Bolivia recuerda 31 años de la Masacre de Villa Tunari

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Bolivia recuerda 31 años de la denominada «Masacre de Villa Tunari» que marcó el inicio de la recuperación de la soberanía de Bolivia frente al intervencionismo extranjero y las políticas neoliberales, tras el asesinato de 11 cocaleros a manos de las fuerzas antidroga comandadas por el Gobierno de Estados Unidos.

El 27 de junio de 1988, el Gobierno de Víctor Paz Estensoro, en apego al plan trienal de lucha contra el narcotráfico, intentó erradicar los cultivos de hoja de coca del Chapare, pero los productores de la hoja milenaria se organizaron para defender sus cultivos enfrentándose a las patrullas de Umopar, a los agentes de la DEA y la CIA en Bolivia.

Ese hecho, uno de los episodios más sanguinarios de la historia del país en el periodo neoliberal, fue vivido, en carne propia, por el presidente indígena Evo Morales, que en ese entonces era dirigente cocalero de la denominada «Central 2 de Agosto» del trópico de Cochabamba.

Según el testimonio de Morales, citado en su libro «Mi vida, de Orinoca al Palacio Quemado», en ese entonces, se planificaban movilizaciones en Villa Tunari en contra de una ley que promovía la erradicación forzosa de coca y el uso de herbicidas.

«Marchamos por las calles, llegaron poco a poco otras centrales y los dirigentes comenzamos a dirigir la toma del puesto militar, hasta tomarlo. Había riesgos, pero decididos, lo tomamos. Todos los compañeros ingresamos a las instalaciones y nos hicimos cargo de todas las dependencias», detalló Morales en ese texto, citado esta jornada por el diario «Cambio».

Según cuenta Morales, los policías reprimieron a los campesinos y usaron su armamento con proyectiles letales, que exterminaron a algunos productores de coca y otros murieron ahogados en su intento de escapar por el río San Mateo.

«Cuando se ingresó a Umopar, los efectivos dijeron que dejarían sus fusiles, pero sin cargadores (…) pasó una hora más o menos y llegaron por aire y tierra para reprimirnos, no eran las Fuerzas Armadas, sino la Policía especializada contra el narcotráfico, Umopar y la Fuerza Especial contra el Narcotráfico, dirigidos por los norteamericanos», agregó el mandatario boliviano.

Morales también recordó, siempre según «Cambio», que los uniformados disparaban desde los helicópteros que daban vueltas por el lugar, y también por tierra, con ráfagas.

En Chimoré hubo una desorganización en el bloqueo de caminos, es así que los uniformados pudieron pasar y disparar contra los campesinos.

«Un grupo de compañeros serenos resistimos hasta el último y en grupo nos salimos por la misma puerta por donde entramos, claro, estábamos muy pocos, unos 20 o 30 compañeros, ya estábamos derrotados», manifestó Morales.

Los campesinos fueron agredidos con golpes de puño y patadas, además de culatazos, para que salgan del cuartel.

Las instrucciones de ataques contra los campesinos se dispusieron desde Estados Unidos y se aplicaron mediante su operadora que era la DEA.

Un años después, en 1989, todos los pobladores del trópico realizaron un acto público para recordar a los muertos y heridos de la masacre y, mientras los dirigentes estaban reunidos, un grupo de efectivos de Umopar intervino la reunión y se llevaron detenido a Morales.

«Me agarraron y me llevaron a San Francisco, me pisaron la espalda, luego me hicieron echar boca abajo en una camioneta y las varias veces que me golpeaban eran para hacer escarmentar al movimiento campesino. Esas acciones las justificaban con argumentos de que estaba con narcotraficantes», comentó el Jefe de Estado, siempre según Cambio.

Morales dijo que para Estados Unidos la llamada lucha contra el narcotráfico es un instrumento de dominación, una política de invasión y un programa de control a los países, ya que durante los gobiernos neoliberales ni siquiera el Presidente de Bolivia podía aterrizar en Chimoré sin permiso de la embajada norteamericana.

Según datos históricos, en 1996, al menos 1.000 mujeres productoras de coca del trópico de Cochabamba marchaban hacia La Paz, pese al frio, la lluvia, las ampollas y el cansancio para denunciar la represión que ejecutó la DEA en su región.

En 2013, ya como Presidente, Morales ponderó el esfuerzo de los cocaleros del trópico de Cochabamba para erradicar las plantaciones ilegales y dignificar a Bolivia ante el mundo.

Por su parte, el presidente de la Cámara de Diputados, Víctor Borda, dijo que no se puede olvidar la presencia de la DEA en el trópico de Cochabamba y su accionar.

«Como no olvidar la presencia de la DEA en el Trópico fundamentalmente de Cochabamba, como no olvidar que las decisiones de política internacional y de erradicación de la coca lo hacía la DEA, lo hacía el Gobierno norteamericano», dijo.

Red central/ABI ABI