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Ser rebelde, liberarse y descubrir la luz, los colores y matices del mundo

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“Lo que más me gusta es poder usar esta blusa”, es la respuesta de la boliviana menonita Anna Wieler cuando se le pregunta qué es lo que más disfruta de la vida en Hacienda Verde, en San José de Chiquitos de Santa Cruz. Hace seis meses huyó de la colonia radical Nueva Esperanza con su novio Peter, con quien se casó y se refugió en esa comunidad.

Mientras da esa respuesta, la joven de 20 años acaricia con la mirada la blusa blanca con lentejuelas color cristal que viste. La estira suavemente y nos la muestra a quienes estamos con ella en su hogar: una habitación color rosa en Hacienda Verde.

Anna no habla español, se expresa en alemán bajo. El pastor evangélico William Kehler, también menonita, es su intérprete.

¿Por qué le gusta tanto la blusa?, es la siguiente pregunta obligada de Página Siete para la joven.

“Porque en la colonia sólo podía vestir de oscuro”, responde.

Su esposo Peter la mira y sonríe hasta con la mirada cuando escucha sus respuestas, sentado en esa pieza donde las paredes están pintadas de rosado claro y las cortinas y la colcha de la cama son del mismo color.

Anna y Peter son dos bolivianos menonitas “rebeldes” más que se declararon libres en Bolivia. Se sumaron a los más de 8.000 que desde inicios de los años 90 decidieron reclamar su derecho a decidir y organizaron en al menos 17 comunidades como Hacienda Verde y Villa Nueva.

Encontraron el cobijo y el apoyo que necesitaban en la comunidad, donde hay más personas que como ellos que se atrevieron a ver más allá del blanco y negro y elegir los colores del mundo.

Los jóvenes esposos viven en ese dormitorio rosa donde hacen planes. Él para seguir trabajando y ella, para estudiar. En la colonia Nueva Esperanza esa posibilidad no existía.

Aprender es algo que a Anna le gusta tanto o más que la blusa con lentejuelas. Es que cada vez que le enseñan lo hacen en alemán bajo. Está emocionada con las lecturas de la Biblia en el idioma que habla desde niña. “Ahora puedo entender todo”, afirma.

Ahora también opina, y lo hace en voz alta. A veces incluso interrumpiendo al pastor Kehler y a su esposo. “Ahora tengo permiso para hablar fuerte”, le dice al pastor en alemán bajo. En la colonia Nueva Esperanza estaba siempre callada y triste, sostiene. Añade que las reglas y prohibiciones sólo le permitían tener “algunas horas de felicidad, la mayor parte del tiempo estaba triste”.

Por su lado, Peter se siente aliviado porque ya no está presionado por las prohibiciones.

“Ya no hay presión y Anna y yo estamos juntos. Cuando se quiere vivir diferente en la colonia hay mucha presión, era imposible vivir así”, dice el joven de 22 años que habla algo de español, pero también necesita que el pastor Kehler le traduzca.

Peter tiene nueve hermanos que igual que él nacieron en Nueva Esperanza, pero con él cinco salieron a Hacienda Verde. Los otros cuatro aún viven en la colonia. En el caso de Anna, que tiene nueve hermanos (cinco mujeres y cuatro varones) todos siguen en Nueva Esperanza. Por ahora ella no puede acercarse a ellos. La vez que lo intentó fue retenida junto a Peter por más de ocho horas.

“Ahora quéjate a la prensa”, le decían a Peter, haciendo referencia a Página Siete que en diciembre de 2021 publicó la historia de su huida con Anna de la colonia para casarse y declararse libres.

Desde que están en Hacienda Verde, Peter trabaja en un taller de metalmecánica y Anna limpia casas. Tienen una moto en la que van donde deciden.

En la comunidad hasta el momento viven al menos 75 familias, unas 300 personas. Hacienda Verde se suma a Villa Nueva, Nueva Estrella, Concepción, Santa Rosa de Roca, Guarayos y Brecha Siete, entre otras, en las que los menonitas se declararon libres y tienen como prioridad la educación para sus hijos.

Apoyo emocional

“Soy de la Misión Evangélica Menonita y nuestra prioridad es ayudar a los menonitas que quieren liberarse para elegir su fe y quieren estudiar. Tengo mucho apoyo de mis iglesias de Canadá, Estados Unidos, México, Paraguay y Bolivia. Para comprar estos terrenos nos prestamos más de 3 millones de dólares de personas que tienen el corazón para ayudar. Tenemos deudas pero ya no muchas, porque invertimos el dinero de la venta de algunas tierras”, afirma el pastor William Kehler al explicar cómo existe Hacienda Verde.

Kehler es un líder religioso menonita que desde que se declaró libre, hace más de 30 años, está dedicado a ayudar a los que -cómo él hizo un día- salieron de la colonia. Vio a muchos menonitas destruidos moralmente y emocionalmente. Su trabajo en Hacienda Verde es, inicialmente, darles contención emocional.

“Si tienen la excomunicación no tienen esperanzas y muchos llegan en un estado de depresión profundo. En la colonia los jefes saben todo y tú nada, entonces no tienes valor. Por eso muchos varones beben y las mujeres consumen antidepresivos”, dice.

Explica que generalmente se encuentra con dos tipos de menonitas: los que llegan hasta sin dignidad a Hacienda Verde y los que tienen una autoestima demasiado grande.

