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Iglesia solicita fortaleza y afrontar abusos de poder

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La Iglesia Católica exhortó ayer a elevar una mirada a Jesús para tener fortaleza y afrontar los males sociales y personales, entre ellos los abusos de poder, y exhortó a convertirse para lograr la salvación y vivir bajo los criterios de la paz que son diferentes a los actuales.

El arzobispo de Santa Cruz monseñor Sergio Gualberti afirmó durante su homilía que Jesús es el punto de referencia certera y el eje central de la existencia cristiana, el que en fidelidad a Dios y en solidaridad a nuestra naturaleza humana, cruzó el fuego ardiente y las aguas del bautismo para abrirnos al camino de la fe.

“Fijar nuestra mirada en su testimonio para enfrentar como él con valentía y fortaleza la tarea difícil de elevar el nombre del evangelio, la voz profética ante toda clase de males personales y sociales, ante los abusos de los poderes públicos, la manipulación de la justicia, el despilfarro de los bienes comunes, el recurso a la violencia y al amedrentamiento, a la mentira y al engaño”, indicó en tono de reflexión.

Afirmó que Jesús mismo dice que su paz no es cualquier paz. La paz les dejo, mi paz les doy, pero no como la del mundo, la paz del mundo a menudo se funda en el orden impuesto con violencia y opresión, con engaño y mentira, con amenazas y miedo, con la violación a los derechos humanos y con la explotación de los más pobres, débiles y vulnerables. Este orden injusto es propio de sistemas dictatoriales y autoritarios, subrayó Gualberti.

Recordó que cuando Jesús llegó, vino a un ambiente dividido donde hubo gente que no se convertía porque creía ser justa y fueron indiferentes a Dios. O otros donde estaban los pobres pecadores pero conscientes de que con sus propias fuerzas no logran salir adelante y que por tanto, necesitan convertirse al Señor, por eso la paz que Jesús trae no es tranquila sino coloca contrastes y laceraciones, incluso entre miembros de una misma familia.

Pidió no cansarse en fijar la mirada en Jesús confiados que en él encontramos nuestra alegría, la paz y la ayuda necesaria para ser testigos superando nuestros límites y fragilidades como dice el salmo: “yo soy pobre y miserable, pero el Señor piensa en mí. Tú eres mi ayuda y mi libertador, no tardes, Dios mío”. (Erbol)

El Diario.

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