Bayern Múnich sella su séptima Bundesliga

El Allianz Arena dijo adiós a una época, la liderada por el holandés Arjen Robben y el francés Franck Ribery, que se despidieron de su periplo en el Bayern Múnich con la consecución del séptimo título consecutivo de la Bundesliga, gracias a la goleada por 5-1 ante el Eintracht Francfort que le permitió ignorar lo que ocurrió en los otros estadios.

Fue el título más emotivo de los últimos años para el Bayern. No solo por la tensión de resolver la Bundesliga en la última jornada sino también por la despedida de dos jugadores que han marcado la última década y que lograron cada uno un gol el día de su adiós.

El Bayern salió en tromba. En el minuto 4, a pase de Thomas Müller desde la media punta, el francés Kingsley Coman abrió el marcador con un remate al segundo poste dentro del área.

El Bayern generó una ocasión tras otra. El austríaco David Alaba en el minuto 9, el polaco Robert Lewandowski en el 13 y Thomas Müller el 31, se encontraron con grandes paradas de Trapp.

En el 26 un gol de Serge Gnabry fue anulado por el VAR por milimétrico fuera de juego de Lewandowski.

Al comienzo de la segunda parte, como de la nada, vino el empate parcial, por medio de Sebastian Haller, tras un saque de esquina en el minuto 50.

Pero el Bayern, aunque sabía que el Borussia Dortmund ganaba en Mönchengñadbach y que una derrota podía dejarlo con las manos vacías, no mostró nervios.

En el 53 Alaba volvió a poner en ventaja al Bayern después de aprovechar un rebote tras un remate de Müller. Cinco después, el portugués Renato Sanches, en una jugada individual, hizo el tercero y el estadio ya empezó a celebrar el título. El luso corrió hasta el banquillo para celebrar su gol con los tres jugadores que se van: Rafinha, Robben y Ribery.

A la hora de juego saltó al campo Ribery, por Coman, quien lo abrazó en la línea. En el palco el presidente del Bayern, Uli Hoeness, no pudo contener las lágrimas de la emoción. A continuación, fue el momento de Robben que sustituyó a Gnabry.

En el 72 Ribery dejó la fiesta en un estado casi perfecto, tras bailar media defensa del Eintracht en el área y marcar con una vaselina. El francés corrió a la tribuna, se quitó la camiseta, todo el equipo celebró con él.

Cuando el árbitro le iba a mostrar la tarjeta amarilla, por quitarse la camiseta, también lo abrazó y el árbitro aceptó el abrazo. Después, Robben, a puerta vacía y a pase de Alaba, también hizo su gol.

El estadio, a partir de determinado momento, empezó a corear gritos de apoyo al entrenador Niko Kovac que ha tenido que enfrentar en su primera temporada el curso más difícil para el Bayern en los últimos años. Kovac, emocionado, empezó a llorar.