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La mayor preocupación de Luis Arce debería ser unir, no dividir

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Cuando era pequeño, monseñor Aurelio Pesoa Ribera vivió en carne propia lo que es pasar hambre. Eran ocho hermanos, dos de ellos ahora fallecidos, y muchas veces no alcanzaba la comida para los 10 que vivían en la casa familiar de Concepción, su tierra natal, en el departamento de Santa Cruz.

Él es el quinto hijo y desde muy temprana edad comenzó a trabajar para ayudar en el sustento de la familia, que era muy pobre. Fue ayudante de albañil, trabajaba en un aserradero, vendía refresco en algún mercado de la ciudad de Santa Cruz. También vendía horneaos.

Estudió en los colegios fiscales Guillermo Añez, de Concepción, y Cástulo Chávez, de la ciudad de Santa Cruz, y de ambos lugares guarda buenos recuerdos de sus profesores, “quienes verdaderamente eran muy entregados”.

Cuando tenía 10 años se hizo monaguillo en su natal Concepción -el tercer pueblo fundado durante el periodo de las Misiones Jesuíticas-, actividad que ejerció hasta cumplir sus 15 años. Creció siempre cerca de la parroquia de Concepción, en torno a la que giraba la vida de la comunidad, muy católica.

“Tengo un recuerdo muy significativo de esa época, que me ha acompañado en el tiempo. Fue algo muy grande para mí vestir los hábitos de monaguillo y ayudar al padre”, recuerda.

“Me enamoré de ese modo de vivir de ellos. Iban al campo. Estaban cercanos a la gente y ellos continúan ahora haciendo eso”, afirma, al recordar a quienes despertaron en él la vocación por el servicio desde el sacerdocio.

“En una oportunidad les pregunté cómo hicieron ellos para hacerse sacerdotes. Y uno de ellos, el padre Miguel, fue el primero en acercarme a esta forma de vida”, cuenta.

Fue entonces que conoció más de cerca la vida de San Francisco de Asís, religioso italiano fundador de la orden de los Franciscanos, una congregación católica centrada en el amor de Dios y la pobreza. “Me gustó el relato de la vida de San Francisco de Asís: él era sencillo, pobre, un hombre de bien, que acogía a todos. Fue el comienzo de mi vocación”.

No hay tema del que se rehúse hablar. En esta entrevista, habla de la retórica del “golpe de Estado” y de la impotencia que siente cuando el MAS involucra a la Iglesia en ese hecho que no fue. Es que él estuvo entre los representantes de la Iglesia Católica que allanaron el camino del diálogo para darle una salida a la crisis en la que estaba el país. En ese momento era el obispo auxiliar de la Arquidiócesis de La Paz.

Habla de Luis Arce, a quien exhorta a recordar que “es presidente de todos los bolivianos”, hayan o no votado por el MAS. Y responde preguntas del aborto.

Desde noviembre el presidente de la Conferencia Episcopal Boliviana (CEB), cuya oficina central de la calle Potosí (La Paz) fue atacada el miércoles. Monseñora Pesoa ve en este atentado un hecho muy similar a lo ocurrido en 2019, cuando la casa del cardenal Julio Terrazas sufrió un ataque con explosivos. “No fue un artefacto contundente, pero fue un aviso, un mensaje. Nosotros pensamos que es un amedrentamiento para callarnos, ojalá el mensaje no vaya en ese sentido”, afirmó monseñor.

Es que la Iglesia siempre ha sido una piedra en el zapato de los gobiernos de turno. Evo Morales nunca deja de descalificarla.

La relación del gobierno del MAS con la Iglesia siempre ha sido áspera. Buscó dividirlos como lo hizo con la Cidob, la COB, la Csutcb, Adepcoca y otras organizaciones…

Hay que remontarnos a la historia. La iglesia siempre ha sido una institución incómoda para muchos. Ella siempre ha defendido los derechos humanos, sobre todo al más vulnerable. Eso no ha cambiado nunca.

La Iglesia ha estado donde debía estar y en todos los momentos de la historia de nuestro país. En el periodo de las dictaduras decían que la Iglesia era de la izquierda. Ahora dicen que es de la derecha. Sin embargo, la Iglesia sólo ha estado en defensa de los desprotegidos. Pensemos en Luis Espinal. Era un hombre de la Iglesia. Era un sacerdote. Y estuvo donde debía estar. Le costó la vida y murió asesinado.

