Villa Ingenio, 24 años de gente que vive entre basura y conflictos

17

En Villa Ingenio, el relleno sanitario se ha convertido en un conflicto que se arrastra desde su misma creación. Por más de 24 años las familias que viven en los alrededores sobreviven en medio del riesgo ambiental y salubre que ahora se incrementa por la Covid-19.

“Queremos el traslado y cierre del relleno sanitario que ya ha cumplido su vida útil. Ahora con la emergencia hay barbijos, residuos de los hospitales que el viento arrastra y pone en peligro a la población”, manifestó Martha Quispe, una de las representantes de los movilizados que -hasta el martes pasado- bloqueaban el ingreso al botadero municipal.

Tras varios días de protestas y una intervención policial, la noche del 21 de julio, comunarios, autoridades municipales y nacionales llegaron a un acuerdo. Se levantó el cerco a cambio de una inspección interinstitucional en un plazo de 20 días y de permitir faenas de reciclaje y crianza de cerdos en los predios. No se habló del cierre del lugar.

La alcaldesa de El Alto Soledad Chapetón indicó que la comuna trabajará para resolver los pedidos del sector. Una de las medidas será ayudar en la instalación de un centro de reciclaje. “Hemos firmado un acuerdo para poder suspender de manera definitiva el bloqueo”, sostuvo.

El jilakta de la comunidad indígena de Villa Ingenio Freddy Cori manifestó que quienes se movilizaron como autoconvocados, responden a intereses personales de ciertos dirigentes.

“Están pidiendo el cierre del relleno utilizando a los habitantes de la comunidad. Nosotros estamos trabajando en el control del funcionamiento”, indicó.

En medio de las autoridades y los dirigentes quedan los habitantes que hace años piden una solución a la contaminación.

El director edil de Gestión Integral de Residuos Carlos Coaquira señaló que durante el bloqueo, unas 8.000 toneladas de basura se acumularon en varias calles de la joven urbe. “Ya estamos recogiendo un 50%. Esperamos terminar hasta el fin de semana”.

Casi cuarto de siglo así

Villa Ingenio fue fundada en 1978. Desde su origen se caracterizó por su capacidad de organización. Así lo demostraron durante la Guerra del Gas cuando 15 de los vecinos perdieron la vida.

La zona acoge alrededor de 1.000 familias, el estadio alteño, un cementerio y el botadero que en 24 años de vida se ha convertido en una bomba de tiempo.

Desde su puesta en marcha, en 1996, los vecinos han protagonizado protestas y bloqueos hasta en cinco ocasiones por año. Lo hicieron para pedir una auditoría ambiental, instalar una planta de procesamiento de basura o para pedir su traslado y cierre definitivo.

“Es un peligro para nuestra salud. Incluso se han comprado un terreno por Milluni pero hasta ahora no hay cuándo trasladen el relleno”, afirma Quispe.

Cada conflicto termina con un acuerdo entre las autoridades de turno, los vecinos y los comunarios. Se anuncia tecnología para transformar la basura, nuevos terrenos alejados de la urbe o un mejor control. Pero pasa el tiempo y la situación es la misma.

Al sur, el relleno limita con la comunidad El Ingenio, al este con el río Challhuan jahuira y al oeste con el cementerio barrial y el río Seke, uno de los principales contaminantes del Titicaca.

Fue diseñado con una capacidad inicial de 59 toneladas de residuos al día. Se estimaba que para el año 2000 la capacidad crecería a 220 toneladas diarias.

En 2002, vecinos de 11 barrios aledaños protestaron porque se acercaba una crisis ambiental. Los olores llegaban hasta la extranca de Río Seco y en los alrededores corrían ríos de lixiviados. Un bloqueo contundente arrancó la promesa de una auditoría y la habilitación de un nuevo relleno que entro en funcionamiento cuatro años después al lado del antiguo.

Para 2009 el límite fue rebasado. Al día se recogían 380 toneladas de basura, cifra que para hoy llegó hasta 700 toneladas.

Un informe, de Medio Ambiente de 2019, señala que el botadero no cumple con los requerimientos de la normativa vigente. Advierte que ya no cuenta con espacio suficiente para operar a largo plazo. La alerta no es nueva. En 2014 se advirtió que se había llegado al 80% de la capacidad y que al botadero le quedaba año y medio más de vida. Una vez más los vecinos salierona protestar y desde la Alcaldía se anunció que se había ubicado un nuevo terreno que empezaría a funcionar en 2015.

Con la promesa incumplida, en 2016 hubo un rebalse de lixiviados que se repitió en 2017 cuando además se venció el contrato de la empresa que administraba el relleno. El nuevo contrato fue firmado en agosto de 2018. “La situación no cambia. La vida útil del relleno terminó”, afirma un comunario.

