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Los cocaleros de Yungas doblegaron a la represión, pero no al paralelismo

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El lunes 4  de octubre, luego de una batalla campal que se extendió por 15 días en las zonas de Villa El Carmen y Villa Fátima, los productores de hoja de coca de los Yungas lograron recuperar su sede, que había sido tomada la mañana del 20 de septiembre por el frente liderizado por Arnold Alanes con apoyo de efectivos de la Policía Boliviana.

La batalla dejó un saldo de 150 heridos, 100 detenidos y graves destrozos en calles y viviendas, además de vecinos molestos por la actuación de la Policía, descubierta operando con infiltrados y agentes encubiertos que, en su aparente intento de inculpar a los cocaleros de algunas acciones violentas, cometieron varios excesos. La molestia fue tal que en su momento también  se movilizaron, pero  para expulsar a los uniformados del lugar.

Alanes, quien el mismo 20 de septiembre había  tomado la posta que dejó la dirigente Elena Flores (ambos afines al Movimiento Al Socialismo), duró dentro de la sede de la Asociación Departamental de Productores de Hoja de Coca (Adepcoca) esos mismos 15 días. Los cocaleros  que se autodefinen como independientes de las manipulaciones partidarias vencieron a la represión policial y  recuperaron su sede, pero no consiguieron eliminar el paralelismo dirigencial, que es alentado por el oficialismo desde 2017 en ese sector.

En el primer trimestre de 2018, comenzaron los intentos de toma de Adepcoca y hasta abril de este año se habían contabilizado al menos cuatro, dos de ellos después de que el 25 de febrero de este año el Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras aprobó la resolución ministerial 068, autorizando el traslado del mercado de coca de Villa Fátima a la sede del sindicato de transportistas Señor de Mayo en la zona de Kalajahuira.

La decisión desató un nuevo tiempo de enfrentamientos, que hasta abril había dejado al menos 14 heridos y 33 procesados. La zona de Kalajahuira se convirtió por varias semanas en un campo de batalla entre el bloque conducido por Flores y el encabezado por Armin Lluta, que se oponía al mercado paralelo.

Como parte de su estrategia de lucha, los cocaleros bloquearon la carretera a los Yungas en dos oportunidades y, durante las protestas, dos personas resultaron gravemente heridas. El jueves 18 de marzo, un transportista perdió una mano en el sector de Yolosita, donde se había instalado un punto de bloqueo, cuando intentaba tirar a otro lado un cachorro de dinamita que cayó cerca de su vehículo.

12 días después, el 30 de marzo, le ocurrió algo parecido al productor de coca Ronald Merma, durante un enfrentamiento con transportistas y comerciantes en la misma zona. El hombre perdió las dos manos al manipular similar  explosivo.
Así transcurrió el año, con el bloque de Lluta movilizado contra la autorización gubernamental para que funcione un mercado paralelo (el Gobierno argumentó que autorizó un traslado y no un mercado paralelo) y Flores sin poder tomar la sede en la zona de Villa Fátima.

Eso hasta el 20 de septiembre, cuando Alanes fue elegido en el cargo que ocupaba Flores y lo primero que hizo fue tomar la sede, expulsando a Lluta y a sus seguidores. La Policía coadyuvó con la toma haciendo vigilancia e impidiendo que los desalojados retornen.

El ministro de Gobierno, Eduardo del Castillo, reconoció al nuevo dirigente. “Saludamos el espíritu democrático del pueblo yungueño, que hoy posesionó al nuevo directorio de Adepcoca emanado de las urnas y ratificado en proclamación”, dijo.
Los cocaleros del otro frente organizaron rápidamente un Comité de Autodefensa, que tomó las riendas de una movilización decidida a retomar las instalaciones de esa organización, fuertemente resguardadas por efectivos de la Policía.

Para ello, convocaron a sus bases, que por miles llegaron hasta La Paz, para librar una batalla que duró 15 días, en los que la Policía hizo un excesivo uso de agentes químicos, mientras recibía ataques con piedras, petardos y cachorros de dinamita.