“A los primeros es muy difícil de animar porque atraviesan por una depresión profunda. Se sienten sin valor, pobres, sin dinero, sin amigos, hasta feos. A una persona que no tiene ningún valor en su vida es muy difícil animarla. Muchas de estas personas no tienen ni dignidad, lo que no implica orgullo, sino sentir que se siente valor; eso me duele mucho”, indica Kehler

“El otro menonita es el otro extremo. Tiene una autoestima a veces demasiado grande, sin control, y cuando ya no tiene contra qué rebelarse, a veces es un conflicto. Por ejemplo, si tienen ganas de tomarse una cerveza, yo no se los aconsejo, pero les digo: ‘Adelante’. Entonces no tienen razón de confrontar conmigo. Luego hablamos de hombre a hombre”, comenta.

¿Y de qué habla el pastor Kehler “de hombre a hombre” con los menonitas que llegan a él?

“Todos necesitamos una razón de vida, tener metas y una visión. Para tener una vida plena necesitamos amor, primero por nosotros mismos. Luego necesitamos tener una vida social y también dinero. De eso hablo y sobre todo, de no tener miedo, de no temerme a mí como pastor”, responde.

Tiempo ocupado

Kehler considera que la persona que tiene el tiempo ocupado no le da espacio a su mente para los pensamientos negativos. Por eso en la comunidad Hacienda Verde, además de una amplia escuela con su biblioteca y sala de computadoras, los menonitas que llegan al lugar pueden disfrutar de un salón de música, una cancha de fútbol, piscina, un coliseo para eventos y otros espacios para el esparcimiento. Todo con un marco natural de 6.000 hectáreas que tiene hasta una laguna.

“No tenemos casi ningún problema con el alcohol; no es necesario, tenemos tanto para ocupar el tiempo”, afirma Kehler.

Enseñanza boliviana

Si hay algo en Hacienda Verde que satisface profundamente a William Kehler es la escuela que hace seis años implementaron. “Nuestros bachilleres tienen libretas para ingresar a cualquier universidad de Bolivia”, destaca.

En 2021, Anna y Helena Schlamp, que salieron de la colonia radical Nueva Esperanza, igual que Anna y Peter Wieler, se convirtieron en las primeras bachilleres de la unidad educativa. Una decidió ir a estudiar medicina a Paraguay. La otra también optó por el estudio pero también decidió casarse.

El director de la escuela, Daniel Rivera, señala que aplican la malla curricular boliviana, complementada con materias como ganadería y agricultura, cualidad productiva de los menonitas. Añade que la educación es en español, inglés y alemán bajo.

El deporte, que en las colonias radicales está prohibido, en Hacienda Verde es una asignación fundamental. “En la colonia se prohíbe el deporte porque se considera que los choques y roces corporales pueden ocasionar conflictos y peleas, pero no consideran que también puede desarrollar disciplina y autocontrol. Por eso en Hacienda Verde lo primero que trabajamos con los estudiantes es el deporte y descubrimos que tenemos grandes talentos”, comenta.

“Les enseñamos a jugar fútbol. Los niños saben lo que es una pelota porque salen de la colonia al médico y otros lugares, pero no saben cómo patearla, cómo moverse, qué hacer con ella. Es una enseñanza muy básica la que tenemos que dar, incluso cuando son jóvenes”, dice.

“La primera clase es como una diversión. Los observamos y sólo corren, llevando hasta donde pueden el balón. Después les enseñamos cuál es el objetivo del fútbol y sus reglas”, cuenta.

Pero ésa no es la única experiencia excepcional que tienen los maestros de Hacienda Verde con los niños menonitas de las colonias radicales. El profesor Jaime Muñoz, que invitó a Página Siete a pasar a su clase, cuenta que verlos reaccionar ante la música es muy emotivo. “Se mueven cómo buscando el ritmo, al inicio arrítmicos”, dice mirando con ternura a sus alumnos, un grupo de niños alegres que uno a uno se presentan dando su nombre y contando de dónde vienen.

Entre ellos está un pelirrojo de ojos azules que cuando se le pregunta qué le sorprende más de su nueva vida, responde: “¡La electricidad!, ¡los focos!”.

El pastor Willam Kehler señala que cada semana al menos tres menonitas que salen de las colonias o son excomunicados llegan a Hacienda Verde, muchas veces con hijos. Pero en general los que llegan con mayor frecuencia son los jóvenes.

“Ésa es una amenaza para la colonia, porque están perdiendo a sus jóvenes”, dice.

Sin embargo, aclara que el crecimiento de Hacienda Verde no puede compararse con el de las colonias. “Si ponemos en número, nosotros perdemos porque las colonias crecen muy rápido con familias de 10 y 11 hijos”, explica.

¿Entonces qué pasará si la situación continúa así? Es la pregunta para Kehler. Él responde con otra interrogante: “¿Qué puede pasar si la colonia sigue generando hombres y mujeres con miedo y sin conocimiento?”.

Y el recibir a los menonitas que huyen, sobre todo jóvenes, como Anna y Peter, comenzó a generar problemas a la gente de Hacienda Verde con otras colonias radicales. Por eso siempre cuidan el hecho de que los jóvenes que se acerquen a ellos sean mayores de edad. Lo que no los libró de ser amedrentados por grupos de menonitas radicales que llegan hasta sus límites. “Ahora tenemos la reja para cuando los menonitas estrictos vienen en grupo, vestidos de negro, y quieren entrar por la fuerza. Es mucha presión porque a veces vienen con violencia”, afirma Kehler.

Pero eso no detiene los planes del pastor, más cuando oye a Anna en ese cuarto rosa hablando en voz alta y con seguridad. La voz se le quiebra cuando le pedimos que exprese a la joven nuestro respeto y admiración por la determinación que demuestra.

Los planes de William Kehler y los hombres y mujeres menonitas que se declaran libres en Hacienda Verde para disfrutar de la luz y los colores pasan por construir, pronto, un templo, una clínica y un albergue para los ancianos.

Fuente: Pagina Siete

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