En toda su relación, Celinda fue acosada por su expareja

El peluche que se encontraba ayer encima del ataúd blanco de Celinda P. A. es el fiel testigo de todo el acoso que sufrió la joven de 32 años por parte de su expareja Andy Mauricio R. P., durante un noviazgo de ocho meses.

“Él la acosaba todo el tiempo por teléfono. La llamaba hasta a las 2:00. No la dejaba tranquila, no la dejaba ni dormir. En una de esas oportunidades me cansé y le pregunté ¿Qué pasa, por qué te llama tanto?”, contó Yolanda A., madre de la joven que el pasado sábado fue asesinada por su expareja con tres puñaladas en el cuello y el pecho.

Yolanda aseguró que ante ese acoso contante, Celinda decidió terminar la relación con Andy Mauricio 10 días antes de la tragedia. “Mi hija me dijo: ‘Mami, yo voy a arreglar con él. Ya no quiero estar con él. Voy a terminar, porque mucho me molesta, yo trabajo y no tengo tiempo para encontrarme a cada rato como él quiere’”, relató la madre desconsolada.

De ese acoso, no sólo los familiares de la joven se dieron cuenta, sino también los vecinos.

“Celinda era una joven muy tierna, educada y buena persona. Por eso cada vez que la veía salir de casa y nosotros salíamos con auto, le decíamos que se suba para llevarla al centro, pero en el último tiempo ya no nos miraba, estaba cabizbaja y caminaba de miedo”, afirmó una de sus vecinas, quien exigía justicia en la puerta del Palacio de Justicia, donde se realizaba la audiencia cautelar del acusado.

Luego de tres horas de audiencia, el juzgado primero de Instrucción en lo Penal determinó la detención preventiva de Andy Mauricio en el penal de Chonchocoro, acusado por el delito de feminicidio contra Celinda P. A.

La abogada Zuleyka Lanza dijo a ANF que existe un testigo clave en este caso. Se trata de un adolescente de 16 años que habría presenciado el hecho y habría reconocido al ahora imputado.

El lunes, Página Siete informó que la joven de 32 años que ganó una beca a Estados Unidos, fue víctima de feminicidio de parte de su expareja, en la calle Tarija. El hecho sucedió en la madrugada del sábado, luego de una cena de confraternización con sus colegas de trabajo. Ella era ingeniera en sistemas y concluyó su carrera en la Universidad Salesiana de Bolivia.

“Trabajaba en una empresa consultora y a raíz de su esmero, fue que le dieron la beca por un año. Nos llamó y nos contó que ganó la beca y que por eso tenía la cena para que le informen a detalle cómo y cuándo partiría”, relató el papá de la joven, Eduardo P. M.

De acuerdo con su hermano, Yasil P. A., Celinda dijo que retornaría a medianoche, pero luego de esa hora no aparecía. “Comenzamos a preocuparnos. No contestaba su celular. Amaneció y a las 7:00 mi papá recibió una llamada de un hombre que le dijo que apuñalaron a mi hermana. El mundo se nos vino abajo”, contó.

Al principio creyeron que se trataba de una broma, pero después llamaron del hospital de Clínicas para confirmar el hecho. “Ese momento fue indescriptible”, indicó.

La familia recordó con nostalgia el último cumpleaños de Celinda. Fue el 1 de abril. Ella bailó y se divirtió como nunca. “Era muy alegre y muy soñadora. Uno de sus sueños era aprender inglés y cumplió su objetivo. El año pasado terminó esos estudios”, sostuvo su hermano.

Otro de los sueños de Celinda fue el de impulsar un negocio con sus hermanos. “Queríamos tener una empresa de venta de artefactos. Mi hermano mayor debía colocar la tienda, ella debía financiar y yo tenía que vender”, dijo Yasil y aseguró que ahora él se encargará de cumplir el sueño de su “hermanita”.

En el velorio, familiares y amigos exigían la máxima pena para el asesino de la joven. Varios de los asistentes se acercaban y observaban el peluche que se encontraba encima del ataúd de Celinda. “El (peluche) es su fiel amigo, testigo que le acompañará hasta su último momento”, comentó Yasil.

Pagina Siete.