Roban una camioneta, apresan a una mujer y liberan al principal sospechoso

“Vaya usted a un Tigo Money y haga el depósito a este número de carnet y no es más. Yo lo vuelvo a llamar y me pasa los códigos (comprobante del depósito)”, conmina el delincuente a Francisco Guzmán (nombre convencional), dueño de la camioneta Toyota Hilux, que el 8 de julio fue robada del parqueo del supermercado Fidalga, en la ciudad de Santa Cruz. El 10 de julio, dos días después, Guzmán había recibido la primera llamada del bandolero.

“Mientras no vea la camioneta y usted no me la entregue, no le voy a dar el dinero”, le replica Guzmán.

“Yo le pasé el número de carnet de mi esposa para que usted haga el depósito en Tigo Money. No hay picardía, ni nada, amigo”, insiste el malhechor.
$!La camioneta en el taller del propietario, antes de su robo.
La camioneta en el taller del propietario, antes de su robo. Francisco Guzmán

En llamadas anteriores, Guzmán y el delincuente hablaron del monto de dinero que debía ser entregado para recuperar el motorizado. El propietario pidió fotografías y otros detalles más de su vehículo. El ladrón envió imágenes también de documentos que encontró en la guantera. Además, hizo una descripción detallada de la camioneta. Era la misma. No había dudas.

El hombre envió las fotografías del vehículo y de los documentos que encontró en la guantera desde el 69367217, número telefónico de Tigo.

“Nosotros tenemos 3.500 bolivianos para entregarle”, le dice Guzmán. “No, nada. Nosotros estamos hablando de 10.000 bolivianos, considerando que es una camioneta”, responde el ladrón, sin dejar chance para negociar.

“Bueno, si usted me da la seguridad de que voy a recuperar mi vehículo, no me hago problema. Le pago ese monto. Si yo hago una buena negociación con usted, no voy a hacer ninguna denuncia ni nada. Además, ustedes no van a poder hacer nada con la camioneta, porque yo ya he presentado la denuncia de robo ante Diprove (Dirección Nacional de Prevención de Robo de Vehículos). Así que no la van a poder registrar ni hacer nada”, le hace saber Guzmán.
$!El vehículo en alguna partede Beni, ¿o Santa Cruz?
El vehículo en alguna partede Beni, ¿o Santa Cruz? Autor del robo

El ladrón se rehúsa a comprometerse a mostrar el vehículo en físico. Descarta totalmente esa posibilidad. Exige primero que se haga el depósito de los 10.000 bolivianos. Además, quiere ver antes el comprobante del desembolso. Y ese es el punto de desacuerdo en las negociaciones y la causa de muchas tensiones, incluso en el seno familiar de Guzmán, cuya esposa y otros familiares se cruzan en discusiones hasta acaloradas por cómo se debe proceder. Uno de los miembros de la familia propone incluso hacer el depósito ya.
$!Plazuela de Pompeya, de donde el delincuente llamó.
Plazuela de Pompeya, de donde el delincuente llamó. Beni Turismo

Sin embargo, antes un efectivo de Diprove de Santa Cruz le había dicho a Guzmán: “Nunca pague el rescate del vehículo, porque una vez que reciban el dinero, van a desaparecer. Es un volteo. Son pícaros”. Así, Guzmán no iba a depositar el dinero, menos a través de Tigo Money, un sistema en el que particularmente él no confía.

“Usted me deposita ese dinero, se la entrego la camioneta al momento. Y la transacción tiene que ser por Tigo Money”, insiste el hombre al otro lado de la línea telefónica.

“Nosotros no manejamos Tigo Money. Además, yo desconfío de Tigo Money porque muchas veces la gente intenta estafar por ahí. Yo le puedo dar la plata en efectivo, pero no por Tigo Money”, le responde Guzmán.

“Nada de eso, nada de eso, amigo. Usted me deposita eso, va a una esquina y la recoge. No es más”, responde, ya con un tono de voz de irascibilidad.
$!Mujer detenida. Pidieron depositar el dinero a su cuenta.
Mujer detenida. Pidieron depositar el dinero a su cuenta. Carmen Pardo Rojas

Ante la insistencia del sujeto de usar Tigo Money, Guzmán suelta lo que parece ser su última opción: que el depósito sea a través de un banco. Y le pide alguna cuenta para efectuarlo. “Mi temor es que voy a perder no sólo la camioneta, sino la plata también”, le argumenta.

