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Walker San Miguel : «La hiperideologización ha lastimado a los procesos de integración»

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Alejado de la política partidaria y de la función pública, Walker San Miguel está abocado a la asesoría jurídica de empresas, con énfasis en la resolución alternativa de controversias. Más allá de eso y retomando su experiencia como secretario general de la Comunidad Andina de Naciones (CAN), cargo que ejerció entre 2016 y 1018, ha puesto su mirada e interés en la integración regional. Desde noviembre del año pasado integra un grupo de nueve asesores del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que busca relanzar el proceso de integración latinoamericana. De eso y de las relaciones boliviano-chilenas habla en esta entrevista con Página Siete, quien también fuera ministro de Defensa del primer gobierno de Evo Morales.

¿En qué punto está la integración latinoamericana en este momento? ¿Hubo avances o retrocesos?

Ha habido evidentemente retrocesos. Yo le llamo un periodo de ralentización de un inicial gran impulso que ha tenido en las décadas del 60, 70. De ese inicial momento inaugural de la integración, donde podríamos incluir a la antigua Alalc, que era una asociación latinoamericana que quería el libre comercio en toda América Latina y el Caribe, pasando por la Comunidad Andina, por el Mercosur y otras entidades, vemos que el ideal integracionista se ha ido ralentizando. Ha habido momentos muy complejos, por ejemplo, la salida de Venezuela de la Comunidad Andina o las crisis del Mercosur que todavía la estamos viviendo. A futuro se puede aprender de las lecciones anteriores para ya no cometer esos errores y hablar de una integración sin una visión excesivamente ideológica que ha lastimado a los procesos de integración y nos ha puesto en desventaja con otros bloques del mundo.

¿La ideologización de las relaciones internacionales ha sido un error para la integración?

Sí, yo diría la hiperideologización. Todo gobierno y todo Estado tiene una orientación ideológica, pero quiere más desarrollo para sus pueblos, y eso solo se consigue con mayor integración, mayor movimiento de capitales, mayor movimiento de trabajadores. Quizá el ejemplo más vívido que tenemos en la actualidad es la Unión Europea, donde hoy mismo conviven visiones ideológicas muy divergentes, pero los acuerdos comunitarios respecto al desarrollo, servicios públicos, servicios básicos y moneda común son permanentes. Ahí los Estados y los pueblos han privilegiado, más allá de la visión ideológica, la economía y su integración, lo que les ha permitido mejorar su calidad de vida.

En el último tiempo cada bloque ideológico ha tratado de impulsar su propio mecanismo de integración: APEC, por un lado; Celac, Unasur y Alba por el otro. ¿Cuáles han sido las consecuencias para la región?

Primero, que se han incrementado las instituciones para la integración, ya podemos hablar de más de una docena de instituciones con esa visión latinoamericana. La excesiva conformación de instituciones ha provocado una dispersión en el ideal integracionista. A eso hay que agregar que muchos estados han suscrito acuerdos de libre comercio con grandes bloques comerciales o con Estados Unidos, que es un gran comprador, una gran potencia económica; otros lo han hecho con la Unión Europa, otros con China, Japón y con la India. Entonces, Latinoamérica, que tenía una visión de integración, otra vez ha vuelto al soberanismo, en una mezcla de querer hacer cada país lo suyo para ampliar sus niveles de comercio, pero olvidándose que había acuerdos de integración que tenían que trabajarse internamente. Vivimos una etapa de ralentización, de muchas instituciones, dispersión de esfuerzos, sin embargo, yo veo una esperanza en los próximos años porque la necesidad hará que los países nos integremos más. No podemos seguir conviviendo como Estados del siglo XIX, necesitamos fronteras muy dinámicas para el tránsito de mercaderías sin excesivos requisitos, necesitamos que los migrantes tengan agilidad en su tramitación cuando van a vivir en otro país, necesitamos que los títulos profesionales se validen en otros países. Eso lo puede conseguir la integración, si existiera voluntad política que lamentablemente está ausente.

Pero, la ideologización de bloques continúa y mientras eso se mantenga, ¿se podrá resolver el problema de fondo?

