Vecinos del Plan 3.000 lidiaron con los choques y la violencia en las rotondas

La violencia entre los grupos que apoyan al paro y los que están en contra se trasladó la semana pasada al Plan 3.000 de Santa Cruz de la Sierra, con la participación de jóvenes que por las noches pelean por el control de territorios simbólicos de la zona. Algunos vecinos cuentan que grupos cívicos se organizan para obligar a la población a acatar la medida de presión.

El 11 de noviembre fue el día de mayor violencia en Santa Cruz de la Sierra, cuando un grupo de personas logró tomar la sede de la Federación Única de Trabajadores Campesinos e incendió el lugar. Antes, el 1 de noviembre, otro episodio en La Guardia derivó en el asalto y fracturas en la humanidad del periodista Mario Rocabado, de Unitel, supuestamente agredido por personas movidas contra el paro y respaldadas por la Policía.

En la semana que culmina, los enfrentamientos nocturnos se volvieron cotidianos en el Plan 3.000. Aunque los grupos se enfrentaron disparándose petardos sin acercarse entre sí, la participación de la Policía provocó más repercusiones negativas por el impacto de los gases lacrimógenos en las viviendas y por el impacto psicológico del ruido de esos disparos.

“La violencia siempre ha estado presente en la política boliviana, de hecho, puedo citar el libro A bala, piedra y palo, de Martha Irurozqui, que menciona la violencia histórica en procesos electorales a fines del 1800 e inicios del siglo XX. Es una constante. Para este caso específico, diré algo obvio, los espacios de negociación han sido desdeñados sobre todo por los actores del gobierno; en todo caso, ante el fracaso de las negociaciones, la política termina de resolverse en las calles”, comenta el politólogo Franz Flores.
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Una vecina afectada por los gases lacrimógenos. APG

Los hechos del Plan 3.000 se dieron en un terreno desconocido incluso para la prensa tradicional. Mery Herrera, de la Unión de Juntas Vecinales, explica que los enfrentamientos con pirotecnia se prolongan hasta las cuatro o cinco de la mañana desde el día del cabildo del 13 de noviembre. “Queremos que esto se tranquilice. Por el sector Arroyito, después del mediodía, aparece cada media cuadra (un bloqueo) con su pita. No son vecinos, es un grupito que está a cargo de manipular a los malvivientes que bloquean”, dice Herrera, quien insiste en que son personas ajenas a la vecindad las que causan zozobra en la zona.

El trasfondo de las pugnas es el acatamiento de unos y el rechazo de otros al paro cívico. Diego Condori, del Subcomité Pro Santa Cruz, comenta que en el Plan los enfrentamientos de las últimas noches fueron por la toma de la rotonda del Obelisco, ocupada por grupos auspiciados por el Movimiento Al Socialismo (MAS), a pesar de que el lugar está custodiado siempre por la Policía, por ser precisamente el objeto de la discordia.

Condori señala al grupo Resistencia Hydra como el que ha provocado los enfrentamientos con acciones como la toma de la campana, que le da nombre a un barrio del Plan, y la incursión diaria a la rotonda del Obelisco.

“Está confirmado que estos grupos de choque están hospedados en residenciales en el Plan 3.000, salen al mediodía a tomar sol y hay denuncias en audios de que son las autoridades del MAS las que los están financiando”, explica.

En la refriega de la madrugada del pasado jueves, un alojamiento fue apedreado y varios negocios de los alrededores, saqueados.
$!Una calle es bloqueada durante el paro cívico indefinido.
Una calle es bloqueada durante el paro cívico indefinido. Malkya Tudela

Violencia simbólica

Franz Flores dice que, en este caso, no existen mecanismos de negociación a la manera clásica, es decir, partidos políticos para mediar entre las demandas de la sociedad civil y el Estado, sino un comité cívico que tiene una referencia territorial y es capaz de movilizar a las bases agitando la identidad regional.

“Las identidades regionales pueden unir a una región, pero en muchos casos se vuelven discriminadoras porque están colocando la lucha entre una identidad regional versus las otras. Es por eso que esa violencia simbólica se puede estar presentando con insultos a los migrantes, llamándolos traidores, malagradecidos, que Santa Cruz les ha recibido con los brazos abiertos. Eso ocurre porque un movimiento regional moviliza ese tipo de identidades territoriales que tienen en muchos casos referencias étnicas, en una suerte de xenofobia regional”, dice Flores.

Y este otro tipo de violencia estuvo más presente en el paro, como cuando el bloqueo del ingreso al vertedero municipal causó problemas con la gestión de los desechos en la ciudad. La reacción de un grupo de vecinos fue ir a depositar bolsas de basura en puertas de la Federación de Mujeres Bartolina Sisa, que está ubicada en el Cuarto Anillo de la Doble Vía a La Guardia.

En este caso no fueron los unionistas –es el único acto de violencia que deslindaron–, sino la acción de los vecinos de la zona que quisieron expresar con un acto simbólico su hostilidad hacia quienes consideraban que estaban detrás de las medidas contrarias al paro.

