Dueños de casas quemadas viven con el dolor de lo ocurrido y esperando justicia

Los días de furia que precedieron al fraude electoral del 20 de octubre y la renuncia de Evo Morales por ese delito le cobraron al pueblo boliviano, en su conjunto, una dura factura. En el recuento de los daños, aparecen 10 familias que perdieron sus casas porque fueron quemadas por turbas encolerizadas. Recorren esos momentos con su memoria y el resultado es dolor, el deseo de que nadie pase por lo mismo y que la justicia haga su parte.

“Estaban ahí mis hermanas porque ese domicilio no es mío, era patrimonio de mi madre, que en paz descanse. Llamé a mi hermana, a mis sobrinos para que salgan, pero llorando me respondieron: ‘No vamos a salir, esta no es tu casa’. Volví a llamar, les insistí, por favor, que primero era la vida, pero aun así no se retiraron”, rememora Víctor Borda, expresidente de la Cámara de Diputados y dirigente del Movimiento Al Socialismo (MAS).

El 10 noviembre, alrededor de las 17:30, la casa de Potosí donde creció y se alojaba cuando llegaba a esa ciudad fue quemada por una turba. La reacción se dio luego después de que se conociera el ataque de militantes del MAS en Vila Vila, Oruro, a la comitiva de universitarios que partió de Potosí y de Chuquisaca rumbo a la ciudad de La Paz a reforzar las movilizaciones ciudadanas en defensa del voto.

“Ojalá nunca se vuelvan a cometer este tipo de acciones, actos violentos”, expresa aún apesadumbrado. Borda aún no va a Potosí y no interpuso ninguna denuncia por el delito cometido contra la propiedad privada de su familia, pero espera que se tomen acciones. “La vida y la integridad física de las personas son valores supremos que deberían proteger el Estado y la Policía”, dice.

Pero el masista no sólo enfrentó el incendio de la casa donde vivían sus familiares, temiendo por la vida de éstos, también carga con la humillación pública de la que fue objeto su hermano, obligado a caminar desnudo por las calles de Potosí. “Si uno asume una postura política es una actitud por intuito personal, no debe afectar a la familia”, afirma.

Una situación similar vive Waldo Albarracín, rector de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) y miembro del Consejo Nacional de la Democracia. Albarracín está en un posición política opuesta a la de Borda, porque fue una de las personas que encabezó las movilizaciones ciudadanas en defensa del voto y en contra del fraude electoral organizado por el MAS.

“Mi familia y yo salvamos la vida, porque la intención era quitárnosla. Mimetizado, pude ver con impotencia cómo ardía mi casa. El daño moral, espiritual y emocional es muy fuerte y difícil de superar, pero estamos vivos”, expresa.

Albarracín fue Defensor del Pueblo de Bolivia y presidente de la Asamblea de Derechos Humanos y no recuerda haber visto episodios similares a los que vivió en carne propia. Responsabiliza a Evo Morales.

“Un caso de esta naturaleza, de tanto odio, de tanta saña, promovido desde México por Evo Morales, no lo vi. Es un acto de represión política, premeditado, planificado y ejecutado con éxito”, asegura.

Hizo la denuncia respectiva ante las autoridades y hasta el momento se tiene una persona detenida. Considera que es poco lo avanzado, pero tiene la esperanza de que se haga justicia.

“Es poco lo avanzado, porque de 300 o 400 personas que actuaron, que haya un solo detenido, es muestra de lo poco que se avanzó, pero tenemos la esperanza de que la investigación haga justicia y se pueda dar con otros autores materiales e intelectuales de ese crimen”, sostiene.

El mismo domingo 10 de noviembre, después de la renuncia de Evo Morales, una turba llegó a su casa en la zona de Cota Cota, en la ciudad de La Paz, y le prendió fuego. Se enteró de las intenciones –de la que llama “horda de delincuentes contratados por el MAS”– cuando estaba en una reunión que buscaba la pacificación de Bolivia y hallar una salida al vacío de poder que dejó Morales al renunciar a su cargo.

