Entre 500 y 800 animales son rescatados en Santa Cruz

MUCHOS ANIMALES SON VENDIDOS POR REDES SOCIALES.

En promedio, entre 500 y 800 animales al año son rescatados como Misha. Desde que existe el proyecto de Biodiversidad de la Gobernación se ha rescatado y recibido más de 8.000 animales, 2.000 de los cuales llegaron cuando ya existía el Centro de Atención y Derivación de Fauna Silvestre, ese es el cálculo de Raúl Rojas, biólogo con maestría en manejo de vida silvestre. “No solo recibimos animales provenientes de Santa Cruz, el 30% viene de otros departamentos. Como Gobernación somos la institución estatal que más experiencia y capacidad tiene en cuanto a rescate y atención de los animales silvestres. A pesar de que nos significa gastos en cuanto a personal, alimentación y medicamentos, los recibimos con el fin de precautelar el bien de la fauna boliviana”.

Los grupos que más rescatan son de loros, asediados por ser animales atractivos como mascotas por sus colores y porque pueden hablar. Le siguen las tortugas terrestres y acuáticas y recientemente boas que estarían siendo utilizadas como mascotas exóticas.

En Bolivia existen 25 de estos centros y en Santa Cruz una decena.

El tráfico de fauna mueve gran cantidad de dinero y a pesar de los esfuerzos de control de la Policía, la Gobernación, la Alcaldía y ONGs, los traficantes se siguen arriesgando por el beneficio que le significa. “Ya no se vende de manera frontal como antes en las rotondas o mercados, pero esta situación ha migrado a otros escenarios de venta como las redes sociales. El tráfico continúa, pero también hay que reconocer que ha habido una disminución bastante sustancial y que se está generando una conciencia en las personas”, analiza Rojas, quien repara en que la lista de animales silvestres publicada por el Ministerio de Medio Ambiente (en 2009) dice que aproximadamente 1.003 especies están bajo alguna categoría de amenaza. “Ya tenemos una especie extinta, un pez del lago Titicaca y más de 20 en amenaza crítica, que posiblemente ya estén por extinguirse”.

La bióloga Eliamne Gutiérrez considera que en nuestro medio la vida silvestre vive bajo presión. “Vivir en la ciudad no es fácil y para ello hay que adaptarse al acelerado ritmo al cual se mueven las urbes. Factores como la bulla, las construcciones, el tráfico y la disminución de áreas verdes por la construcción de condominios o complejos comerciales, son los principales obstáculos a los cuales se enfrentan sobre todo la fauna urbana”.

Gutiérrez denuncia que hay especies que son mal vistas en la ciudad por creencias locales cuando en realidad juegan un papel muy útil en el ecosistema urbano. “Para empezar tenemos a las lechuzas blancas Tyto Alba, que dicen que son de mal agüero, que atraen la muerte etc., pero estas aves se comen a los roedores que son portadores de enfermedades peligrosas para la población. En Argentina, los especialistas llegaron a la conclusión de que el brote de hantavirus estaba ligado a la pérdida de fauna urbana encargada de controlar la población de roedores”.

La bióloga administradora de Copernicia Biología Urbana (página de Facebook) repara también en las carachupas que son tan repudiadas. Son unas aspiradoras de garrapatas, ese es un tremendo beneficio para nosotros.

Pero Eliamne no repara solo en los animales. “Sin duda puedo decir que el mayor daño que se está cometiendo es con los árboles, tumbar un árbol no es solo sacar algo que a muchos les estorba, no solo estás quitando una vida, te privás de sombra, además de que alrededor de ese árbol existen otro tipo de interacciones con insectos, plantas epífitas, animales que se alimentan de sus frutos o sus flores o que lo usan como refugio. Después estamos sufriendo de calor que no es obra y gracia del espíritu santo, sino de nuestras acciones”.

VIDA SUBACUÁTICA

Este año, el Día Mundial de la Vida Silvestre hace hincapié en la vida subacuática, es decir, todo aquello que vive y se desarrolla bajo o sobre el agua y Bolivia, pese a no tener mar, tiene muchísima, desde anfibios hasta peces y plantas acuáticas. “En Bolivia tenemos más de 900 especies de peces de agua dulce. Sin embargo, la vida subacuática se encuentra en peligro por las actividades de explotación y extracción que se realizan en torno a ella, así como la liberación de pesticidas a los suelos que pueden llegar a contaminar los acuíferos, la minería, que vierte sustancias muy dañinas a los ríos como el mercurio, la construcción de hidroeléctricas que se ha puesto de moda en el país, todo esto es de gran amenaza para la vida acuática”, subraya Gutiérrez y hace notar que en la ciudad tenemos vida hasta en los canales donde viven peces, anfibios y aves.

En el lado boliviano su amenaza se da más por la contaminación de las aguas del Titicaca con pesticidas, vertido de aguas servidas, residuos de minería, la introducción de otras especies invasoras como las truchas y el cambio climático.

Desde su jaula, con una mirada suplicante imposible de ignorar, Kumal, de ocho meses, lleva una vida de encierro. Está bien cuidado en el Centro de Atención y Derivación a donde llegó de apenas dos meses, pero su destino era estar en algún bosque denso del suelo boliviano.

El Diario