Gota a gota y con fe, peregrinos parten rumbo a Copacabana

El ruido de los autos que circulan por la carretera hacia Copacabana es lo que menos molesta a un peregrino. Es que ante las reflexiones que surgen junto al monótono caminar, el rugido de los motores se torna silencioso. Desde el mediodía de ayer, poco a poco los peregrinos iniciaron la travesía rumbo al Santuario de Copacabana.

La mañana de ayer Rubén, Miguel y Fernando comenzaron el recorrido en bicicleta desde la tranca de San Roque. El grupo de amigos era de los pocos que se encontraban en el lugar.

Ahí alistaban los últimos detalles para emprender el viaje. Para ellos este recorrido al Santuario de Copacabana es una costumbre que data desde hace 12 años. “Primero fuimos entre siete, luego cinco, ahora quedamos tres”, sostuvo Rubén. Del primer viaje sólo quedan los recuerdos buenos y malos, por ejemplo, cuando uno de ellos cayó a un charco de agua por esquivar a un auto que pasaba por la carretera.

Para estos casos también se llevan repuestos, como cilindros o parches para las bicicletas. A veces el recorrido es tan duro, por la lluvia y los accidentes, que según Rubén realizar esta travesía es cuestión de fe. Los principales pedidos a la Virgen de Copacabana son salud y éxito en los estudios.

A paso firme se acerca un grupo de cinco caminantes. “Estoy acá de visita, hace más de 20 (años) hice por primera vez este peregrinaje con mis hermanos”, contó Rafael Zamuriano, un cochabambino que vive en Londres. Llegó al país de vacaciones y ahora realiza el peregrinaje junto a sus dos hijos y sus sobrinos.

Explicó que el recorrido no es por ninguna petición, es sobre todo para dar gracias. “Es lo que nos inspira. La primera vez no lo hice con mucha fe, fue una aventura. Ahora lo hacemos con mucha fe”, destacó.

A las 11:30 de ayer, su grupo era el único que trajinaba por la carretera. “En años anteriores he visto más gente, ahora tal vez recién nos encontraremos con más gente”, aseguró.

Para Zamuriano, lo más importante es “mantener la tradición de compartir con la familia”. “En el trayecto hay también un momento de soledad que nos permite reflexionar”, explicó.

“Salieron desde ayer (martes) en la tarde. Ahora ya deben estar en la carretera”, comentó una vendedora de pan de la extranca de Río Seco. Este es uno de los puntos donde los viajeros compran provisiones para emprender la travesía.

Muchas eligen las tardes para comenzar el recorrido. Cerca al mediodía inició su recorrido Ever Ticona, un joven de 22 años y cuyo equipaje era su única compañía. Con un sombrero de camuflado militar y una mochila similar iniciaba la larga caminata por segundo año consecutivo.

“Creo que estoy acostumbrado a estar solo y a convivir solo, no depender tanto de todos, a veces me hablo yo solo, como si estuviera loco. Mientras camino, pienso en cómo voy a llegar o cómo voy a descansar”, resumió.

La primera vez también fue solo y pidió lo mismo: protección para su familia y poder concluir sus estudios. “El año pasado, como era la primera vez, no tenía idea de lo que iba a llevar, partí más temprano que ahora y en la noche, como no tenía sleeping y no sabía que llegaría al campo, entonces me abrigué y me quedé en una plaza, no pude dormir porque no me dejaba el frío”, recordó.

A unos metros detrás de Ticona llegaron dos caminantes más, cada uno solo, con su equipaje. Iver Cornejo, por ejemplo, estaba muy bien preparado y con la fe como principal impulsor. “En las poblaciones la gente te invita un refresco, un sándwich, te da un aliento. Te dicen ‘no estás sólo, lo vas a conseguir’”, contó. “Mis hermanos y mis cuñadas vienen en auto y también invitan refresco”, destacó, respecto a los gestos de solidaridad durante la travesía a Copacabana.

Página Siete.