“La misma horda que quemó los buses PumaKatari ahora se dirigía a mi casa. Tuve que abandonar la reunión para dirigirme allá. Cuando llegué, la horda aún no había llegado, me acompañaban unas 30 personas, amigos, pero un número insuficiente para contrarrestar a unas 300 a 400 personas”, cuenta.

Logró poner a buen recaudo a su esposa, hijas y a sus mascotas. Sus hijos varones y amigos se quedaron en la vivienda mientras Albarracín salía a buscar ayuda policial. No tuvo éxito, los policías estaban replegados. Cuando regresaba a su domicilio, sin ayuda, recibió una llamada telefónica de sus hijos: la turba había llegado a su domicilio y comenzaba a quemarlo.

La periodista Casimira Lema

Esa misma noche, minutos después y en la misma zona de Cota Cota, en La Paz, otra familia era víctima del mismo acto criminal similar, la familia de la periodista Casimira Lema, quien trabaja en el canal de la UMSA.

El abogado Gabriel Quiroga, defensor de la periodista, señala que se maneja la hipótesis de que la misma turba que quemó la casa de Albarracín incineró la de la periodista, por lo que analizan la posibilidad de formalizar una denuncia contra las mismas personas.

“Las personas que vieron el ataque declararon que en la turba que entró a quemar y destruir los bienes de Casimira había gente que llevaba bolsas de pañales desechables. Asaltaron Farmacorp, después atacaron los PumaKatari, luego la casa de Waldo Albarracín y terminaron su ruta criminal en el domicilio de Casimira”, declara el jurista.

La periodista no se encontraba en su vivienda y logró que sus hijos no llegarán a la misma. “La intención era matarla, las personas entraron con esa intención. No dejaron un cristal sin romper, sacaron los muebles y los quemaron en la calle”, añade el abogado.

Pero estas personas no son las únicas que después del fraude electoral perpetrado el 20 de octubre vieron arder sus casas y parte de sus historias de vida. También están César Navarro, exministro de Minería; Víctor Hugo Vásquez, exgobernador de Oruro, Félix Martínez, exsenador del MAS, y Omar Aguilar, parlamentario de ese mismo partido.

También se cuentan entre las víctimas a la alcaldesa de El Alto, Soledad Chapetón, y a Nelson Condori, representante de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia.

Soledad Chapetón, alcaldesa El Alto

El 19 de noviembre, un grupo de personas se presentó en la casa de la autoridad y procedió a destruirla y a prenderle fuego. Los vecinos lograron apagar las llamas.

César Navarro, exministro del MAS

El 10 de noviembre, la casa de César Navarro de Potosí fue incendiada. El entonces ministro denunció el crimen, dijo que su sobrino fue tomado como rehén y renunció.

Nelson Condori, dirigente Csutcb

El dirigente campesino reprochó a Evo Morales por el fraude electoral cometido el 20 de octubre; el 14 de noviembre su casa en Guaqui era saqueada y quemada.

Víctor H.Vásquez, exgobernador

Víctor Hugo Vásquez fue responsabilizado de la emboscada del MAS a la comitiva de Potosí y Chuquisaca. Su casa fue quemada el 9 de noviembre y renunció a la gobernación de Oruro.

Omar Aguilar, senador del MAS

En Chuquisaca, el 9 de noviembre, la casa de Omar Aguilar ardió en llamas. El parlamentario pidió días antes nuevas elecciones sin Evo Morales ni Carlos Mesa.

Félix Martínez, exsenador del MAS

En San Julián, Santa Cruz, el 9 de noviembre, un grupo de gente atacó la vivienda de Félix Martínez y la redujo a cenizas. Martínez dijo que huyó al monte para salvar su vida.

