¿Morirá el MAS?

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El Movimiento Al Socialismo (MAS) fue el partido más grande de los 38 años que cumplirá este año la democracia. Ninguno de los otros tuvo su caudal electoral en ese lapso. Casi siete de cada 10 electores lo respaldaron en su momento cumbre. Sus triunfos consecutivos en las urnas: 2005, 2008 (referendo revocatorio), 2009, 2014 serán difícilmente alcanzados por otros partidos, al menos por ahora. Bueno, fue un gran partido. O ya fue, no por virtudes de sus adversarios, sino por una cadena de errores suyos que comenzó cuando su cúpula se contagió del síndrome de hubris.

La última encuesta de Página Siete proyecta la derrota del MAS en las próximas elecciones nacionales. Su lenta caída comenzó hace cuatro años, el día que sus dirigentes desconocieron el referendo de 2016. Prosiguió con el fraude que cometieron en los comicios anulados de octubre de 2019 y se ahondó con el bloqueo de caminos que instruyeron en plena pandemia contra su “propio pueblo” más que contra sus “enemigos”.

Algunos datos para constatar el último descenso. En febrero pasado, su candidato a la Presidencia, Luis Arce, tenía una tendencia de voto del 32% y hasta era probable que con una campaña positiva hubiese recuperado terreno para ganar en primera vuelta; y, de ese modo, acumular el quinto triunfo consecutivo de su partido. Aventajaba con casi 15 puntos a su inmediato seguidor, Carlos Mesa, candidato presidencial de Comunidad Ciudadana (CC).

Entre febrero y agosto, el MAS perdió nueve puntos. En este momento, está prácticamente empatado en 23% con CC en intención de voto. Para explicar las causas, describo los tipos de voto del partido azul.

Voto identidad. Está integrado por personas que se consideran indígena originario campesinos. La frase: “cada pueblo tiene el presidente que se le parece”se hace carne en este caso. Es el núcleo del voto duro.

Voto interés. Está compuesto por grupos que desarrollaron actividades ilícitas en los 13 años y nueve meses del MAS: “chuteros”, contrabandistas, empresarios que pagan diezmos para obtener obras en municipios “azules”, cocaleros que desvían su producto al narcotráfico e indígenas vinculados al “narco”. Un hecho como prueba. En agosto de 2018, qaqachacas y laymes quemaron dos vehículos de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (Felcn) y secuestraron a nueve policías. El gobierno masista ni siquiera investigó el caso. Estos grupos integran el voto duro porque temen que otro gobierno termine con sus actividades ilegales.

Voto ideologizado. Está conformado por izquierdistas de los años 60 y 70 y sus círculos de influencia. Parte de este voto se alejó del MAS desencantado por las incoherencias de la cúpula masista, pero no se acercó a otros políticos. Los más dogmáticos siguen siendo parte del voto duro.

Voto simpatía. Estaba integrado por sectores que protestaron, en 2005, a través de su voto contra la “partidocracia” y optaron por un político antisistema. Como percibieron que las cosas del país marchaban bien, respaldaron al MAS en otras dos elecciones consecutivas. Luego, al ver los mismos vicios que rechazaron en el MIR, ADN, MNR, UCS, se fueron yendo poco a poco del voto posible hasta convertirse en voto difícil y hasta imposible para Arce.

Sin embargo, los votos que pierde el MAS, no los ganan sus adversarios. Mesa subió un poquito con votos que vienen de otros lados, aunque, es probable que una parte del voto duro masista que se volvió blando se haya vuelto voto posible para él.

Respecto a Jeanine Añez no se puede decir lo mismo porque su tendencia a la baja refleja que parte de su 12% a 16% se volvió en voto blando; por tanto, posible para otros candidatos. Su recuperación está cuesta arriba porque sus negativos subieron debido a que parte del electorado identifica en su gobierno vicios conocidos: corrupción, ineficiencia en la gestión de crisis sanitaria, incumplimiento de la ley y que busca recuperar el poder, mas no la democracia, para beneficiar a grupos económicos privilegiados que irradian una imagen de destructores del medio ambiente.

Cuando faltan dos meses para las próximas elecciones, la tendencia de la encuesta de Página Siete refleja que el MAS bajará un poco más y es muy probable que pierda en primera vuelta y sea rematado en la segunda (48 a 30). ¿Cuál la razón? El sentimiento de Segundina Flores, ejecutiva de la Confederación de Mujeres Bartolina Sisa, que percibió la traición de la “clase media” que dirigió el “proceso de cambio”.

“Nosotros bloqueando, sufriendo en las carreteras, con hambre y con nuestra coquita y la nueva derecha del MAS dialogando y haciendo una ley de elecciones con la derecha fascista. No discutieron la educación ni la salud. Nos traicionaron”, me dijo dolido un dirigente de la provincia Chayanta de Potosí a tono con doña Segundina.

La reciente derrota del movimiento indígena originario se parece a la que sufrió el movimiento obrero en 1985 durante el gobierno de Víctor Paz Estenssoro. La consecuencia más directa será la muerte del indígena como sujeto histórico.

El MAS fue el partido más grande de los últimos 38 años, pero la desazón y sentimiento de traición demuestra que se ablanda su núcleo de voto duro, lo que puede causar una explosión con un mensaje: todos nos jodemos, no sólo nosotros, sino también ustedes (clase media masista) que nos usaron como escalera para beneficiarse del poder.

Andrés Gómez Vela es periodista.