Entonces, se difundieron videos que mostraron agentes encubiertos y encapuchados operando al lado de los policías, lo que molestó a los vecinos de Villa El Carmen y Villa Fátima, quienes decidieron movilizarse pidiendo que los uniformados se retiren.

La mañana del lunes 4 de octubre, Alanes declaraba a los periodistas que los movilizados eran minoría y que él era el verdadero representante de los cocaleros, pero al mediodía tuvo que salir del lugar porque las fuerzas convocadas por el Comité de Autodefensa habían rebasado a los policías para retomar su sede. Lo hicieron portando banderas bolivianas, en señal de oposición al MAS, que moviliza a sus bases levantando wiphalas.

Un día después, Lluta renunció a la dirigencia de Adepcoca para dar paso a un proceso de renovación dirigencial. “Hoy es mi último día y por la salud de los Yungas, me siento orgulloso. Ustedes no han marchado por mí, han marchado por esta casa. (…) Luchen por Adepcoca, no la dejen. Adiós, hermanos”, dijo, sin poder contener las lágrimas.

El 22 de noviembre,  el representante de los cocaleros de la central Chamaca, Freddy Machicado, fue elegido como nuevo presidente de Adepcoca, mientras Alanes se atrincheró en Urujara, donde adquirió un terreno de 4.000 metros cuadrados para construir una sede de la Adepcoca paralela, que incluirá un mercado que ya se encuentra funcionando. El costo: $us 800 mil.
Tras la retoma, varios analistas coincidieron en que ésta fue una derrota para el Gobierno, pero   no el fin de los intentos del  MAS por tomar esa organización.

El analista político Franz Flores, por ejemplo, dijo que falló la estrategia de dividir porque  las calles ya no son patrimonio del MAS. “Dividir para debilitar y debilitar para controlar es una estrategia que, en este caso, no dio resultado”, opinó.

Diego Ayo consideró que “sería ingenuo” pensar que con esto se detendrá el MAS. “Va  a insistir en tomar el mercado de los Yungas porque supone precisamente el control del manejo de la coca”. 

Carlos Valverde coincidió:

“Yungas no ha ganado precisamente nada, ha recuperado lo que se tenía que recuperar. Hay un gobierno empeñado en tomar los Yungas”, advirtió.

Infiltrados, encapuchados, grupos parapoliciales y excesos

Durante los enfrentamientos de septiembre, cuando los cocaleros de los Yungas se movilizaron para tomar las instalaciones de Adepcoca, vecinos de Villa El Carmen y Villa Fátima se percataron que habían encapuchados que se movían con facilidad en medio de los policías y que incluso lanzaban explosivos sin que los uniformados hagan nada.

En las redes sociales circularon fotografías y videos donde se veía a estas personas en actitudes sospechosas en las narices de los policías, pero no los detenían como hacían con los cocaleros y hasta con un periodista de Página Siete que  cubría esos hechos.

Eso ocurrió el 21 de septiembre, cuando  efectivos de la Unidad Táctica de Operaciones Policiales arrestaron al periodista Carlos Quisbert (foto)  cuando cubría el conflicto de Adepcoca en inmediaciones de la Terminal de Minasa. El motivo: haber reaccionado luego de que uno de ellos lo embistió con su motocicleta.

La presencia de los encapuchados y los excesos de los policías causaron que los vecinos de Villa El Carmen se movilicen en su propia marcha, demandando que los uniformados se retiren de la zona. Los culpaban por la violencia.

Las imágenes continuaron circulando en las redes sociales y, sumadas a testimonios de vecinos y otras fuentes, permitieron establecer que efectivamente actuaron en esas jornadas infiltrados y un grupo  parapolicial conformado por funcionarios del Ministerio de Gobierno, entre ellos el director de Régimen Interior, Marco Antonio Cuentas Flores.

