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Alianza Juntos, del verde limón al rojo sandía

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¿Fue un error haber sido candidata? ¿Que pasará con las fuerzas que la apoyaban? ¿Será su declinación la clave para reforzar el voto antimasista?

Hay días llamados a marcar la semana, el mes, los últimos 10 meses. El jueves 17 de septiembre fue uno de ellos. Los rumores, que comenzaron a mediodía y crecieron a la par de las especulaciones, se confirmaron esa noche, fría como pocas. De pie, frente a sus aliados políticos, la presidenta transitoria Jeanine Añez anunció que declinaba a su candidatura para las elecciones del 18 de octubre. Era el fin de Juntos.

La alianza política nació el 24 de enero -día de Alasitas- y en ella convergieron Demócratas, Unidad Nacional, y fuerzas locales como Unidos, Sol.Bo y Todos, éstas últimas aliadas de Mesa en los pasados comicios.

Con el verde limón como emblema, Juntos postulaba a Añez. La senadora de UD asumió la Presidencia transitoria el 12 de noviembre dos días después de la renuncia de Evo Morales y en medio de convulsión social tras el fraude electoral. Bolivia vivía una crisis, profunda como pocas.

El verde limón

Los dos primeros meses de su gestión, la Presidenta transitoria dijo en repetidas ocasiones y en varios tonos que no sería candidata y que cumpliría su misión de garantizar las elecciones. “Lo que particularmente yo quiero es cumplir con Bolivia, no estar aprovechándome de una situación y decir, ¡ah yo también podría ser candidato y me aprovecharé de eso!, porque creo que sería deshonesto”, dijo Añez en una entrevista con Página Siete, en diciembre .

Pero la noche de Alasitas cambió de opinión: “No estaba en mis planes participar en estas elecciones. La dispersión del voto y la presentación de candidaturas que no logran reunir a los bolivianos me han llevado a tomar esta decisión”, justificó entonces.

Hubo duras críticas de sus detractores. Hubo cuestionamientos amargos de sus primeros aliados -entre ellos, el cívico cruceño Luis Fernando Camacho que ya estaba en carrera electoral- y hubo opiniones divididas entre la población. Días después, Añez oficializó como su acompañante de fórmula a Samuel Doria Medina. La alianza Juntos estaba en la carrera electoral.

Pero entonces pasó lo que nadie imaginó: la llegada de un virus asesino y una emergencia sanitaria, terrible como ninguna. Y las elecciones se aplazaron del 3 de mayo al 16 de septiembre y de esa fecha al 18 de octubre. En el interín hubo protestas y bloqueos de masistas.

Mientras tanto, el Gobierno transitorio se debilitaba con autoridades volátiles en sus cargos, escándalos de corrupción como el de los 170 respiradores españoles y cuestionamientos a las labores dobles de la presidenta candidata. El verde limón empezó a desteñirse durante la pandemia,

El azul telón de fondo

Constante, la presencia del MAS es el mayor escollo para la gestión de Añez y lo fue aún más para su candidatura. La mayoría que tiene el partido de Morales en el Congreso le puso el candado en varias ocasiones.

Desde Argentina, el Evo Morales critica, hace campaña, repromete su regreso y hasta ha inaugurado obras. Las balas, sin embargo son de doble vía. El Gobierno de Añez ha respondido los ataques con procesos, por causas que van desde terrorismo hasta estupro.

En la reciente encuesta de Mercados y Muestras para Página Siete se evidenció que la tendencia de la intención de voto para Añez iba en descenso. En febrero, la mandataria alcanzó el respaldo más alto, con 18% de preferencia, pero su intención de voto se desplomó a un 8%, porcentaje registrado en la encuesta de este mes.

En primer lugar, con 25% figura el candidato masista, Luis Arce, a tres puntos de Carlos Mesa de CC. En cuarto puesto figura Jeanine Añez con 8% en un empate con Luis Fernando Camacho (Creemos), después de indecisos, blancos y nulos.

El rojo sandía

“Dejo de lado mi candidatura a la presidencia de Bolivia para cuidar la democracia, no es un sacrificio, es un honor”, dijo la mandataria en el mensaje grabado el jueves. Lo hago ante el riesgo de que se divida el voto democrático entre varios candidatos y que a consecuencia de esa división, el MAS acabe ganando la elección”.

Lucía un abrigo color rojo sandía. Apareció escoltada por sus aliados políticos: Samuel Doria Medina, candidato viceprecidencial; Luis Revilla (Sol.Bo); Adrián Oliva (Todos) y Víctor Hugo Zamora (Unir), además del vocero de Juntos Edwin Herrera, y líderes del Movimiento Demócrata Social y los ministros Óscar Ortiz y Yerko Núñez.

“Si no nos unimos vuelve (Evo) Morales, si no nos unimos la democracia pierde, si no nos unimos la dictadura gana, en suma hoy dejo de lado mi candidatura en homenaje a la libertad y a la democracia. (…) Quiero llamar a la unidad de los que creen en la democracia y el mejor modo de hacer este llamado es dejando de lado mi candidatura y pidiendo a los bolivianos de todo el país que apoyen la unidad”, recalcó Añez sin mencionar quien debería ser ese candidato de unidad.

¿Fue un error de Añez haberse presentado como candidata? ¿Que pasará con las fuerzas políticas que la apoyaban? ¿Será su declinación la clave para reforzar el voto antimasista? La historia responderá el próximo 18 de octubre en una elección polémica, como pocas.

Página Siete

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