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Gasifican la masiva marcha que llegó de El Alto con féretros

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“Ahí están los muertos. Qué pena”, dijo una mujer, mientras observaba el ingreso de la multitudinaria marcha al centro de La Paz. En la primera línea, dolientes cargaban los féretros en hombros. Detrás de ellos, cientos de personas gritaban: “Justicia”. Unas lloraban, otras se mostraban eufóricas y agresivas.

La gente que observaba el paso fúnebre sólo atinaba a sacarse el sombrero y hacía la señal de la cruz. “Levanten, levanten”, gritaban los jóvenes que encabezaban la marcha en bicicletas. En los laterales, cientos de personas armaron dos columnas para resguardar la caravana. “Si Añez se va, la paz volverá”, gritaban.

Minutos antes, varios jóvenes que indicaron que formaban parte de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) preparaban alimentos para los manifestantes. Cuando la marcha llegó a este lugar, ellos comenzaron a repartir fruta, agua y panes.

La marcha fúnebre se inició a las 10:30 en la zona de Senkata. En ese sector, hace un par de días, fallecieron ocho personas – según la Defensoría del Pueblo- a causa de una acción militar durante un atentado dinamitero en la planta de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB).

“Es nuestra gente, los han matado”, lloraban y gritaban los manifestantes mientras llevaban los ataúdes, cuatro estaban dentro de dos minibuses y otros dos eran cargados en hombros por los dolientes. Muchos transeúntes también se ponían a llorar al ver los féretros.

Cuando la marcha llegó a la plaza San Francisco, varias personas querían entrar al patio de la basílica para velar a sus muertos, pero otros manifestantes decidieron bajar rumbo a plaza Murillo. Entre los participantes estaban dolientes, vecinos que sujetaban wiphalas y militantes del Movimiento Al Socialismo (MAS). “No somos terroristas”, decían.

La furia de los marchistas comenzó a florecer cuando en la puerta de la Facultad de Ingeniería vieron un tanque militar y las filas de uniformados.

La caminata giró en la plaza Obelisco para volver a San Francisco. Pero la gente comenzó a insultar y lanzar cartones y palos a los policías. “Señoras, no molesten, sigan su camino”, dijo uno de los efectivos. Los manifestantes estaban enardecidos y furiosos por sus muertos.

“Asesinos”, gritaban y exigían la renuncia de la presidenta Jeanine Añez. Elaboraron una muñeca con el nombre de la autoridad y no dejaban de golpearla. “¡Aquí está su democracia!” gritaban mujeres increpando a los transeúntes y señalando a las ataúdes. Incluso agredieron a un periodista.

Los manifestantes usaron los ataúdes como arietes para romper el cerco de uniformados que se colocaron al final de la avenida Camacho y Mariscal Santa Cruz. Uno de los féretros logró el objetivo, desbordó una fila policial y tomó desprevenidos a los soldados del Ejército que se encontraban en segunda línea. Los uniformados rociaron gases en spray, luego lanzaron granadas de gas lacrimógeno para dispersar a la manifestación.

Una columna de marchistas llevó dos ataúdes hasta la línea policial para intentar ingresar a la plaza Murillo. Este grupo colocó uno de los féretros en el capó de un vehículo militar gritando “Justicia”. Dos manifestantes se treparon encima del coche camuflado y colocaron el muñeco de Añez. Los uniformados no pudieron reaccionar a tiempo.

En el extremo derecho, una columna que cargaba otro ataúd en hombros logró romper el cerco policial gracias al empuje de los manifestantes. Tomó por sorpresa a los militares que se encontraban detrás. Al estar rebasados por la multitud, los uniformados lanzaron gas pimienta a todos los marchistas, en especial a los que cargaban los féretros.
Foto:Freddy Barragán / Página Siete

La multitud se dispersó en unos instantes. Los que cargaban el ataúd corrieron unos metros, pero no pudieron con el peso y dejaron el féretro en el piso hasta recuperarse y tomar aire. Después regresaron, cargaron el féretro en hombros y escaparon del lugar. Los manifestantes nuevamente intentaron reagruparse en inmediaciones a la plaza Mayor. En este lugar, los policías, esta vez en motocicletas, lanzaron granadas de gas y lograron sacar a los protestantes del centro de la ciudad.

Una de las granadas llegó al mismo templo y la represión siguió por varias cuadras hacia arriba. Los uniformados persiguieron a los manifestantes por la calle Murillo hasta llegar a la Eguino. En este lugar, los policías tomaron la plaza e impidieron que la movilización pueda reagruparse. Los uniformados ocuparon la avenida Mariscal Santa Cruz e impedían cualquier tipo de aglomeración de personas.

A causa de la gasificación, dos personas fueron afectadas, una se desmayó y otra quedó herida. Mientras se escapaban por el gas, muchas personas lloraban y maldecían a los uniformados. “Malditos, que se muera esta gente”, gritaban varios de los manifestantes que se alejaban del centro paceño, incluso otros amenazaban con volver y exclamaban: “Deberían cortar agua y luz para que esta gente maldita se muera”.

En las aceras, varios vecinos pedían que ya no derramen más odio y suplicaban unión y paz para los bolivianos. Finalmente, la movilización se dispersó. Los dolientes regresaron a El Alto y cargaron los ataúdes en vehículos. Algunos de los transeúntes los despidieron con aplausos, como una muestra de apoyo y solidaridad con las personas que perdieron a sus seres queridos.

Pagina Siete.

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