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En el Quevedo, abuelas piden mimos de sus hijos ingratos

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“Sólo quiero un poco de mimos de mis hijos. Quiero que vengan y sólo me regalen abrazos”, dijo Elena Contreras, ayer durante el agasajo del Día de la Madre en la Casa de acogida de adultos mayores María Esther Quevedo.

La mujer de 75 años contó que tiene cinco hijos y pidió que la visiten aunque sea por unos minutos. “Quiero recibir un abrazo, eso vale más que toda la plata del mundo”, expresó.

Mientras Contreras soñaba con un encuentro con sus hijos, también deleitaba su vista con una coreografía de cueca, interpretada por jóvenes de un ballet. Ella no dejaba de aplaudir.

La coordinadora de la casa de acogida, Betzi Luna, dijo que de las 21 mamás internadas en el hogar, casi todas están abandonadas. “Parece que ellas ya están resignadas a la ausencia de sus familiares, aunque siempre tienen la esperanza de que las llamen o, mejor aún, las visiten”, expresó.

Resaltó que “al final del día, algunas mamás se sienten mal al ver que a otras de sus compañeras sus parientes sí fueron a visitarlas”.

Luna comentó que las abuelas, más que regalos, esperan cariño. “Algunas instituciones vienen y dicen qué podemos traer, pensando en cosas materiales, pero yo les pido que traigan abrazos, cariño y besos. Eso es lo que ellas quieren”, afirmó.

Agustina Quispe, de 72 años, contó que añora abrazar a su hija. “Quiero que me acaricie y me sonría”, dijo, mientras observaba la presentación de mariachis. Ella ya no ve a su retoño desde hace muchos años. Según Luna, la primogénita de Agustina supuestamente es monja y “como las religiosas viajan a todo lado, quizá por eso no tenga tiempo”.

Las abuelitas mamás fueron agasajadas por el centro de acogida. Al festejo se sumaron el Grupo de Apoyo Civil a la Policía (Gacip) y la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), que llevaron música, baile y bocaditos.

Pero ellas no fueron las únicas que recibieron un festejo por el Día de la Madre, sino también cientos de mamás celebraron el 27 de mayo en diferentes espacios. Por ejemplo, en los colegios fiscales y privados, los estudiantes y profesores organizaron shows de bailes, grupos musicales y mariachis.

En la unidad educativa México, los niños presentaron un festival de baile, dieron obsequios y prepararon platos para dar a sus mamás.

Comerciantes ofrecían en las calles desde flores hasta ropa. Algunos niños contaron que ahorraron hasta un mes de su recreo para comprar un obsequio para sus mamis. Compraron lámparas y relojes. “He guardado mi recreo para regalarle algo a mi mamá”, dijo Thiago de 11 años.

Pagina Siete.

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