“¿Sabe qué amigo? La estamos haciendo ya muy aguda (sic). Yo veré qué voy a hacer. Parece que a usted no le interesa”, afirma el delincuente, ya alterado, en otra de las llamadas.

Guzmán tenía razón. Cuando en una de las llamadas el delincuente dijo que estaba cerca de Warnes con la camioneta lista, en realidad estaba cerca del estadio Gran Mamoré, de Trinidad. “O si quiere se la llevo a la avenida Banzer, por la urbanización El Remanso”, le dijo en otra de las telefoneadas. En realidad, tampoco estaba cerca de la avenida Banzer de Santa Cruz, sino en la plazuela de Pompeya de la ciudad de Trinidad.

Toda esta información la obtuvieron después de unos días gracias a la triangulación de llamadas, que permitió establecer con detalle los lugares exactos desde donde se dieron las conversaciones telefónicas, todas grabadas por la víctima.

“No crea que soy maleante”, se le escucha decir en otro audio. Es que el sujeto inventó una historia para timarle a la víctima: “Yo presto dinero, y uno de mis clientes me trajo esta camioneta como prenda por 1.500 bolivianos que yo le entregué. No quiero tener cosas ajenas en mi casa, no quiero problemas”, fue lo que le contó. “Sólo quiero recuperar mi dinero”, se le escucha decir.

Guzmán nunca le creyó, por eso emprendió una investigación, en muchos momentos en solitario, para dar con los delincuentes. “Es probable que no recupere mi camioneta, pero no voy a parar hasta atraparlos”, afirma con determinación.

El robo, la investigación

A las 16:55 del 8 de julio, Francisco Guzmán fue a comprar carne al supermercado Fidalga, en la avenida Beni, entre el quinto y sexto anillo de la ciudad de Santa Cruz. Demoró 15 minutos. A las 17:10 su camioneta ya no estaba donde lo dejó.

A las 16:57, un hombre con una gorra y vestido de negro se acerca a la camioneta y se para en la puerta del conductor. En ese momento, sostiene el teléfono celular con la mano izquierda apoyada en el oído izquierdo. Simula hablar o habla con su cómplice. Mientras, con la derecha abre la puerta. Toda la operación dura 1 minuto y 25 segundos. Sólo abrir la puerta le llevó apenas 26 segundos y encender el motor, 45 segundos.

“Parece que me han estado siguiendo en un auto blanco, según pudimos verificar en todas las cámaras. Me quedé frío. Se me nubló la mente. Pensé que lo dejé en otro lado”, recuerda.

Guzmán preguntó al guardia del centro comercial e inmediatamente hicieron una revisión de cámaras, lo que permitió verificar todo lo que pasó en ese cuarto de hora. Guzmán llamó a Diprove, que en una hora envió una patrulla al lugar.

Al día siguiente Guzmán fue a las oficinas de Diprove para formalizar la denuncia. Le asignaron un oficial para que comande la investigación. Sin embargo, según dijo, este policía no avanzó en las indagaciones.

“Este primer investigador era muy lento, por lo que tuve que contratar un abogado y éste trabajaba antes en la Policía, en Diprove y en la UTOP. Inmediatamente él contrató a gente que hace el trabajo rápido. Gracias a ese trabajo pudimos saber exactamente dónde estaban los delincuentes. Se hizo una triangulación de llamadas”, recuerda Guzmán, quien además pagó a un oficial para que coadyuve de manera extra en el rastrillaje.

Esta operación duró varios días, entre intentos por obtener información de la telefónica sobre el tráfico de llamadas y la ubicación del lugar donde radicaba la mujer, a cuya cuenta el malhechor quería que su víctima depositara los 10.000 bolivianos.

Después de que la víctima reportó que la investigación por parte de Diprove -que inicialmente le había asignado a un oficial- no avanzaba, esta entidad policial delegó a otra unidad especial el trabajo para que investigue. Este equipo de oficiales fue muy profesional, asegura Guzmán.

“En ningún momento la gente de Diprove me pidió dinero para hacer su trabajo, ni para las dos veces que fueron a Trinidad. Yo les di dinero por mi cuenta, consciente de que trabajan con muchas carencias. Cuando me informaron que iban a Trinidad, yo les di dinero para la gasolina y el alojamiento”, cuenta.

