Bolivia pasó de la bonanza al declive de ingresos

El éxito de la balanza comercial tuvo su pico más alto en 2012, pero a partir del 2015 se experimentó un severo declive en las exportaciones del país.

Pese al exitismo de hace algunos años del Gobierno que avizoró que Bolivia se convertiría en una potencia económica, las cifras duras reflejan que en la última década el país pasó de la bonanza económica, producto de superávits comerciales y fiscales al declive de sus ingresos.

Sin embargo, las cifras reflejan que en la última década el país pasó de la bonanza económica, producto de superávits comerciales y fiscales al declive de sus ingresos.

Según el Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), en 2008 el país logró un superávit comercial de $us 1.833 millones. El éxito de la balanza comercial tuvo su pico más alto en 2012, cuando se logró un saldo positivo, entre exportaciones e importaciones, de $us 3.233 millones. El boom siguió en 2013 ($us 2.862 millones) y 2014 ($us 2.371 millones), años dorados para el comercio exterior boliviano.

Pero 2015 fue el inicio de un período de declinación progresiva. En esa gestión, el país registró un déficit comercial (las importaciones superaron a las exportaciones) por $us 959 millones menos.

La senda negativa en este sector siguió en 2016 ($us 1.287 millones menos) y trepó a lo más alto en 2017, cuando la balanza descendió a $us 1.302 millones menos.

Para el 2018, las cosas no cambiaron y los números rojos alcanzaron los $us 1.077 millones menos. Sobre el tema se consultó al Ministerio de Economía y Finanzas, y desde esa cartera de Estado indicaron que no contestarían.

DÉFICIT FISCAL

Con la reducción de las exportaciones, los hidrocarburos –que representan más del 50 % del total– fueron las más afectadas. En 2008 sus ventas externas llegaron a $us 3.549 millones y crecieron hasta 2013 ($us 6.683 millones) y 2014 ($us 6.675 millones).

A partir de 2015 se redujeron de $us 4.033 millones a $us 3.141 millones en el 2018. Esta caída se debe a la baja cotización del petróleo que pasó de $us 150 el barril a los $us 53.

Pero el Ministerio de Hidrocarburos aseguró que la renta petrolera al primer trimestre de este año fue $us 1.118 millones, superior al mismo período de 2018. La política fiscal (ingresos y gastos del Estado) es otra variable que cambió en la última década.

El resultado fiscal de 2008, según datos del Ministerio de Economía, arrojó un superávit de Bs 3.916 millones ($us 562,6 millones).

La situación cambió en 2018, asegura René Martínez, especialista en presupuesto de la Fundación Jubileo, citando cifras oficiales, detalló que, en 2018, el déficit fiscal se disparó a los Bs 22.670 millones menos ($us 3.257 millones).

Para este año, el Presupuesto General del Estado (PGE) proyecta otro déficit fiscal de Bs 23.313 menos ($us 3.349 millones).

Para Martínez, estas cifras reflejan el crecimiento del gasto público, que se empezó a disparar desde 2014 y se profundizó a partir de 2015 por la reducción de los ingresos del país. “Los déficits superaron los superávits que se lograron”, aseguró.

A criterio de Martínez, el Gobierno optó por endeudarse para cubrir los ‘huecos’ que dejan las bajas recaudaciones estatales.

El economista Jaime Dunn explicó que durante su gestión el Gobierno basó su crecimiento en la demanda interna. Con este modelo lo importante, según el especialista, es mantener elevada la inversión pública, incluso incrementando los niveles de deuda.

En julio, el Ministerio de Economía informó que el saldo de la deuda externa pública en 2018 alcanzó los $us 10.177,9 millones que representa el 24,9 % del PIB.

Según ese ministerio el porcentaje está debajo del 52 % que había en 2005 y lejos de los límites referenciales fijados por organismos internacionales, por lo que el endeudamiento es sostenible.

AJUSTE DEL MODELO

Haciendo un balance de la última década, Ibo Blazicevic, presidente de la Cámara Nacional de Industria (CNI) sostuvo que en promedio la economía (4,8 %) creció más que la industria manufacturera (4,4 %). “Se creció por la expansión del sector primario exportador (hidrocarburos y minería) vinculado a los precios internacionales”, precisó.

Blazicevic dijo que lo positivo fue la generación un superávit comercial que trajo una mayor demanda de bienes industriales.

Y lo negativo fue el masivo contrabando, lo excesiva tramitología en entidades públicas, la inflexible política laboral, los incrementos salariales, la mayor presión fiscalizadora en el área tributaria y la ausencia de incentivos fiscales para la inversión privada industrial. “Así, la industria pierde competitividad frente a las importaciones industriales”, aseguró.

Para el 2019 la CNI prevé que el PIB industrial llegue a un 4 %. Pero a mediano y largo plazo, estima una desaceleración, si no se ajusta el modelo y se crean condiciones para la inversión.

En esa línea, Oswaldo Barriga, presidente de la Cámara de Exportadores de Santa Cruz, sostuvo que en el país no hay crecimiento sostenido por diversas razones como el tipo de cambio, las restricciones a las exportaciones, el control del mercado interno o “la no implementación de biotecnología en el agro”.

El empresario aseguró que el sector marchaba muy bien cuando los precios estaban altos, pero ahora en un escenario difícil a escala global “el Gobierno tiene que sentarse a analizar esto y no vanagloriarse de lo que fuimos por el gran crecimiento que tuvimos desde el 2006 en adelante”.

El Diario

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