viaductos y las nuevas líneas de teleférico, que han cambiado irrevocablemente la identidad del paisaje urbano. Una mirada al futuro no promete ninguna mejora.

En el marco del proyecto municipal La Paz se moderniza, la construcción de cinco nuevos viaductos cambiará la imagen de la ciudad.

“Resulta por demás curioso que en una época en la que el resto del mundo opta por incrementar los espacios públicos y el tráfico peatonal, cerrando el casco histórico al tránsito vehicular, el municipio paceño opte por implementar viaductos y estacionamientos que ‘faciliten’ el tránsito motorizado e incentiven el uso de vehículos privados en áreas saturadas, como el casco urbano central”, dice la arqueóloga Karina Aranda.

Su colega, Carlos Lémuz, de la Sociedad de Arqueología de La Paz, ve incluso estructuras entrelazadas detrás de decisiones que son difíciles de romper.

La ciudadanía no aprecia

La raíz del problema no sólo radica en el gobierno municipal, sino también en la falta de interés de la ciudadanía por preservar sus bienes patrimoniales. La apatía se enmarca principalmente en el desconocimiento fáctico del legado histórico-cultural y la importancia de conservarlo para el mantenimiento de la memoria colectiva del municipio.

Estas circunstancias crean un clima favorable para nuevos proyectos constructivos y la especulación sobre propiedades que no dan importancia al patrimonio urbano. Desgraciadamente, en la mayoría de los casos, la preocupación por la conservación de los edificios del patrimonio cultural recae en un pequeño número de organizaciones y grupos de la sociedad civil que tratan de proteger el patrimonio cuestionando las obras y pidiendo nuevas normas de protección y gestión.

No se puede descartar que el bajo nivel de interés de la ciudadanía sea una de las razones por las que el gobierno municipal se ve legitimado en su ignorancia de la responsabilidad de preservar estos legados culturales e históricos.

Karina Aranda ve la clave para crear una conciencia de los tesoros arquitectónicos e históricos de la ciudad y la consiguiente preservación activa de los mismos en una nueva política cultural del gobierno municipal para iniciar un replanteamiento.

“Si las políticas municipales no cambian, pensamos que La Paz podría perder aceleradamente una gran parte de su patrimonio arquitectónico y arqueológico, transformándose en un espacio cubierto de edificios destinados a oficinas y negocios, principalmente en el Distrito Centro”, subraya Carlos Lémuz.

El arqueólogo propone una fiscalización más cercana y articulada con otras instituciones y organizaciones nacionales, departamentales y municipales. La responsable de la Dirección de Patrimonio Cultural del Gamlp, Ximena Pacheco, al respecto, promete mejorar con sanciones ejemplificadoras en un futuro.

La conservación del patrimonio urbano depende, sin duda, del compromiso político y ciudadano. Solamente con el apoyo y el aprecio de ambos componentes se puede transmitir de generación en generación el patrimonio cultural de esta fascinante urbe.

Sería lamentable que se perdiera la memoria de una ciudad mestiza como La Paz, que fue construida sobre un asentamiento indígena con edificios que son testigos materiales de una identidad multicultural, y que las múltiples facetas se limitarán en el futuro a casas de ladrillo en las laderas de la ciudad, edificios altos en el centro y residencias vastas en la zona Sur.

Esta investigación fue realizada en el marco del Fondo Concursable Spotlight VII de apoyo a la investigación periodística en los medios de comunicación que impulsa la Fundación Para el Periodismo con el apoyo del European Journalism Centre.

Pagina Siete.

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