Costumbres de la Navidad unen a familias tarijeñas

5

Tarija.- A pocas horas de la Noche Buena, la ciudad de Tarija intensifica su espíritu navideño. Pesebres, adornos, papanoeles, juguetes, trenzadas y luces están por todos lados, lo cual hace que la unión familiar se haga más fuerte.

Las trenzadas, los pesebres humanos, las adoraciones, las misas e incluso las colectas forman ya parte de la agenda navideña chapaca. “El tarijeño es muy solidario y es en esta época, donde más lo demuestra, recolectando juguetes y alimentos para los pobres”, asegura el ciudadano Juan Carlos López.

Al hablar de la Navidad en Tarija vienen a la mente tiempos coloniales, tradiciones y rituales, reflejados en la fiel devoción al Niño Jesús.

La Navidad tarijeña fue estudiada por académicos como el Folklorólogo, costumbrista Edmundo Ávila Moreno más conocido con el “Cumpa Mico”, quien escribió agudas observaciones que vivió durante las fiestas de navidad de antaño.

“No había Papá Noel, no había Santa Claus, no había jo jo jo, no habían trineos, iluminaciones en las plazas, solamente había luces navideñas en la calle Cochabamba, en la casa de don “Tuerto” Ignacio”, ha recordado.

Durante las últimas semanas antes de que llegue la Navidad, ya se planifica las diferentes actividades tradiciones, teniendo como actividad principal el trenzado que es acompañado con una chocolatada y los ricos panetones.

“La Navidad en Tarija comenzaba en el mes de noviembre y desde muy temprano se escuchaba el bombo que llamaba a la gente para trenzar y adorar, los que nos enseñaban a trenzar eran los que llevaban a los niños a la misa, además había que hacerse anotar con anticipación para ir a trenzar y a cantar”, ha relatado.

Son más de cinco figuras que se forman en las trenzadas: la figuras la cadenita, mudancitas, la cuadrillita o la cuadrilla, chullusca o chullusquita, el carnavalito y otras.

Todas al son de la caja, la quena, quenitas, bombo, la pajarilla, violín, acordeón o sencillamente de la banda de música, los tarijeños – más que todo del área rural- bailan los villancicos formando coreografías en forma de trenzas como la Canastilla de ocho; Albricias (contradanza y malla); Arrurru (cadena); Canastilla de cuatro; Remolino de dos capas y Remolino final. Antes, estas danzas sólo se interpretaban acompañadas de bombo y el violín, y en algunos casos con un triángulo de acero.

“En las calles se trenzaba y la gente que organizaba regalaba a los mayores mistelas de tres colores con masitas, empanadas blanqueadas, rosquetes y a los niños aloja de maní, aloja de cebada, había comida y en el campo necesariamente se hacía una comida comunitaria, ají de arroz, un guiso chapaco y participaban todos, no como ahora que ha cambiado mucho”, ha añadido.

Esta práctica agradable se puede apreciar en la mayoría de las plazas de la ciudad, donde todas las familias se reúnen para revitalizar esta tradición, como un atractivo turístico para que las personas visiten el Sur de Bolivia en esta época.

“Cuando pedía algún regalo para el niño Dios, ponía mis zapatos viejos o mis abarcas en la ventana y mi madre me decía que haga una carta, la cual la hacía pidiendo de que me manda zapatos nuevos y una pelota de cuero, porque jugábamos en ese entonces con pelota de trapo y también le pedía unos kichutes (zapatillas de goma) para jugar y al otro día aparecía el regalo del niño Dios”, ha mencionado. (LA VOZ DE TARIJA)

El Diario.