«Solo pido a Dios más años de vida para cuidar a mis nietos», el anhelo de dos abuelos de huérfanos de feminicidio

“¿Cuándo va a regresar mi mamá?, abuelita”, le pregunta Aisha de cuatro años a María M. de 67 años. “Ya hemos hablado, hijita”, le responde con cariño, pero la niña vuelve a insistir y esta vez su abuela la abraza, le regala un beso en la frente y limpia las lágrimas que mojan su pequeño rostro. “Las wawas extrañan a su mamá”, dice con los ojos llorosos, mientras consuela a su nieta que llora la ausencia de su madre Isela de 29 años, asesinada a golpes por su pareja Rolando Ch.hace más de una semana.

Los ojos de María están rojos de tanto llorar por la muerte de su única mujer. Relata que junto a su esposo Romaldo P. de 78 años procrearon siete hijos, pero solo dos sobrevivieron a quienes cuidaron con amor y esmero. El mayor radica en Santa Cruz e Isela vivía cerca a sus progenitores en la zona Santa Rosa de Tiji del macrodistrito Periférica en la urbe paceña.

“Era muy trabajadora, estaba en una empresa de limpieza y todo el sacrificio que hacía era por sus dos wawitas, pero me la han matado ese Rolando, a él lo ha conocido hace un año, parecía bueno, pero le había sabido pegar a mi hija. Ella no nos decía nada, se aguantaba”, llora María.

El último día que vio con vida a su hija fue la madrugada del jueves 22 de septiembre. Ese día María y Romaldo como de costumbre se alistaron para ir a vender a la feria en El Alto e Isela los sorprendió con una llamada telefónica y les ofreció llevarlos en el vehículo de su pareja hasta su puesto de venta. Se encontraron alrededor de las 05:00 de la mañana. En el trayecto, la joven reflejaba entusiasmo y estaba ansiosa por regresar a su hogar ya que debía preparar el desayuno para su hijo mayor Dylan de 10 años y llevarlo al colegio.

“Esa mañana, mi hija estaba tranquila, estaba preocupada por su hijito, tenía que mandarle al colegio y de El Alto antes de las 08:00 se han regresado. Estaban bien los dos (Isela y su pareja), les he visto reír, estaban bien, no estaban peleados”, afirma y dice que hasta ahora no se explica cómo Rolando pudo flagelar a su hija hasta quitarle la vida y dejar a sus dos nietos en la orfandad.

Al anochecer de ese jueves, ambos adultos mayores decidieron retornar a su hogar y en el camino hacia su casa vieron a Rolando salir con su vehículo. No se saludaron, ellos pensaron que estaba yendo a trabajar como taxista, ya que ese era su oficio. Cuando ingresaban a su vivienda, uno de los vecinos alertó a María y le dijo que Isela estaba en malas condiciones y fue traslada al hospital por su pareja. Se sorprendieron y llamaron al hombre a su celular, pero nunca les tomó la llamada.

“Ese rato que lo estamos viendo (a Rolando), le ha debido estar llevando al hospital en su taxi, pero ni siquiera nos ha avisado nada. Mi vecino me ha dicho ‘Ay doña María, la Isela todo mal estaba, harta sangre estaba botando por su boca’ Nos hemos asustado harto, incluso le había dicho (al vecino) ‘parece que ha tomado veneno, no se mueve desde mediodía’, sin embargo él había pegado harto a mi hija desde la mañana. Mi nietita ha visto todo y me dicho ‘abuelita, el Rolando le ha matado a mi mamá’”, agrega.

Romaldo, el padre de Isela, desesperado salió al día siguiente a buscarla por varios hospitales, primero fue a La Merced, Arco Iris sin éxito. Su última esperanza fue el Hospital de Clínicas y ahí uno de los médicos le preguntó el nombre completo de su familiar y a los pocos minutos le dijeron que su hija había fallecido a causa de fuertes golpes que había recibido. No lo podía creer y quiso entrar a la sala, pero se lo impidieron. Rogó a los profesionales en salud y por ellos se enteró que un “taxista” supuestamente había “auxiliado” a su hija llevándola hasta ese nosocomio.

Descubrió que Rolando, el agresor y pareja de su hija, se hizo pasar como taxista para abandonar a Isela en el Hospital y luego darse a la fuga. Desde ese día, los ancianos no hallan consuelo. Recién el viernes lograron recoger el cadáver de la joven y el domingo le dieron el último adiós en el Cementerio General.

“Más años de vida y salud”es el único deseo que tienen María y Romaldo para proteger y educar a sus dos nietos que quedaron en la orfandad. Hace dos años, los niños también perdieron a su padre biológico en un accidente laboral e Isela era todo lo que tenían.

“Mis nietitos están tristes, pensativos. La pequeña me pregunta por su mamá, el mayor sabe todo lo que ha pasado, sabe que su mamá no va a regresar y anda triste nomás. No sabemos cómo consolarles, a veces lloramos los cuatro. No sé qué va a pasar con mis nietitos, nosotros estamos enfermos, ya somos de edad”, dice María.