Casi un cuarto de siglo del relleno

1978 Se funda oficialmente la comunidad El Ingenio. Tomó el nombre en referencia al ingenio minero de oro y estaño que operaba en el lugar en la presidencia de Mariano Melgarejo.
1996 Ese año empezó la disposición de residuos sólidos en lo que llamaron el Botadero Muncipal de Villa Ingenio. La extensión de los predios era de 12 hectáreas y los desechos permanecían descubiertos sin un manejo de los lixiviados.
2006 Se habilitaron tres hectáreas para la puesta en marcha del actual Relleno Sanitario El Ingenio. Pero no fue hasta 2007 que la comuna firmó una concesión con la Empresa Colina para que administre el nuevo botadero y se encargue -a partir de 2008- del cierre del antiguo.
2018 Tras dos convocatorias desiertas y varios conflictos se firmó una nueva concesión por 10 años, con la promesa de un cierre.

Un adolescente herido por intervención policial

La mañana del viernes 17 de julio, un adolescente de 15 años fue herido durante la intervención policial al bloqueo del relleno sanitario de Villa Ingenio. La víctima es hijo de uno de los dirigentes que fue aprehendido en el operativo. Según los informes forenses, se encontraba dentro de su habitación cuando recibió el impacto de “arma con gas” en la sien.

“Se ha intervenido el bloqueo criminal del relleno de basura en la ciudad de El Alto, se tienen cuatro aprehendidos, más de 6.000 toneladas de basura acumuladas. No hay heridos y esperemos la normalidad en minutos en Villa Ingenio”, indica el primer informe en Twitter, del viceministro de Seguridad Ciudadana Wilson Santamaría.

Sin embargo, los registros policiales contradicen la información brindada. Desde la Felcc de El Alto se informó que fueron seis los detenidos, cuatro hombres y dos mujeres. Todos enviados a centros penitenciarios.

El adolescente tiene 55 días de impedimento y fue sometido a una intervención quirúrgica en el hospital Agramont de El Alto. El certificado forense recomienda “continuar el manejo por cirugía maxilofacial” y solicita una “valoración por oftalmología y neurología” y revela que “no se pudo acceder al expediente clínico por orden de dirección”.

El director del Hospital Agramont informó que el adolescente recibió un impacto en la sien, a la altura del ojo izquierdo.

Los vecinos afirman que los policías ingresaron a los domicilios con violencia.

Recicladores y animales en el botadero

El primer proceso de urbanización de Villa Ingenio fue hecho por migrantes de la provincia Omasuyos, campesinos que tras la Revolución del 52 y la Reforma Agraria recibieron el terreno del hacendado Adrián Castillo, a quien prestaban su servicio.

Su principal medio de subsistencia era la agricultura y la crianza de ganado. “Teníamos animales y cosechas. Pero con la llegada del botadero ya no. La tierra ya no sirve; la papa, las habas ya no dan y los animales se enferman”, sostiene uno de los vecinos de la zona.

Para sobrevivir en un ambiente adverso en el que el olor putrefacto de los desechos sólidos ha contaminado el aire, la tierra y el agua, los habitantes fueron cambiando.

Algunos se mudaron y dejaron cuidadores; otros, junto con sus hijos, trasladaron la cosecha a las montañas de basura, donde rescatan plásticos, latas y todo material que pueda ser reutilizado. Los rebaños disminuyeron para dar paso a las piaras que hasta hoy se alimentan dentro del basural.

El reciclaje y la crianza de cerdos se convirtieron en las nuevas formas de subsistencia ilegal, porque la ley las prohíbe dentro del relleno. Bastó la instalación del muro perimetral para restringir ambas actividades clandestinas.

Según las autoridades municipales, este fue el principal punto en el último conflicto. Afirman que los movilizados buscaban volver a ingresar.

“A principios de julio se nos informa sobre dos actividades particulares. Estamos hablando del reciclado de plástico y la crianza de cerdos. Estas se realizaban en acuerdo con la empresa Colina desde hace varios años. No es una demanda que tenga que ver con la participación institucional. Pero se instalará una mesa de trabajo para ver cómo ayudamos a esas familias”, dijo la alcaldesa Soledad Chapetón.

Sin embargo, no es el primer conflicto en el que se pide la autorización para estas dos actividades y se las mantiene sin un aval legal. Esto a sabiendas de la comuna, la empresa y la comunidad que alega derecho para hacerlo.

Dirigentes, autoridades y habitantes están preocupados porque la presencia de barbijos, guantes y otros residuos relacionados con la Covid-19 pone en riesgo a quienes buscan sustento entre la basura.

Pagina Siete.