El Alto, ciudad dividida entre seguidores de Evo Morales y los vecinos que quieren trabajar

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Poco a poco, los vecinos de El Alto luchan por abrir un camino para retornar a la normalidad y recuperar la paz. Aunque aún la ciudad está dividida entre pobladores que quieren trabajar y seguidores del expresidente Evo Morales que han insistido en las últimas dos semanas en seguir con medidas de presión extremas, que van desde bloquear calles hasta atacar unidades policiales, además obligan a otros a formar parte de sus protestas.

La tensión en esa ciudad aún persiste, pese a que el sábado el Gobierno, mediante el ministro de la Presidencia, Jerjes Justiniano, se comprometió a cumplir ocho de las nueve demandas de los campesinos de las 20 provincias de La Paz y la Fejuve de El Alto para que levanten sus medidas. La única que quedó en duda es la destitución del ministro de Gobierno, Arturo Murillo. Los dirigentes dieron un plazo de 48 horas para se cumplan las peticiones, caso contrario seguirán con las medidas de presión.

Un grupo reducido continuaba ayer con un bloqueo en la extranca de Senkata. Frente a las horas de furia, la gente busca seguir con su vida. Muchos vecinos optaron por levantarse más temprano para caminar cientos de cuadras y así llegar a sus fuentes laborales, otros se trasladaban en la madrugada a los mercados más cercanos para conseguir alimentos.

“Queremos volver a la normalidad. Mucho tiempo hemos parado”, dijo Carla, una mujer de 44 años que aseguró que debe buscar alimentos para sus niños y lana para tejer. “De eso vivo, yo tejo ropita para bebé y por el bloqueo no he salido a vender”, aseguró.

Relató que desde hace dos semanas la situación en su zona, Senkata, fue insostenible. “Mi esposo que es albañil no fue a trabajar y tuvo que salir a bloquear. Aquí los vecinos nos decían que si no salíamos iban a c’alear (lanzar piedras) a la casa. Él salía a la fuerza. Yo me quedaba llorando y rezando para que no le pase nada”, contó.

Otra vecina del lugar contó que la situación era insoportable. “El martes, cuando ocurrió la intervención de los militares, hablamos entre vecinos. Hemos dicho a nuestros dirigentes que de una vez levantemos el paro, porque nos estamos perjudicando”, relató. Horas más tarde un despliegue policial y militar ingresó a la zona y sacó 40 cisternas de gasolina y gas licuado. Este hecho enfureció a los manifestantes que se resistieron y los uniformados tuvieron que intervenir.

“Era horrible ese momento, ver a militares que disparaban. Helicópteros que sobrevolaban. Yo incluso tuve que ocultar a mis niños debajo la cama porque tenía miedo que entre una bala perdida”, dijo la mujer. Contó que cuando se reportaron los muertos y heridos, “la gente se levantó nuevamente”. “Estábamos enardecidos, han matado a nuestra gente”, sostuvo.

Según un informe de la Defensoría del Pueblo, en esa acción se registraron ocho fallecidos. El sábado la cifra subió a nueve. Un día después de los enfrentamientos, familiares y manifestantes bajaron hasta el centro paceño para velar a sus muertos, pero fueron gasificados.

A esa movilización se sumaron vecinos de otras zonas con indignación. El pedido era el mismo: “justicia para los muertos”.

Pese a ese dolor, el viernes se registró una tensa calma en el sector y se vio mayor movimiento porque ya circulaban minibuses, los que aún sorteaban algunos promontorios de tierra que servían como parte de los bloqueos.

En las calles de El Alto muchos vecinos comentaron por qué se fue el expresidente Evo Morales. Muchos culparon al cívico cruceño Luis Fernando Camacho y al candidato de Comunidad Ciudadana (CC), Carlos Mesa, porque aseguraron que ellos fueron los autores de un supuesto “golpe de Estado”. Otros indicaron que están decepcionados por el fraude electoral, pero optaron por no hablar del tema para evitar agresiones.

En otras zonas, la tensión era menor. En la zona 16 de Julio, donde antes, según otra vecina del lugar, la gente hacía vigilias porque había grupos que recorrían las calles cargado de sus wiphalas apedreando a las movilidades o desinformando a la gente, ahora hay mayor tráfico vehicular, pero el pasaje subió de un boliviano a 1,50 por la falta de gasolina.

En la Ballivián, otra vecina contó que varias personas abrieron sus negocios con temor y cautela. “No sacaron sus cosas a la calle como antes lo hacían”.

En Ciudad Satélite los vecinos decidieron no apoyar el paro cívico del grupo radical. Los pobladores cercaron sus calles para protegerse y cuidar el Distrito Policial III. “Se armaron grupos de vecinos que junto a la Policía vigilaban el sector”, indicó. “Como los policías de otras unidades que fueron destrozados (Tránsito, Distrito Policial 8 y Felcc) se replegaron a esta unidad, este espacio está repleto, no tienen donde dormir y hasta se tienden en el auditorio, por eso ayer se habilitó un snack de la zona y una carpa para que puedan acogerse en esos espacios”, contó un vecino.

Pese a que los vecinos se esfuerzan por volver a la normalidad, en los últimos días han tropezado con la falta de los alimentos y gas licuado para cocinar. “No tengo carne y verduras. Cuando voy al mercado, todo está caro, incluso hasta cuesta tres veces más”, contó una vecina desesperada.

Al igual que ella, otra vecina aseguró que en las últimas semanas se traslada en las madrugadas al mercado para conseguir carne y pollo. Entre el jueves y el viernes otros ya no tenían gas para cocinar, incluso tuvieron que comprar fogón para utilizar leña.

Pagina Siete.