El mayor temor de los abuelitos es dejar desprotegidos a los hijos de Isela. Pero, la situación es aún más dramática para la familia que solo se sostiene de la venta de monederos, billeteras y carteras que ofrecen en la feria de El Alto los jueves y domingos, mientras que los sábados ambulan por el mercado Rodríguez.

“Mi esposo ya no puede trabajar, estamos mal, ya no podemos caminar (…) Antes éramos jóvenes y trabajábamos, ahora voy a necesitar ayuda para mis nietos (…) No quiero sufran, nosotros nos vendemos en las calles, pero a veces ya no podemos ambular y la venta ha bajado harto desde la pandemia”, dice María.

Llorando, don Romaldo implora ayuda a las autoridades para encontrar justicia por la muerte de su única hija mujer. A él también le preocupa el futuro de sus pequeños nietos, Aisha y Dylan.

“Solo pido a Dios que no preste más años para verlos crecer a mis nietitos. Me da miedo porque estoy mal, ya no puedo caminar cómo antes y no quiero dejarlos solos, ellos ya han sufrido mucho”, dice mientras abraza Dylan.

También súplica a lo población que si lo ven vendiendo en las calles le compren su mercancía porque el recurso que genere será para sostener a sus nietos.

“Tenemos monederos, billeteras, riñoneras, carteras desde cinco bolivianos. Estos productos recibimos para vender y algunos los costuramos nosotros en la casa”, cuenta Romaldo mientras confiesa que de muy joven se dedicó a la costura, pero ahora por problemas en la visión que lo están afectando en los últimos años ha dejado de producir.

En un “buen día” logran recaudar entre 200 a 250 bolivianos, pero a veces solo venden un valor de 50 bolivianos. “Desde la pandemia ya no hay mucha venta y eso nos preocupa porque ahora vamos a necesitar vender más. Antes ambulaba por diferentes lugares con mis productos, pero ahora no puedo, ya uso bastón”, dice afligido el abuelito.

Detención preventiva

El Ministerio Público logró detener a Rolando Ch. de 33 años y determinaron su detención preventiva en el penal de Chonchocoro por la muerte de Isela. De acuerdo al fiscal Cristian Copa, existen suficientes indicios para demostrar que el hombre es el autor del feminicidio de la joven.

La autopsia médico legal realizada por el Instituto de Investigaciones Forenses (IDIF), Isela falleció por lesión de centro encefálico superiores hematoma subdural, traumatismo encefálico cerrado y policontusiones.

Según el registro de la Fiscalía General del 1 de enero al 20 de septiembre de esta gestión se reportaron 66 feminicidios, La Paz encabeza la lista con 24 asesinatos, Santa Cruz 18, Cochabamba nueve, Tarija seis, Potosí cuatro, Beni dos, Chuquisaca dos, Oruro uno y Pando no reporta casos.

¿Por qué las agresiones son más fuertes en La Paz?

Ante el número elevado de feminicidios en la sede de Gobierno, la presidenta del Colegio de Psicólogos de La Paz, Verónica Alfaro,considera que esa situación se debe a los constantes conflictos sociales o políticos que se viven en la urbe tanto así que la población “normaliza” la violencia y los enfrentamientos entre unos y otros.

“Vemos que el índice de mayor casos de feminicidios es en La Paz, ¿qué está pasando? Tal vez se deba que estamos acostumbrados a la violencia que se ejerce entre todos porque aquí se encuentran los poderes estatales. Estamos acostumbrados a las dinamitas, petardos, a las agresiones entre unos y otros. Esas cosas no son hechos generales ni aislados porque cuando se normaliza la violencia se ejerce donde sea y cuando algo no resulta bien por ejemplo en el tema de parejas se desata conductas violentas”, dice.

La especialista agrega que también se debe reflexionar desde la parte social-cultural en las familias que muchas veces “encubren” o “naturalizan” la violencia.

“A veces para resolver la violencia, las parejas recurren a los padrinos, la familia y a veces les dicen ‘aguántale nomás’, ‘así son los matrimonios’ o ‘pedí perdón” y esas son las soluciones que dan desde la parte social y cultural lo que ocasiona que agresores se sientan con el poder de ejercer la violencia.”, indica a tiempo de remarcar que los celos y el consumo de alcohol son otros de los factores detonantes para que ocurra el crimen.

Alfaro considera que no se trabaja en políticas para prevenir el maltrato hacia la mujer ni se dan la ayuda necesaria las víctimas que tienen que peregrinar para poner denuncias contra su agresor. En referencia a los huérfanos del feminicidio, la psicóloga forense considera que urge programas para apoyar a los niños de quienes dice se afecta su “normal desarrollo”.

En las últimas semanas se han reportado casi a diario casos de feminicidios en territorio nacional y que alarman a los colectivos que defienden los derechos de las mujeres. La activista de Mujeres de Plata Evelyn Callapino lamenta la inacción del Gobierno frente a los asesinatos. “No hacen nada para frenar los asesinatos, todas sus leyes, sus comisiones son pura pantalla”, cuestiona.

ANF

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