“Había dos (infiltrados) por aquí (señala las esquinas de la calle Huancané), uno que lanzaba dinamita ahí abajo (desde un mirador con barandas amarillas a otra calle),  era un señor gordo que estaba en las rejas, hay un video, y al lado estaba un policía que no le dijo nada. Entonces, salimos todos los vecinos a botarlos y nos lanzaron dinamitas, incluso una señora se cayó aquí, ella apareció en las noticias (…) todo era una guerra”, relató a Página Siete Milenka, una vecina que vive a pocas cuadras del mercado de Adepcoca en Villa Fátima.

“Había jóvenes que  encararon a los policías por estos infiltrados, pero (los uniformados) no les decían nada de lo que lanzaban dinamita”, agregó. Uno de los infiltrados fue identificado como Cuentas.

Luego de ello Adepcoca pidió al Ministerio Público que cite a declarar a esta autoridad y desde la Asamblea Legislativa Plurinacional se anunciaron tres peticiones de informe: al Ministerio de Gobierno, a la Policía y al Ministerio Público.

Este medio buscó sin éxito  la versión del Ejecutivo, pero al final  el Ministerio de Gobierno envió una carta a Página Siete en la que, además de admitir que se trataba de Cuentas,  justificó su presencia en medio de los conflictos de septiembre, en Villa Fátima.
“El director solamente actuó en coherencia con el cargo, el cual ejerce actualmente”, señala parte de la nota.

Elena Flores, dos años de pulseta

El 30 de julio de 2019 los cocaleros de los Yungas afines al MAS eligieron  a Irene Elena Flores, de la comunidad de Arapata, como presidenta de la Adepcoca paralela, cuya legalidad defendió durante dos años con un  fallo judicial. Dejó el cargo en septiembre de este año para dar paso a una nueva dirigencia, igualmente cercana al gobierno.Flores condujo una de sus mayores batallas a mediados de año, cuando logró el traslado del mercado de la coca a una sede de transportistas y allí tuvo que enfrentar a los cocaleros del frente de Armin Lluta, quienes se oponían al funcionamiento de ese nuevo comercio.

Arnold Alanes apuesta por  nueva sede

Después de su fallida toma de la sede de Adepcoca, Arnold Alanes anunció la edificación de una nueva infraestructura en la zona de  Urujara, al ingreso y salida a los Yungas, donde adquirió un terreno de 4.000 metros “con recursos de nuestros socios”, aseveró.Actualmente, funciona en ese espacio el mercado paralelo, donde los productores incluso reciben el sello de la Dirección de Comercialización e Industrialización de la Hoja de Coca.Alanes apoyó en 2020 la campaña del presidente Luis Arce y tomó la posta que dejó Elena Flores en Adepcoca, otra dirigente abiertamente identificada con el oficialismo.

Armin Lluta, el heredero de Gutiérrez

Armin Lluta siguió la senda que dejó Franclin Gutiérrez en la dirigencia de Adepcoca. Asumió la presidencia el 14 de diciembre de 2020 y la dejó el 5 de octubre de este año, antes de cumplir su mandato, para dar paso a una elección que fortalezca a su sector. “Cumplí mi palabra. Dije que, una vez que recuperemos Adepcoca, yo dejaría mi cargo por la unidad de mi pueblo. Cumplí mi palabra y ahora mi pueblo está unido”, señaló.Opina que detrás de la dirigencia paralela está Evo Morales, el presidente de las seis federaciones de cocaleros del Chapare. “Que deje en paz a los Yungas, que deje en paz a Bolivia”, le pide.

Freddy Machicado va por el fortalecimiento

Entre 11 candidatos, Freddy Machicado, representante de los cocaleros de la central Chamaca, fue elegido presidente de Adepcoca el lunes 22 de noviembre, en una Asamblea realizada en Villa Fátima.Anunció que su principal objetivo será trabajar por la unidad de los cocaleros de los Yungas y una de sus primeras tareas fue instalar una red de cámaras de seguridad en Adepcoca, para evitar nuevas tomas. Además, decidió implementar un sistema que permita a todas las centrales acceder al manejo de los recursos de la institución y dijo que espera impulsar a futuro la primera elección mediante el uso de ánforas.

Fuente: Página Siete

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