Hasta 10 personas descansan en una carpa de ayuda

El frío de la noche es implacable con los damnificados del deslizamiento San Jorge-Kantutani. En la carpa número 30 están alojadas 10 personas de cuatro familias y aún así no pueden dormir con tranquilidad en una de tres por cuatro por el gélido viento nocturno.

“Esta noche no he dormido”, comenta Severina Chino, quien la mañana del martes salió a su trabajo y a su vuelta media avenida Libertad había desaparecido. Ella no puede descansar por el frío del lugar, por la preocupación de recuperar sus cosas y por el futuro que ve oscuro luego de perder sus bienes.

“Quisiera que el Presidente nos ayude. Yo soy padre y madre para mis hijos, he trabajado toda mi vida y ahora nos pasa esto”, lamenta. Desde el martes lleva la misma ropa, cuida lo poco que pudo rescatar y recuerda que aunque sacó todo lo que pudo, le robaron algunos muebles en el lugar donde se amontonaron las cosas.

“En el día hace calor y las carpas se humedecen, por la tarde hace mucho frío”, es uno de los tantos reclamos dirigidos al alcalde paceño, Luis Revilla.

En la carpa de Jherson Orozco se puede ver un filtro naranja que gracias al sol de mediodía hace que el ambiente se torne muy cálido. A esa hora, muchas familias han abandonado sus carpas. Muy pocas permanecen al interior con las puertas abiertas y cuidando las pocas pertenencias que pueden guardar en el lugar.

Antonia permanece sentada al interior de la carpa. Ahí descansa junto con otra familia desde el pasado martes.

Sus días se debaten entre la tristeza y la esperanza, pues al conocer su caso muchas personas fueron a visitarla. Hace un par de años, ella perdió la movilidad de sus piernas y hace unos días estaba resignada a morir en el interior de la casa por la que había trabajado toda su vida.

“Él (su esposo) puede caminar, pero yo no. Mi cuñado entró a la casa y me cargó. Hemos perdido todo”, se lamenta. “Quisiera un burro para caminar un poco y una silla de ruedas para movilizarme rápido. Si pudiera caminar…”, anhela.

Las donaciones para las personas que viven ahora en las carpas se reciben en Emaverde.

Pagina Siete.