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La caída de “tía Ágatha”, jefa de una red de trata y pornografía de adolescentes

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Yenny Esther Choque, más conocida como la “tía Ágatha”, tiene 35 años de edad y es de baja estatura. A primera vista ella parece tranquila, pero en realidad es la jefa de una red de trata, pornografía y violencia sexual comercial de adolescentes. Este grupo delictivo -que trabajaba con una agencia de modelaje y una escuela de deportes- operaba en tres ciudades del país: La Paz, El Alto y Cochabamba.

La primera semana de diciembre, la Policía desbarató este grupo delictivo y detuvo a la “tía Ágatha”, la cabecilla de la red. En la actualidad, la Policía continúa con las investigaciones para identificar a más víctimas.

¿Quién era y qué hacía “la tía Ágatha”? Además de captar a las víctimas, ella se encargaba de todo el funcionamiento de esta red delictiva. Ella elaboraba el catálogo virtual para “vender a las jóvenes” y coordinaba todas las acciones de los otros “reclutadores”, quienes operaban en una agencia de modelaje y una escuela de deportes, según los reportes de la Policía.

Ella y sus cómplices buscaban a las adolescentes a través de las redes sociales y se ganaban su confianza. Identificaban -en especial- a las jóvenes que necesitaban dinero o trabajo.

“Uno de los captores, Adrián Fernando Andrade, era profesor de educación física en una escuela de voleibol. Él -también- captaba a las menores de edad. Lo que hacía era ofrecer ayuda económica de 2.000 bolivianos”, explicó el jefe de la división de trata y tráfico de personas dependiente de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (Felcc), Boris Gutiérrez.

Cuando él debía dar el dinero a las adolescentes, les decía que no tenía el monto y les ofrecía 7.000 bolivianos por grabar un video pornográfico. En muchos de los casos las jóvenes que necesitaban el dinero aceptaban la propuesta. Luego, el acusado usaba la misma grabación para extorsionar a las víctimas.

Los videos eran grabados con actores triple X. Según la Policía, la “tía Ágatha” y sus cómplices se encargaron de crear hasta una productora para cometer este delito”.

Estos videos eran ofrecidos en Bolivia, pero también en el exterior. “De acuerdo con los datos recolectados, se tiene conocimiento que también operaban con contactos de Perú”, explicó la autoridad policial.

Luego de grabar los videos, las víctimas eran inducidas y obligadas a trabajar en D.C. (Damas de Compañía) Ágatha.

La “tía Ágatha” tenía como premisa contratar adolescentes de 15 años y jóvenes que tengan hasta 29 años de edad.

“La mayoría de (las víctimas) eran adolescentes de 15 a 17 años”, dijo Gutiérrez.

Ella manejaba un catálogo digital con las fotografías de todas las adolescentes. Ofrecía a las víctimas a través de las redes sociales.

La acusada siempre buscaba a sus víctimas en las redes sociales. Ofrecía diferentes trabajos, como vendedoras de ropa o personal de limpieza, pero al final les decía que tenían que dar un servicio de carácter sexual.

“La tía Ágatha” tenía una habilidad para convencer a las jóvenes y lograba conseguir todo de las víctimas. “Te voy a pedir una foto sexy, pero delicada. No con lencería porque el cliente sabe que las señoritas (que ofrecemos) no son de servicio diario y eso es lo que les llama la atención porque no quieren que tengan mucho servicio”, decía la mujer, según un audio que fue presentado en una conferencia de prensa por el ministro de Gobierno, Eduardo del Castillo.

La acusada pedía -además- una foto a las interesadas en el trabajo. Les solicitaba imágenes “sin retoques” y una descripción física de la adolescente. Estatura, color de piel y las medidas del contorno de su cuerpo.

“También te voy a pedir que me envíes una calificación de tu rostro en un rango del uno al 10. ¿Cuánto te calificas?”, decía la mujer, según el audio. Además, la líder de la red impuso algunas reglas: está prohibido usar ropa deportiva y chamarras largas. “Cuando los clientes van a buscarla, se desaniman al verlas”, les comentaba.

