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Jisk’a Anata: el K’usillo enamora con saltos y piruetas en los carnavales

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En el lunes del Jisk’a Anata me verás por las calles de La Paz, cuando con brincos y volteretas te invite a bailar. ¡Clarito soy, pues! Con mi nariz larga en forma de “s” molestaré y coquetearé a todas. A mí no me faltan las cholitas para saltar, no me desentierran y tampoco me entierran, porque todo el año estoy de fiesta. Además por esto de la pandemia sanitaria, bien encerrado estaba y ahora quiero hacer bailar a todos y todas.

Me llaman k’usillito, tiwula o sólo k’usillo. Saltando siempre estoy en las celebraciones del Tata Santiago, el 25 de julio; en la fiesta de la Cruz, el 3 de mayo; el 8 de diciembre en la fiesta de Concepción; y, claro, en Carnaval, donde soy uno de los invitados de honor, junto al Pepino y al Ch’uta, mis compadres.

Don Germán, k’usillo pionero

Así coqueteaba también Germán Guzmán Jiménez. En 1958, él, junto con un grupo de vecinos, fundó la Fraternidad Artística y Cultural 8 de Diciembre, del barrio Rosario, en la zona norte de La Paz. Germán bailó por más de 41 años y siempre disfrazado de k’usillo.

Aunque mis pasos son acrobáticos y siempre debo marcar el ritmo, Germán se movía poco porque tenía más de 70 años, pero como saben, la máscara transforma a cualquiera.

Antes, en los años 60 y 70, entrábamos como una comparsa de k’usillos con los fabriles de la Said y Forno. ¡Bien lindos y ágiles hemos sido toda nuestra vida! Sin embargo, mis abuelos vienen de antes. Soy pues medio español, pero bien altiplánico ¡Yaaa…!

Mis ancestros fueron los bufones o arlequines de la Edad Media. Es que yo he nacido para alegrar las fiestas. Cuando los españoles llegaron a La Paz trajeron además de vacas y toros, las corridas. ¡En el campo hartas cornadas he tenido que soportar! Y todo para que se ría la gente. ¡Claro pues!, a ellos ¿acaso el toro les cornea…?

En el altiplano -en los departamentos de La Paz, Oruro y Potosí- siempre me invitaban para bailar junto a los waka wakas o waka tokoris, los wititis y los choquelas.

Aunque algunos me relacionan también con el tiwula o zorro andino, que acosa a las ovejitas, yo prefiero a las cholitas a las que intento besar y acariciar con mi nariz, pero en esos intentos muchas veces me he quemado, por eso dicen que mi olfato está un poquito escaldado.

Después de esas mis fiestas en el campo, más o menos por la década de los 50 del siglo XX, volví otra vez a las ciudades. Siempre fui la figura, porque guiaba a las comparsas y hacía mímica.

En esas épocas, junto a mis amigos, decidimos entrar como un solo bloque con varios k’usillos en las primeras entradas Jisk’a Anata de La Paz hace más de 40 años.

Mis compadres traviesos

¡Bien lindo conquisto a las chicas! Vas a cuidar a tu pareja, porque yo no perdono. ¡Yaaa…! habías creído; sólo las invito a bailar, no soy como el Ch’uta o el Pepino, ellos son más traviesos.

No seas mal pensado. Aunque para ser sincero soy también uno de los símbolos de la fertilidad. ¿Por qué? Por mi naricita pues. Nadie la tiene como yo: ¡graaande!, mi nariz, mi nariz. ¡Ucha qué mal pensados!

Ahora canten pues conmigo: “K’usillito/ k’usillito/ k’usillito/ bailaré… / en los carnavales bailaré”.

Bailaremos en los Carnavales, como lo hacía la antropóloga Luz Castillo Vacano, que ha danzado en la carrera de Artes de la Universidad Mayor de San Andrés, tocando bien alegre una cajahuancara (membranófono).

¡Esta Luz Castillo Vacano bien fregada es! Hace más de 20 años me ha llevado a la ciudad de Santa Cruz para una demostración y ahí harto calor me ha hecho.

Con mi abriguito, mi buzo de bayeta y mi máscara de cuerito, harto he transpirando, pero aun así he bailado y he hecho reír a todos los cambitas.

Esa vez me han acompañado además mi esposa, la mamat’alla; mi jefe, el jilakata y mis chi’itis, los wawak’usillitos. Todos somos figuras pues… A mis hijitos desde chiquitos les enseño a saltar en el aire.

Pucha che, mucho tiempo, ¿no? Sin embargo, yo sigo manteniendo mi vitalidad. Si bien es cierto que ahora sólo en ocasiones se pueden ver comparsas de k’usillos, con mi grupo antes causábamos sensación en toda La Paz.

Para esos tiempos yo ya había aprendido además el aymara, y con mi voz de pipiripi, que sólo saco para seducir a las cholitas. Les canto por ejemplo: “Wali munasista/ ay, suma panqarita”, o “Bien harto linda florcita”, y ellas caen a mis brazos. Es que el k’usillo es bien alegre, por eso tengo una sonrisa amplia en mi rostro.

Vieras nomás cómo baila la Luz Castillo en el Jisk’a Anata o en el Domingo de Tentación, aunque como ya te he dicho, yo siempre estoy en todas las fiestas, y es que mi máscara puede sacar sonrisas hasta al más jetón. Estos Carnavales así también será, aunque por la pandemia hay que cuidarse mucho.

¡Made in Bolivia pues…!

En el área rural, quienes bailan de k’usillo confeccionan su propia ropa. Y no dicen “me disfrazaré de k’usillo”, sino “me voy a vestir de k’usillo”.

Mi vestimenta se hace con un traje viejo, que debe ser de bayeta y un pantalón del mismo material. Todo está adornado con retazos de colores y pequeños cueros de oveja. La máscara también puede ser de bayeta o de cuero y, según dice la Luz Castillo, el número de cuernos son siempre impares, entre tres y cinco. Infaltable: hay que tener una nariz muy grande.

Otros utilizaban lentejuelas en el traje y hasta platería original y prendedores de oro; claro, cuando había platita, ahora puro retacitos debemos ponernos por la crisis pues…, pero todo es ¡Made in Bolivia!

Otros me dan un bastón de mando, para dar la sensación de ser un jilakata. En la entrada Jisk’a Anata me verás con mis amigos, el Pepino y el Ch’uta, no vamos a perdonar a nadie ¡Yaaa…! habías creído; sólo les invitaremos a bailar.

Los compadres del K’usillo

Infaltables en los Carnavales de La Paz, así son el Pepino y el Ch’uta, los compadres del K’usillo.

Mientras el “Pepino, chorizo sin calzón”, como le llama la población corretea con su “matasuegra”, el Ch’uta llegado desde el área altiplánica no para de bailar los huayños acompañado de dos cholitas, como dice la canción.

El Carnaval paceño tendrá restricciones por la pandemia, pero la alegría de los tres no faltará.

Pagina Siete.

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