El Gobierno nos ve como sus enemigos. Yo una vez le dije a Evo Morales: “Señor Presidente, no somos su enemigo. Trabajemos juntos”. Su respuesta fue: “Sí, sí, claro”. Pero no pasó nada.

Evo Morales y el Gobierno manejan todos los días la retórica del golpe de Estado. Y el MAS también acusa a la Iglesia de haber participado en él.

Los que estuvimos allí fuimos monseñor Eugenio Scarpellini, monseñor Giovani Arana y mi persona. En ningún momento tuvimos encuentros con otras personas buscando crear problemas o desestabilizar al gobierno o buscando cosas impropias. Siempre hemos buscado el acercamiento.

En una de las primeras reuniones que tuvimos estaban el Embajador de España, la UE y los partidos que participaron en la elección. Y nosotros dijimos que si no está el MAS no puede haber diálogo. Se trataba de que todos participen para buscar una solución a un momento de mucha violencia. En ningún momento hubo alguna cosa rara.
Monseñor Aurelio Pesoa, vicario apostólico de Beni.
Foto: CEB

¿Qué sentimiento le crea el hecho de que el Gobierno diga que la Iglesia está detrás del golpe?

Hay muchas cosas que no se pueden aceptar. Le doy un dato, el exministro César Navarro olvida quiénes fueron los que viabilizaron su salida de la Embajada de México. Sería bueno que él lo recuerde, porque él se ha expresado negativamente sobre nuestro rol e hizo acusaciones sin tener argumentos.

Nosotros caminábamos por las calles de la ciudad de La Paz de un lugar a otro para viabilizar una solución porque no había transporte. Se vivía un ambiente de miedo, pero también la gente nos agradecía por lo que hacíamos como mediadores. Es injusto el modo y la manera cómo se está abordando esa situación.

¿Cómo ve el desempeño de la justicia en el país?

Las personas deberíamos reflexionar siempre sobre lo siguiente: todos somos pasajeros en este mundo. El poder es temporal. Los administradores de justicia deberían pensar que la vida es temporal. Todos, un día, tenemos que irnos, por lo mismo deberíamos hacer que la vida sea más humana. La injusticia no es humana porque daña a la persona que la padece. Es una pena que la justicia en el país deje mucho que desear. La justicia en el país es lerda, sorda y tuerta.

¿Usted considera que la justicia está sometida al Gobierno?

Cuando el río suena es porque piedras trae. Eso es clarísimo.

¿Qué es clarísimo?

Que la justicia está muy dependiente de las autoridades del gobierno actual.

¿Ve violación de los derechos humanos en el país?

Por supuesto que sí. Por ejemplo, el de la señora Jeanine Añez es el caso más emblemático de violación de derechos humanos. Hay exministros que siguen encarcelados y sus casos no se mueven. Eso va contra sus derechos como personas, como ciudadanos. Se les está privando de la posibilidad de defenderse.

En Santa Cruz se dio un caso polémico en torno a una niña que quedó embarazada después de una violación. La Iglesia tomó una posición que fue muy criticada por varios sectores. ¿Cuál es su opinión?

El caso de Santa Cruz ha sido el más polémico y violento. Una violencia innecesaria. Una de las cosas que hemos dicho es que la Iglesia va a defender siempre la vida. Y lo digo en un sentido religioso: es un mandato. La Iglesia defiende la vida. Esto está en la Sagrada Escritura.

No creemos que la solución vaya por convertir a niñas en asesinas, porque la vida le cobra a uno todas estas cosas. En el ministerio uno se encuentra con muchas personas, por ejemplo, mujeres -que son las más damnificadas- que abortaron por cualquier motivo. Ellas llevan un peso toda la vida. Yo me encontré, como sacerdote, con señoras mayores que confesaron haber perdido a sus hijos y cómo hoy viven esa situación con mucho dolor. Acá se trata de un tema de conciencia.

Pero, no podemos detenernos solo allí. Las niñas violadas y embarazadas siempre son las damnificadas, ¿y qué pasa con los que causan estos daños? Se debe insistir en que la justicia sea efectiva. Muchos violadores están libres porque se alargó el juicio o por otras causas, pero la niña queda dañada para siempre.