Fueron también los vecinos los que se autoconvocaron y llamaron a desalojar de sus puestos a los comerciantes ambulantes mañaneros que se asientan cada miércoles y sábado, por algunas horas, en los alrededores de la Feria de Barrio Lindo. La medida tampoco mereció cobertura de la prensa, pero algunos posteos en redes sociales mencionaron la acción de amedrentamiento.

El hecho fue una reacción a una marcha de los gremiales, realizada días antes, que resaltaba su derecho al trabajo y pedía la suspensión del paro cívico, pero que terminó en una concentración en la rotonda del Chiriguano en la que se escucharon las arengas de “Ahora sí, guerra civil”.

En el posteo sobre el desalojo de los comerciantes, los comentarios son en general de respaldo a la medida. “Biencísimo, para que aprendan a no ser malagradecidos con la tierra que les brinda oportunidades de trabajo y les da cobijo”, dice uno. “Boten a toda esa gente, malagradecidos, ellos deberán ser los primeros en apoyar, gracias a SCZ tienen trabajo (sic)”, señala otro comentario. Cientos de otras expresiones mencionan más o menos lo mismo.

Este tipo de violencia también estuvo presente en algunas rotondas y puntos de bloqueo, donde junto a esas arengas se prohibía tomar fotos, se exigía credenciales (salud, periodista, etc.) y hasta se llegó a exigir abrir un féretro para comprobar la existencia del muerto.
$!Una mujer tuvo que abrir elataúd de un familiar fallecido.
Una mujer tuvo que abrir elataúd de un familiar fallecido. RRSS

A nivel de las instituciones, también se denunciaron hechos coercitivos. La diputada Estefanía Morales denunció a Alejandra Serrate, asesora del Gobernador, por cobros irregulares a funcionarios del Gobierno Autónomo Departamental bajo amenaza de despidos. Un código QR y una tarifa de aportes, según el escalafón, se hicieron públicos y se difundieron junto a denuncias anónimas de personas que decían pagar al partido y al aval que les consiguió el trabajo, pero que ahora se veían obligados a aportar supuestamente para mantener las ollas comunes.

La asambleísta Raquel Valencia dijo a Página Siete que presentaron la denuncia a la Fiscalía por concusión y uso indebido de influencias a raíz de la identificación de una ambulancia del Servicio Departamental de Salud para trasladar fuegos de artificio para los enfrentamientos.

Otra forma de amedrentamiento se hizo pública desde la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno (Uagrm) cuando el vicerrector, Reinerio Vargas, anunció la decisión institucional de elaborar una “lista de traidores a Santa Cruz” con los nombres de las personas que expresen discrepancias con el paro cívico. La resolución fue cuestionada por el propio rector, Vicente Cuéllar, a título personal, por ser una traba a la libertad de pensamiento y expresión.
$!Una moto, frente a un punto de bloqueo en el Plan 3.000.
Una moto, frente a un punto de bloqueo en el Plan 3.000. Malkya Tudela

La UJC

La organización señalada como gestora de varios hechos de violencia fue la Unión Juvenil Cruceñista, un brazo del Comité Cívico. Pero Mery Herrera no cree que los unionistas sean los actores de la violencia en el Plan 3.000. “Esos son cobardes para enfrentarse a la gente, no vienen aquí, sino que pagan a otros para que vengan a causar problemas. Aquí no estamos en eso, no tenemos para el día a día, peor la gente va a tener para comprar tanto petardo”, dice la vecina.

El rumor entre vecinos y usuarios de las redes sociales es que se convocan a las barras bravas de los clubes de fútbol para intervenciones en las ocasiones que prevén una confrontación violenta. Los miembros de la UJC no respondieron a un pedido de entrevista de este medio.

A la semana de lanzado el paro cívico, los miembros de la UJC ya salían por las noches a cerrar boliches y licorerías, partiendo en motocicletas de la puerta de la Catedral. “Estamos haciendo un control a todos los boliches del centro de manera pacífica para que cierren sus instalaciones…, que creen conciencia, que este paro es de todos y la lucha es de todos”, decía Ernesto Vaca Vilasboas, presidente de la UJC, para la página de Facebook de la Unión.

No se han difundido ni las formas persuasivas en los boliches ni los resultados de sus batidas, pero en los días de paro los unionistas asumieron, en esos casos, roles que mezclaban los de gendarmes municipales y policías.

En sus actos de preparación, los jóvenes se forman a la manera militar, más hombres que mujeres, vestidos con poleras y gorras negras, rostros cubiertos con bandanas y algunos con barbijos. Sólo su presidente utiliza camisas o chalecos caqui la mayor parte de las veces.

El 10 de noviembre, los miembros de la Unión Juvenil Cruceñista formaron una guardia alrededor del féretro de Eduardo Sosa, un joven que murió a causa de “un traumatismo toráxico abierto” en un punto de bloqueo en el barrio Latino de Los Lotes.

Además, se los pudo ver haciendo de guardias de los cívicos cruceños en cada acto en El Cristo y fueron la custodia de Rómulo Calvo cuando un grupo de personas molestas acudió hasta su casa, la noche del masivo cabildo del domingo 13, para reclamarle claridad en las cinco preguntas lanzadas esa noche a la concentración.

Pagina Siete

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