Delante de las víctimas, la “tía Ágatha” se mostraba amable, pero todo era parte de una estrategia de manipulación. Les decía que las llamaría en horarios determinados y que respetaría su tiempo, pero nada era verdad. “No te voy a llamar en otro momento, pero cuando tienes tiempo, debes estar atenta a mis mensajes”, les comentaba.

Según los audios, la mujer indicaba que sus clientes eran conocidos. “Los conocemos a todos, pero siempre ingresan nuevos”, se le escucha decir en las grabaciones.

Luego de convencer a las adolescentes y a las jóvenes, la jefa de la red subía las fotografías a su catálogo digital.

La “tía Ágatha” decía a las adolescentes que “todo es discreto”, pero en realidad no era así: las grababa para luego extorsionarlas y obligarlas a seguir trabajando en la red. “No doy tu identidad ni tu número. Todo contacto y cita es conmigo. Yo soy la intermediaria entre el cliente y tú”.

La jefa de la red se encargaba de concretar la cita. “Yo te voy a decir que el cliente está acá o allá. Antes de hacer una cita, para que tú estés tranquila, te enviaré una foto del cliente con el que vas a salir. Si eres nueva, no te mandaré con un cliente nuevo, irás con un antiguo”, les comentaba la “tía Ágatha”.

En la ciudad de La Paz, esta red operaba en al menos 10 puntos que se encontraban en zonas y lugares, como la plaza España, plaza Abaroa, plaza Belzu, Linares y Tarija, Eguino, plaza Alonso de Mendoza, San Francisco, Pérez Velasco y Obelisco.

“Donde tú estés, hay clientes. A veces en El Alto ellos se dan sus escapadas. Si tú estás por ahí y quieres trabajar, debes decirme para que te envié un cliente”, explicaba la mujer a una de las jóvenes que fue captada por la red, según los audios.

En todos esos lugares, la mujer decía que contaba con lugares para concretar los encuentros, como alojamientos, hostales o moteles.

El jefe policial explicó que la “tía Ágatha” cobraba hasta 1.000 bolivianos por las víctimas que eran más jóvenes, en especial por las adolescentes.

De acuerdo con el catálogo, las adolescentes tenían una calificación. Si era 10, el costo del servicio era de 1.000 bolivianos, pero si era nueve el precio bajaba hasta 200 bolivianos.

Gutiérrez explicó que el costo mínimo por el servicio era de 650 bolivianos. Las víctimas sólo recibían una parte mínima, la jefa de la red y sus cómplices se quedaban con la mayor parte del dinero.

Para extorsionar y obligar a las jóvenes a quedarse en la red, las víctimas eran obligadas a firmar contratos.

La “tía Ágatha” se ocupaba -además- de vender los videos pornográficos tanto en el interior como en el exterior del país. “Eso es ilegal conforme a normativa vigente”, dijo el ministro de Gobierno, Eduardo del Castillo, en una conferencia de prensa.

¿Cómo cayó este grupo delictivo? Esta red fue descubierta a través de un trabajo de patrullaje cibernético. Una policía se hizo pasar por una de las adolescentes. Gracias a este trabajo, la “tía Ágatha” y uno de los captores fueron aprehendidos la primera semana de diciembre por las autoridades.

Los acusados fueron presentados por el ministro de Gobierno en una conferencia de prensa.

En el operativo se rescató a una joven de 20 años de edad. Se secuestraron -además- celulares de ambas personas.

“Se encontraron más de 150 videos. Se solicitará el desdoblamiento (de las de los dos detenidos. Anunció que apelará la decisión de la Justicia.

Uno de los captores era profesor de educación física en una escuela de voleibol

Responsable de la unidad de trata y tráfico de personas dependiente de la Felcc, Boris Gutiérrez

Pagina Siete.

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