Y para el segundo viaje a Trinidad de Diprove, el 7 de agosto, Guzmán les preguntó si podía apoyarles otra vez para sus gastos. “Me dijeron que les sobró del primer viaje y que no era necesario”, dijo Guzmán.

Mientras, el delincuente siguió realizando llamadas desde otras líneas telefónicas, ignorando que Guzmán, su abogado, Diprove y otras personas ya le estaban rastreando los pasos.

Las aprehensiones

Después de que Guzmán y Diprove ya tenían en mano el detalle desde donde fueron realizadas las llamadas para la extorsión y después de haber rastreado a la mujer propietaria de la cuenta de Tigo Money, cuatro efectivos de Diprove se fueron a Trinidad con una orden de aprehensión contra la mujer, cuyo nombre es Carmen Pardo Rojas. La llevaron hasta Palmasola con 90 días de detención preventiva.

La mujer dio algunas pistas, gracias a las que Diprove realizó un segundo viaje. También con una orden de aprehensión.

Guzmán contó que la mujer quería dar detalles de la banda delincuencial, pero que su abogado le prohibió hablar, le pidió que se acoja al derecho al silencio. “Ahora no dice nada”.

El sospechoso, el que supuestamente realizó las llamadas, se llama David Padilla Michel, que es la pareja de la detenida. Fue traído de Trinidad el 11 de agosto reciente en calidad de aprehendido, y estaba en esa condición alrededor de 48 horas.

Según el abogado de la víctima, que tampoco quiso dar su nombre para no entorpecer las investigaciones, Padilla fue liberado de manera apresurada sin siquiera antes haberse realizado la comparación de los audios con su voz para establecer si era él el autor de las llamadas.

“No correspondía que el fiscal Blanco disponga la libertad porque estaba aprehendido”, afirmó el abogado de la víctima.

“Lo han traído de Beni con mandamiento de apremio. Estuvo 48 horas adentro. El Código de Procedimiento Penal establece que un fiscal no puede disponer libertad en estos casos, sino un juez”, dijo el abogado.

El fiscal al que el abogado hace referencia es Cándido Blanco Ch., fiscal de Materia de Diprove de Santa Cruz. En la resolución de cese de detención, el fiscal “dispone la libertad de David Padilla a objeto de asumir su defensa, debiendo presentarse las veces que sea necesario”. Entre las argumentaciones que Blanco usa es que no se hallaron suficientes indicios en su contra, pese al vínculo con la detenida y pese a otros indicios.

“Ya sabemos que son una banda que roba vehículos a pedido. Y mi camioneta es a diésel y diésel hay en todas partes. Además, son utilizadas especialmente para el campo porque hay caminos complicados. Los delincuentes buscan camiones para el campo en Beni y Santa Cruz. Lo han robado para el campo, para trabajar en el campo”, afirma Guzmán, que es mecánico de profesión y realiza esa actividad desde hace ya 30 años en Santa Cruz, y conoce muy bien cómo se mueve ese sector, al que con frecuencia provee su servicio.

En las investigaciones lograron establecer que la mujer detenida se dedica a la venta y compra de combustible. “Ahora tenemos la sospecha que ella les proveía de diésel a los delincuentes, ya que ellos saben que Diprove los puede ubicar si ellos compraran el combustible en los vehículos robados”, afirma Guzmán.

Robo de vehículos

Según información oficial, en Bolivia cada día se reportan entre 10 y 20 vehículos robados, que incluyen motocicletas.

Pero Bolivia no sólo tiene este problema dentro de sus fronteras, sino que también se ha convertido en paraíso para los delincuentes que comercian motorizados robados en otros países.

Uno de los casos más escandalosos ocurrió a mediados de año, cuando se informó de organizaciones criminales chileno-bolivianas que operan para robar vehículos “a pedido” en el país vecino y venderlos en Bolivia.

Lo grave del caso es que en este delito están metidos hasta jefes policiales, algunos de los cuales están tras las rejas.

Guzmán pudo meter tras las rejas a una de las sospechosas y tiene como meta dar con los otros involucrados más. Desde su experiencia en este caso, él ve un buen trabajo de Diprove, pero tiene dudas de la Fiscalía, por la rapidez con que liberó al sospechoso. “Igual voy a seguir”, dice.

Pagina Siete

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