Testimonios

víctor borda
DIPUTADO DEL MAS

Era la casa de mi madre, que murió

“Ese domingo estaba en La Paz. A las 11:45, aproximadamente, recibí la llamada desde Potosí, de mi prima desesperada, que casi llorando me pedía que por favor le diga a mi familia que salga de la casa. No querían hacerlo pese a que un grupo de personas se dirigía ahí, gritando que quemarían la casa. Llamé inmediatamente. Estaban ahí mis hermanas, porque ese domicilio no es mío, era patrimonio de mi madre, que en paz descanse. Llamé a mi hermana, a mis sobrinos, para que salieran, pero llorando me respondieron: ‘No vamos a salir, esta no es tu casa’. Volví a llamar, les insistí que primero era la vida, pero aun así no se retiraron. Llegó la marcha, prendieron fuego al portón de madera de ingreso y fue por efecto del humo que mis familiares tuvieron que salir.

Las personas intentaron forzar el portón, abrirlo, lo incendiarion. Entraron y colocaron un cachorro de dinamita en los cuartos que yo habito y le prendieron fuego a la casa, donde había gas, y otros elementos que pudieron haber explotado y provocado un problema mayor. Además, al lado de la casa, siempre hay una cisterna con gasolina del vecino, estacionado en la calle. Felizmente los vecinos lograron sofocar el fuego.

Posteriormente, se dirigieron a la casa de mi hermano, también la quemaron, y tengo entendido que tomaron a mi hermano de rehén, le quitaron la ropa y lo llevaron caminando de un lugar a otro. Primero a la terminal de buses, lo querían llevar a Oruro, donde había enfrentamientos, para usarlo como escudo, pero como no había flota, lo arrastraron a otro lugar. En ese momento me llamaron su esposa y sus hijos, pidiéndome que por favor renuncie porque la vida de mi hermano estaba en serio peligro. Por eso asumí la decisión de renunciar como Presidente de la Cámara de Diputados. Llamamos a la Policía, pero nadie nos hacía caso, hasta que a las 17:30, aproximadamente, gracias a la intervención de algunas personas y sacerdotes, soltaron a mi hermano, que estaba en la plaza, desnudo, agredido”.

waldo albarracÍn
RECTOR DE LA UMSA

Mimetizado, vi cómo ardía mi casa

“ Después de la renuncia de Evo Morales, iniciamos una marcha desde la Universidad Mayor de San Andrés hasta la plaza Murillo. Al final de la tarde, la Iglesia Católica convocó a una reunión para pacificar el país y asistí. En medio encuentro, recibí una llamada que me informó que hordas vinculadas al MAS y a Evo Morales marchaban con la consigna de quemar los buses PumaKatari, en Chasquipampa. La situación me preocupó y enseguida recibí una segunda llamada que me decía que la misma horda que había quemado los buses ahora se dirigía a mi casa. Tuve que abandonar la reunión para dirigirme a mi domicilio. Cuando llegué, la turba aún no había llegado, me acompañaban unas 30 personas, amigos, pero insuficientes en cantidad para contrarrestar a unas 300 a 400 personas violentas.

Puse a buen recaudo a mi familia, especialmente a mi esposa, a mis hijas y a mis perritos. Los varones nos quedamos junto a las personas solidarias que me acompañaron. Como vi que ese número de personas sería insuficiente corrí a buscar ayuda policial, que lamentablemente no encontré. La Policía había sido replegada. Mientras regresaba a mi casa me llamaron para informarme que la horda había llegado por dos direcciones, generando pánico y terror, con dinamita en mano. Mis hijos y las personas que estaban en la casa salvaron la vida saltando por la pared a las viviendas contiguas.

Me sugirieron que no llegara a mi casa, pero lo hice y, mimetizado, pude ver con impotencia cómo ardía. En esas circunstancias advertí la presencia de Jesús Vera.

Después de que abandonaron mi domicilio en llamas, fuimos a buscar ayuda de Bomberos, pero apedrearon el vehículo para que no nos auxiliara. Así el fuego consumió toda mi vivienda. Cuando pude encontrarme con mis hijos me contaron lo que escucharon: los atacantes tenían la intención de quemarme vivo”.

Pagina Siete.

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