“La Chiquitania se convirtió en un paisaje en blanco y negro”

“Jamás fui ni conocía la Chiquitania, pero me decían que era un paisaje verde y lleno de hermosura. Ahora que la conozco, que estuve allí para sofocar las llamas, puedo decir que es un paisaje en blanco y negro pintado por el carbón y las cenizas”, relata el voluntario cochabambino del SAR Bolivia Fernando Encinas, quien colaboró en las tareas de sofocación de las llamas que consumen la Chiquitania. El sentimiento que se apodera de él, al observar ese desgarrador panorama, es de frustración e impotencia por no poder controlar el fuego.

Encinas es bombero voluntario desde hace más de 20 años, y, al enterarse del incendio de magnitud que devoraba la Chiquitania, no dudó en dejar de lado sus responsabilidades para responder al llamado de su vocación. El 23 de agosto preparó su equipo y partió a una travesía que duró 10 días.
Fotos: SAR Bolivia

“La experiencia es trágica e indescriptible”, asegura Encinas porque, pese a sus esfuerzos y los de sus compañeros, las llamas aún consumen lo que antes fue un majestuoso e imponente paisaje rodeado de verdes praderas y bosques con amplia variedad de plantas y animales.

Su primer destino fue el municipio de San Rafael. Allí estuvo dos días combatiendo las llamas, pero al tercero, como milagro del cielo, la lluvia cayó apagando el fuego. “Esa zona fue declarada como controlada”.

Luego de esa misión, inmediatamente se dirigió a la comunidad de Palestina del municipio de Concepción. Allí los sentimientos que se apoderaron de Encinas fueron de impotencia, porque mientras lograban apagar un foco de calor al día siguiente se reactivaban tres o cuatro.

“Trabajamos más de 18 horas al día. Salíamos al terreno a las 5:00 y retornábamos a las 2:00 del día siguiente”, asegura.

Los comunarios de la zona y voluntarios extranjeros colaboraban preparando los alimentos y distribuyendo agua, que era lo más esencial y valioso para reducir el riesgo de deshidratación por la temperatura ambiente, que superaba los 40 a 45 grados centígrados. En las zonas de riesgo era mayor a los 70 grados.

Encinas no encontró animales muertos por las llamas, pero vio a las aves huir despavoridas y escuchó a los “monos chillar desesperados dentro el monte”.

De las denuncias sobre comunarios que reactivaban las llamas, Encinas asegura que no pudieron verificar el hecho ni identificar a los responsables. Pero tienen imágenes, que obtuvieron mediante drones, donde se observan zonas bajo llamas que fueron provocadas.

En la Felcc Santa Cruz hay ocho denuncias contra personas acusadas de provocar los incendios, pero no hay detenidos y las investigaciones siguen su curso.

“Es lo más devastador que he visto como bombero y como profesional en toda mi vida”, asegura Encinas. La imagen “en blanco y negro” por la negrura del bosque y el humo y las cenizas jamás se borrarán de su mente.

Invierten más de mil dólares en uniforme

No todos los voluntarios reciben la dotación de uniforme y equipos para sofocar las llamas. Muchos gastan entre 1.000 a 2.000 dólares para contar con lo indispensable cuando se presenta un incendio. El uniforme y equipo del voluntario Fernando Encinas costó aproximadamente 1.500 dólares.

Bernardo Araníbar, coordinador nacional del SAR Bolivia, dijo que el precio puede variar de acuerdo a la calidad del equipo. Por ejemplo, las botas más económicas están a 200 bolivianos; las esclavinas a 180 bolivianos, pero también las hay de 40 o 50 dólares.

Cada bombero necesita un casco, guantes especiales, respiradores, overol y herramientas como machetes, tanques personales de agua, linternas, lentes especiales y otros artículos. Ante la emergencia en la Chiquitania, sólo algunos de ellos recibieron el equipo necesario.

Araníbar informó que hasta el 11 de septiembre, 472 bomberos voluntarios del SAR Bolivia –de Cochabamba, La Paz, Oruro y Sucre– trabajaron en la zona de desastre. El viernes partió otro grupo.

El comandante de la Policía de Cochabamba, Raúl Grandy, afirmó que cada semana un contingente de 100 policías va a la Chiquitania para colaborar en las tareas se sofocación en coordinación con la Gobernación cruceña. Allí reciben el equipo e indumentaria requerida.

“El principal obstáculo es el clima, el viento. Los policías apagan un área, pero el viento hace que se reactive”, dijo Grandy.

En la Chiquitania también coadyuva personal del SAR FAB, de la Unidad de Gestión de Riesgos y voluntarios de diferentes municipios de Cochabamba.

Pagina Siete.

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