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Albarracín está fuera del país: “Nos destruyeron, hoy pienso en mi familia”

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Desde febrero de este año que Waldo Albarracín está fuera de Bolivia. Dejó el activismo por los derechos humanos hasta nuevo aviso, labor que en noviembre de 2019 pagó con creces, pues perdió su casa en manos de gente del Movimiento Al Socialismo (MAS) que le prendieron fuego.

Desde algún punto del exterior, el exdefensor del Pueblo habló con Página Siete, hizo un análisis sobre el informe del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) y también reveló que en los gobiernos de Jeanine Añez y de Luis Arce seguía recibiendo amenazas. “Tengo que pensar en mi familia”, sentenció.

¿Qué lectura tiene del informe del GIEI?

Hay que recordar que el trabajo que vinieron a hacer los expertos fue por pedido del Estado, no fue un trabajo que hicieron ellos por iniciativa propia; el Estado ha pedido que se investigue y en ese marco hay que entender que es un informe completo, no es tan exacto como hubiésemos deseado, pero sí toca aspectos fundamentales e intenta allanar los casos más emblemáticos que se han suscitado en 2019.

Ha generado reacciones positivas y también negativas, pero es muy difícil contentar a una sociedad tan confrontada como es la boliviana. Cada uno quiere interpretar a su manera el informe de este grupo, cada uno quiere darle su propio tono de acuerdo a su conveniencia política y creo que la idea no es ésa.

El mérito de este informe es que nos dice dónde están los puntos más neurálgicos que dañan nuestra democracia. Lo ideal sería que el Gobierno sea más equilibrado, gobierne para el conjunto de los bolivianos, que el Órgano Judicial administre justicia con imparcialidad, con independencia, liberado de la presión política, pero no hemos llegado a ese nivel de excelencia democrática como país.

¿Quién tiene que dar la primera señal para la reconciliación?

Sería ideal que quien dé la primera señal de voluntad política sea el Gobierno, pero también la oposición, en el Parlamento y en los partidos políticos, las organizaciones de la sociedad civil y comités cívicos. Encontrar los mecanismos democráticos pero no de confrontación y eso tiene que comprenderlo el Gobierno y parece que no lo asimila; eso se ve todos los días en el discursos, en los presos políticos en la cárcel. Todavía se está actuando en una línea vengativa, forzando las cosas para que los jueces no actúen como jueces sino como acusadores, pero también garantizando la impunidad de quienes han cometido atropellos.

El informe resalta que una de las razones por las que el país llegó a la crisis fue el intento de prorrogismo de Evo Morales. ¿Qué opina al respecto?

Justamente los más llamados a asumir con un criterio reflexivo son los del Gobierno y el propio Evo Morales y no necesita gritarlo a los cuatro vientos; no vamos a pretender que salga a la televisión y diga “me autocritico y asumo mi responsabilidad por haber pretendido gobernar de forma vitalicia este país o no haber respetado el referendo”. Ahí está la primera conducta antidemocrática, pero por lo menos en su actitud deberíamos encontrar un mensaje.

Yo soy crítico al Gobierno, pero jamás desearía que le vaya mal al señor Arce, porque soy boliviano, porque me gustaría que haya estabilidad económica, paz social, que se respeten los derechos humanos, independencia judicial y así ganamos todos, pero ellos deben dejar actuar como “ellos y nosotros”, siempre quieren buscar un malo para ponerse en el lugar de los buenos.

El GIEI califica de “masacres” lo sucedido en Senkata y Sacaba. ¿El gobierno de Añez le hizo daño a la democracia?

Si bien había preocupación en la ciudadanía, eso no podemos negar, porque los grupos del MAS estaban demasiado exaltados y dispuestos a destruir todo. No podíamos decir que los órganos coercitivos del Estado no intervengan, no se podía poner a la sociedad civil en una situación de completa indefensión. En ese sentido, no podríamos condenar el hecho, lo que sí es condenable es el exceso en el uso de la fuerza. Entonces si hubo excesos de militares y policías, si hubo muertes, independientemente de dónde sean, son seres humanos, al morir deja viudas, huérfanos, etc. No se puede dejar de investigar, pero el Ministerio Público tiene que investigar con imparcialidad.

¿Hay imparcialidad?

El defecto de la Fiscalía es que en cada coyuntura miran con los ojos del gobierno de turno y escuchan con los oídos del gobierno de turno, de tal modo que si a ese gobierno de turno le interesa que haya impunidad, en ese momento se convierte en instrumento de la impunidad.

Ese momento los órganos de investigación, militares y policías han actuado bajo la subordinación de la señora Añez, pero como no se puede tener a la presidenta en esos operativos, el que se ha convertido en el operador principal de todo eso ha sido el ministro de Gobierno (Arturo Murillo) y todos conocemos el temperamento de esta persona.

El documento es lapidario con la Fiscalía y la justicia.

Desde que era estudiante de derecho recuerdo que el pueblo reclamaba imparcialidad. En esas épocas, 1982, la mayoría parlamentaria era de la derecha; por tanto, los fiscales y abogados entraban al MNR y ADN para ocupar cargos y luego con el tiempo se volvieron masistas, un tiempo se volvieron añistas y ahora volvieron a ser masistas. Mis colegas abogados dan vergüenza, se acomodan al sol que hace, trafican con la justicia y le hacen un gran daño a la democracia. La situación es la misma en el TCP, en el Órgano Judicial y en la Fiscalía.

