Baja renta, más subsidio y caída de la producción afectan al gas

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La baja renta petrolera, el incremento de los recursos destinados a la subvención de los combustibles y la caída en la producción gasífera configuran un escenario adverso en 2020 para el negocio del gas en Bolivia, según datos oficiales del Ministerio de Hidrocarburos.

De acuerdo con el reporte de la rendición de cuentas final 2019 e inicial 2020 de esa cartera de Estado, con datos a noviembre del año pasado, se sabe que la renta petrolera alcanzó 1.840 millones de dólares; en 2018, por ese mismo concepto se percibió 2.281 millones de la divisa extranjera.

El recorte de los ingresos se debió en gran medida a la caída de la producción de gas natural, que cerró el año pasado en 45,1 millones de metros cúbicos día (MMmcd), un volumen inferior al alcanzado en 2018, con 51,2 MMmcd (revisar infografía).

“La producción fiscalizada de gas natural registra una tendencia creciente hasta 2014, cuando se ve un valor máximo en los últimos 20 años con 59,64 MMmcd. A partir de 2015, los registros de producción van decreciendo, siendo que al cierre de la gestión 2019 se alcanza una producción de 45,1 MMmcd”, se explica en el documento de Hidrocarburos.

En el caso de la producción fiscalizada de líquidos, se indica que está ligada a la producción de los campos petroleros, que va en decrecimiento por su relación con la extracción de gas natural, al que está asociado el condensado junto con la gasolina natural.

Es así que en este ámbito se registra un descenso desde 2014, cuando se tenía una producción promedio de 63.000 barriles por día (BPD), hasta caer a 45.000 BPD al cierre de 2019.

En ambos casos, el decrecimiento se explica por el agotamiento de los campos en producción San Alberto, Sábalo y Margarita, entre otros, pero también por no haber encontrado nuevas reservas que reemplacen a las anteriores; es decir, “por falta de inversión en la fase de exploración y sólo apostar a la explotación”, dijo el miércoles el ministro Víctor Hugo Zamora.

Ante ese panorama, advirtió que para este año el negocio del gas boliviano será “complicado” por el alto riesgo de incumplimiento de los contratos con los mercados de Argentina y Brasil.

La subvención

El año pasado, los recursos destinados al subsidio de los combustibles superaron los 300 millones de dólares, se detalla en el informe del ministerio.

De enero a diciembre de 2019, Bolivia importó un promedio de 73% de diésel oil y un 38% de gasolina, del volumen total comercializado en el mercado interno.

En consecuencia, el Ministerio de Hidrocarburos decidió que para contrarrestar el gasto, además de las inversiones que se destinarán a la exploración de nuevos campos petrolíferos, se adoptará como política del Gobierno acelerar la producción de etanol anhidro y suscribir nuevos contratos con el ingreso de nuevos participantes al negocio, que ayuden a incrementar la producción de este aditivo para la mezcla con gasolina natural.

Zamora indicó que este año se tiene planeado que YPFB incremente de forma considerable los volúmenes retirados de etanol anhidro producido en los ingenios del oriente, lo que beneficiará a las industrias del ramo y a las familias productoras de materia prima, lo que permitirá bajar de manera gradual la subvención de combustibles líquidos.

“Tomando en cuenta que una mayor importación de diésel oil e insumos y aditivos representa una mayor subvención para el Estado, se está estudiando la factibilidad técnico-económica para la importación de petróleo crudo por medio de ductos u otras modalidades para ser procesado en refinerías”, se especifica en la Rendición de Cuentas.

El documento agrega que para este año se continuará con las conversiones de vehículos a gas natural, con la finalidad de reducir el costo de la subvención.

Las metas planteadas son de 25.264 transformaciones en el sector público-privado, y 126 en el estatal, y la recalificación de 51.600 cilindros de GNV.

A estos factores se debe añadir la falta de inversiones en exploración y la declinación de campos, que hicieron que la producción de condensado de las refinerías Gualberto Villarroel, Guillermo Elder Bell y Oro Negro haya cerrado 2019 con una producción del 33% de su potencial.

Punto de vista
Álvaro Ríos, exministro de Hidrocarburos

El panorama será más adverso

Los número nos muestran que en 2019 hubo una exportación cercana a los 2.000 millones de dólares y las importaciones de diésel y gasolina están en 1.600 millones de dólares, lo que significa que nuestro superávit energético o la balanza comercial se ha reducido de 4.000 millones, en 2014, a 400 millones de dólares.

Esta situación es preocupante y no va a cambiar en 2020; es más, creo que tenderá a empeorar debido a que el contrato con Brasil será por menor volumen; además, la producción de gas es menor y a esto se suma que los precios de venta también apuntan a sufrir algún ajuste a la baja.

Pagina Siete.

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