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Bolivia, el país con más menonitas “estrictos” olvidados por el Estado

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En Bolivia no existen datos oficiales respecto al número de menonitas que habitan en el territorio. Sin embargo, se considera que es uno de los países donde se concentra la mayor cantidad de los denominados“estrictos”, que buscan proteger sus principios religiosos que se basan fundamentalmente en mantenerse alejados del resto del mundo.

El Estado boliviano se los permite porque se olvidó de los menonitas desde 1955, cuando se produjeron las primeras migraciones provenientes de Canadá y Rusia.

“Bolivia es el último país de los menonitas más estrictos. En el mundo hay muy pocos y la gran mayoría está aquí”, señala William Kehler, menonita que nació en Canadá, pero vivió en Bolivia desde sus 11 años.

Gonzalo Colque, investigador de la Fundación Tierra, uno de los conocedores del mundo menonita en Bolivia, confirma el dato, pero él se refiere a los “estrictos” como “radicales”.

“Bolivia es considerado el país con mayor número de menonitas radicales porque, a diferencia de otros países, ofrece las condiciones para que éstos ejerzan libremente su sistema religioso sin tener nuevos acuerdos ni control estatal”, dice.

Los primeros grupos de los menonitas llegaron al país en el marco de los decretos 4196, de 1955, y 6030, de 1962, que disponen la garantía del Estado a “sus usos y costumbres peculiares”. Basados en estas normas, los “estrictos” siguen rigiéndose por sus dogmas y reglas, de espaldas al Estado y sin tomar en cuenta los derechos que están garantizados para los nacionales, como es el caso de los menonitas que nacieron en Bolivia.

“Mantuvieron sus usos y costumbres porque en Bolivia hay mucha libertad, algo bueno, pero que algunos utilizan mal”, sostiene William Kehler.

Sin derechos

Hace más de 30 años, William Kehler huyó con su esposa y tres hijos de una de las colonias llamadas “estricta”, específicamente de Nueva Esperanza, que se encuentra en el departamento de Santa Cruz, donde se concentra más la pobación menonita.

Ya no estaba de acuerdo con los dogmas y prohiciones de la colonia que -asegura- “roban” derechos como el de la educación y el voto. “Uno de los derechos fundamentales es estudiar y en la colonia estricta se roba este derecho. Tampoco permiten participar en las elecciones, otro derecho”, sostiene Kehler.

Añade que otro factor que atenta contra los derechos de los menonitas que viven dentro de las colonias “estrictas” es la sistemática mentalización del miedo por parte de los líderes religiosos y jefes. “Dicen que todo es pecado y que si sale de la colonia se perderá la salvación, se estará condenando al infierno. Se vive con miedo”, afirma.

Después de huir de la colonia Nueva Esperanza, Kehler regresó a Bolivia hace 12 años, después de permanecer 20 en Canadá, donde vivió como un “menonita normal” y se le permitió convertirse en pastor evangélico. “En el mundo soy un menonita normal. En Canadá no nos diferenciamos, vestimos como el resto, hablamos inglés y estamos perdiendo el alemán bajo”, dice.

En Bolivia encontró que el mundo menonita “estricto” seguía intacto: hablando alemán bajo y vistiendo a todos igual: varones con overol negro y camisa blanca de mangas largas; mujeres con vestidos oscuros y el pelo cubierto.

Y, lo más preocupante para Kehler: manteniendo dogmas que “generan hombres y mujeres con miedo y sin conocimiento”. ¿Por qué? Porque la escuela de los menonitas “estrictos” continúa enseñando sólo a sumar, restar, mutiplicar y dividir, y a memorizar un libro de catecismo escrito en alemán alto, cuando todos los menonitas hablan el alemán bajo.

Pero Kehler también encontró en Bolivia hombres y mujeres que, como él y su esposa, salen de las colonias “estrictas” y forman comunidades donde se declaran libres bajo dos principios: la libre elección de la religión y el derecho a la educación. Señala que hay al menos 8.000 menonitas que viven en 17 comunidades “libres”.

Olvidados por el Estado

Los decretos que dieron marco a la llegada de las primeras migraciones menonitas si bien garantizan “sus usos y costumbres peculiares”, establecen que la educación, por ejemplo, se adecúe a la norma boliviana, algo que las colonias “estrictas” no cumplieron.

Pero este no es el único olvido del Estado. Gonzalo Colque indica que algo similar pasó con el asentamiento y la creación de nuevas colonias menonitas. “Una vez que se permitió su ingreso, el Estado dejó abandonado el proceso de asentamiento y creación de nuevas colonias”, remarca.

“Inicialmente se beneficiaron con la entrega de tierras fiscales, pero a partir de entonces se asientan en tierras que compraron a supuestos dueños con papeles no perfeccionados jurídicamente y a indígenas, pese a que la ley no lo permite”, dice. Comenta que estos olvidos también se dan en complicidad entre algunos menonitas, abogados y funcionarios públicos.

Sin embargo, Colque remarca que una parte de la población menonita nació en Bolivia. “Son bolivianos, quieren sus tierras y ser agricultores. Hay colonias que fueron reconocidas como comunidades campesinas y así tienen el derecho a la dotación de tierras fiscales, pero la ley dice que la dotación es sólo para comunidades campesinas y pueblos originarios, no para colonias menonitas”, continúa.

150 mil menonitas

En Bolivia, los estudios sobre las colonias menonitas son escasos. La Fundación Tierra elaboró uno titulado Las colonias menonitas en Bolivia, antecedentes, asentamientos y propuestas para un diálogo. Un libro publicado en 2015 establece que hasta entonces existían 57 mil menonitas organizados en 52 colonias.

Kehler indica que hoy existen alrededor de 150 mil menonitas en al menos 120 colonias, muchas “estrictas”. De acuerdo a un estudio realizado por Alle Rechte en 2019, hasta entonces las colonias llegaban a 106.

“No hay una política agraria ni de desarrollo rural que diga cuántos menonitas hay, dónde están y qué tipo de propiedad deben tener”, insiste Colque.

Fuente: Pagina Siete

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