¿De qué forma se han acercado a usted los expertos del GIEI?

En la primera etapa me convocaron como activista de la democracia de los DDHH, por una cuestión ética no les conté mi caso. Les expuse mis preocupaciones grandes. Fue personal, la segunda ya fue por Zoom. La solicitud de reunirse conmigo ellos la buscaron y fue para que les cuente mi caso. Fue muy traumático porque tuve que contar detalles y era reconstruir el dolor.

¿Cómo califica la quema de su casa en noviembre de 2019?

La califico como un acto de represión política, planificada, no fue al azar. No fue aleatoria, como el GIEI dice, no fue la suerte. Ya la amenaza había venido antes. Sólo les falló una cosa, ellos querían encontrarnos a toda la familia adentro y quemarnos vivos.

¿Aquella noche usted no estaba en su casa?

Juan Carlos Núñez, de Jubileo, me llamó y me dijo que la jerarquía eclesiástica quería que participe en una reunión para reflexionar, para ver qué soluciones pueden darse tras la renuncia de Evo Morales. Yo llegué a la Católica, me senté a escuchar lo que hablaban, tenía el celular apagado porque se me apagó la batería, y de pronto se me acerca un sacerdote y me muestra un mensaje que decía que estaban yendo a quemar la casa de Waldo Albarracin. He salido a tropezones del lugar, llegué hasta Cota Cota, mis hijos alterados, había como unas 30 personas, amigos, hechos los valientes que decían “¡que vengan! Yo dije, “no, aquí puede haber una masacre”.

Fui a buscar policías, no había porque se habían acuartelado y unos cuantos estaban en la 21 de Calacoto; les dije, pero me dijeron que no tenían gente, que fue un 110 por mi casa, entonces volví; recuerdo que llovía, en eso me llamaron y me dijeron “no vengas porque ya llegaron y se han entrado”. Han metido con dinamita las puertas, era demasiada gente. Logré ver de lejos, reconocí al señor Vera, a Eddy Rodríguez, dirigente de Cota Cota del MAS que los llevó a la casa.

¿El proceso penal avanzó?

Nunca avanzó, parece que cumplieron formalmente, ahorita no hay un solo detenido y fue muy traumático; de pronto quedarte sin casa, sin ropa, sin muebles, todo, o sea la palabra “todo” engloba tu vida.

Sus hijos lograron salvarse.

Cuando llegó la turba, la mayoría escapó y se quedaron dos chicas, las hicieron brincar a la casa de lado y mis hijos más cuatro amigos brincaron a la otra casa porque la gente ya estaba subiendo las gradas. Mis hijos escuchaban que nos buscaban, entonces le pusieron más énfasis al fuego en la parte de arriba. Uno de ellos dijo “les prenderemos nomás fuego arriba”, ellos pensaban que nos habíamos escondido. Ésa fue su frustración porque los días posteriores nos vieron vivos. Todo eso vino del MAS, llegar a un extremo de inhumanidad ya es antinatura.

Desde ese día no hubo ningún acto mío de rencor, pidiendo venganza, en algún momento he pedido justicia. Lo hemos asumido con mucho dolor y estamos tratando de levantarnos. Yo tuve que salir del país porque el hostigamiento fue constante, cotidiano, permanente, incluso en el gobierno de Añez y de Arce. Por eso desde febrero no estoy en el país. Hasta ahora no podemos levantarnos y a mí particularmente me ha golpeado muy fuerte, a mis hijos que también han sufrido en gran dimensión. Tengo que pensar en mi familia.

¿No piensa regresar al país en un corto plazo?

Nos han destruido, y hasta ahora he tratado de no participar en activismo por cuidar a mi familia, hace un buen tiempo que estoy absteniéndome. Al día siguiente de la quema no podíamos ir a la casa porque las personas estaban merodeando. Cuando pudimos ir, mi hijita se puso a buscar su muñeca, nunca la encontró. Esas cosas te generan dolor y frustración, me dejaron en la calle y no escuché ni una sola voz de solidaridad de la gente del MAS. Mientras no existan garantías no volveré, es que la he pasado duro.

No es la primera vez, en el gobierno de Goni me secuestraron, entonces llega un momento en que me pregunto a dónde estoy yendo, ¿y mi familia? Todo lo que le pasa te genera una sensación de culpabilidad.

El GIEI ha pedido que se reabran algunos casos para hallar responsables y resarcir a las víctimas. ¿Cree que en su caso se podrá tener a los autores?

Para llegar a esa actitud de sensatez tiene que pasar mucho tiempo. El Gobierno le está dando una lectura convencional a su interés político. Lo ideal hubiera sido una reunión entre todos los actores y autoridades y hacer causa común para todas las víctimas, pero no va a pasar.

Hoja de vida

Inicios Waldo Albarracín es abogado de profesión.

Carrera Fue presidente de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos (1992-2003), defensor del Pueblo (2004-2010), fue rector de la UMSA y presidente del Comité Nacional de Defensa de la Democracia.

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