Pero el daño es doble cuando hay aborto. Para mí no es interrupción. Es aborto. La interrupción se supone que se desconecta algo y luego sigue. La interrupción del embarazo no existe.

La Iglesia recibió muchas críticas por esta postura.

La Iglesia lo tiene muy claro. Lamentamos muchos que estos grupos de activistas agredieron y actuaron con intolerancia y violencia. La intolerancia siempre lleva a la violencia.

Nosotros hemos sufrido agresiones en la Conferencia Episcopal, en la iglesia de San Francisco, en la iglesia de Obrajes y en dos iglesias de Santa Cruz. Esa no es la solución. La intolerancia nunca será la solución. Hablemos. Defendamos nuestras posturas con argumentos.

Existe la Sentencia 206/2014 que establece que la mujer (niña, adolescente o adulta) podrá acceder a un aborto legal cuando el embarazo sea producto de una violación, incesto o estupro. ¿Ni en estos casos?

Lo hemos hablado y reflexionado como Iglesia y partimos de lo siguiente: “no todo lo legal es justo”. Como Iglesia, por ejemplo, dijimos: “Nosotros vamos a acompañar a esta niña (de Santa Cruz) y no sólo durante el periodo de gestación, sino después”. Pero al final se dio un asesinato porque se dio después de las 20 semanas de gestación.

¿Cuál es la solución?

Vuelvo a lo mismo. La solución a estas situaciones aberrantes, porque es doloroso para las niñas que lo padecen, no es convertirlas en asesinas.

¿Pero cuando la vida de la niña embarazada está en peligro?

Creo que en estos casos se debe recurrir a la medicina como tal. Lo ideal es salvar las dos vidas. Nuestra sociedad en el mundo entero es una sociedad falsa, ¿por qué? Porque defiende la vida de los animales, ¿y una vida humana? Es complicado, por cierto, pero nosotros defenderemos siempre la vida.

¿Y en los casos de incesto?

Eso es lo más triste, ¿no? La vida es lo principal. En alguna oportunidad me dijeron: “es que ustedes no entienden estas situaciones”. Sí, probablemente no entendamos, pero vamos a mantenernos en defender la vida, siempre. Esta es una de las cosas a las que no renunciaremos fácilmente como Iglesia. Vamos a buscar una solución, como por ejemplo las adopciones, aun sabiendo que en el país es muy difícil porque son requisitos extremos que impiden lograrlo.

Esta postura le ha traído muchas críticas y problemas a la Iglesia.

Por supuesto que sí. Nos han dicho: “Iglesia retrógrada” y siempre han sacado el tema de la pedofilia y la pederastia, que son temas que no vienen al caso, porque esto, gracias a Dios, fue abordado por el Papa Francisco, que ha ido dando pasos positivos para extirpar este mal que ha estado presente en la Iglesia.

Usted lleva menos de un mes como presidente de la CEB. ¿Qué le está quitando el sueño sobre lo que ocurre en el país?

La incapacidad que pareciera tenemos los bolivianos para dialogar. Si nos acercáramos con sinceridad, claridad y honestidad, nuestro país sería el que muchos de nosotros soñamos. Tendríamos una Bolivia mejor.

Es más fácil atrincherarnos en nuestras posturas, creyendo que tenemos la verdad. La verdad no es única. Se puede llegar a la verdad única si todos la buscamos y contribuimos para encontrarla.

¿Qué opina del presidente Luis Arce?

Él debería buscar la reconciliación entre todos los bolivianos. Él es el presidente de todos los bolivianos, nos guste o no, hayan votado o no por él; es el presidente de todos, y como tal su mayor preocupación debería ser unir a los bolivianos, no dividirlos. El presidente Arce siempre debería recordar que es presidente de todos, sean o no de su partido.

Entonces, ¿usted ve que él no es factor de unidad?

Con algunos discursos que ha dicho, el presidente tocó sentimientos que ocasionaron reacciones. No está dando un discurso de unidad. Su discurso debería ser de unidad, de reconciliación. Pareciera que nos estamos dividiendo más.

HOJA DE VIDA

Inicios Aurelio Pesoa Ribera nació el 10 de octubre de 1962 en Concepción, en el departamento de Santa Cruz.
Iglesia Profesó la orden franciscana el 22 de febrero de 1988. Fue ordenado sacerdote el 16 de abril de 1989. Es bachiller y también licenciado en teología.

Fuente: Pagina Siete

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