Hay dos fenómenos que cambian un poco esa óptica. Por un lado, los efectos de la pandemia han demostrado que las ideologías son relativas, de lo que se trata es de salvar la vida humana, de acordar mecanismos de prevención; y segundo, la guerra entre Rusia y Ucrania, cuyos efectos ya los estamos recibiendo. A eso me refiero cuando digo que es la necesidad la que hará que más allá de las visiones ideológicas se retorne al espíritu integracionista de la década del 60 y 70, pero también se aterrice en los tiempos actuales, donde el cambio climático ya ha afectado a todo el mundo, donde hay una brecha digital que está afectando a los más pobres. Las discusiones que se están generando al interior de este grupo asesor del BID, como también lo hace la CAF y otros organismos, apuntan precisamente a mostrar cuáles serían los principales temas de coincidencia que superen algunas barreras o visiones ideológicas que ya no son fundamentales para estos tiempos.

¿Hay que reactivar algún proceso de integración en curso o hay que crear uno nuevo?

Yo creo que intentar reactivar los que ya existen no va a llevar a nada, la idea sería que los países sudamericanos, para empezar, acordasen, por ejemplo, un área de libre comercio en Sudamérica, más adelante será Centroamérica y quizá México. Para ello es fundamental que las grandes economías tomen decisiones. Brasil, Argentina México tienen un rol muy preponderante y si estas tres potencias lograsen acordar una paulatina liberación de la circulación de bienes y servicios en Sudamérica, sería un gran avance y obviamente las instituciones (existentes) continuarán sirviendo, aunque hay algunas que han desaparecido también, como es el caso de Unasur, por ejemplo, o el Prosur, que quiso nacer y ya ha fallecido.

¿Usted da por desaparecida a Unasur?

Lo que pasa es que institucionalmente ha desaparecido. La idea de una institución sudamericana va a seguir vigente, pero tal como se había concebido a Unasur ya no la hay. O el Prosur, que lo promovió el expresidente Piñera, que no llegó a nacer y por tanto no existe. Y en el caso de la Alianza del Pacífico, carece de una institución, en realidad son acuerdos que han hecho México, Perú, Chile y Colombia con perspectivas de ampliar su comercio hacia China y países del Pacífico. Esa podría ser una experiencia interesante a ser tomada en cuenta, pero no limitada a tres o cuatro países, sino que tenemos que hablar de toda Sudamérica integrada.

En este contexto, ¿qué pasa con el ALBA?

Hay que diferenciar los mecanismos de integración de los foros políticos, foros políticos siempre van a existir.

O sea, ¿el ALBA no fue un mecanismo de integración?

Propiamente no fue un mecanismo de integración. O podríamos decir la OEA, que es un foro propiamente político. Ahí probablemente surgirán ideas, pero la integración de la que estoy hablando es una integración económica, fáctica, donde haya circulación de mercaderías, donde los servicios se presten en uno u otro país, donde los trabajadores puedan trabajar en uno u otro país, puedan estudiar, o sus pensiones les sirvan cuando vaya a trabajar a Chile o a Bolivia.

¿Cómo ve el papel de Bolivia en este proceso de integración frustrado o ralentizado?

Bolivia se ha caracterizado por ser un país promotor de todos los mecanismos de integración y está demostrando, en los hechos, que su posición geográfica le obliga a aunar bloques comerciales, como la CAN y el Mercosur. El rol de nuestro país está dado por su posición geográfica, si habláramos de interconexión eléctrica, de corredores bioceánicos entre Pacífico y Atlántico, o de fibras ópticas, Bolivia es indispensable. Creemos que Bolivia debe mostrar con mayor énfasis su vocación integracionista, que la ha tenido desde hace años.
San Miguel con la periodista de Página Siete.
Foto: Víctor Gutiérrez

Bolivia, según el último informe red de la CAF, es el que más trabas pone al comercio: carreteras, controles aduaneros. Y del otro lado, para sacar un camión de Bolivia durante la pandemia costaba más de ocho días en la frontera. ¿Por qué estamos tan mal en el tema de integración?

Yo creo que la reflexión que corresponde es decir que todos los países han hecho lo suyo para desandar lo andado en materia de integración. Por ejemplo, teníamos un arancel común en la Comunidad Andina, pero fue desmontado por todos los países; teníamos acuerdos acelerados para la validación de diplomas académicos entre los países, pero eso ha quedado estancado. En otros aspectos se ha avanzado, por ejemplo, se ha aprobado el estatuto migratorio andino, el rooming, pero esos son todavía botones de muestra, necesitamos algo de mayor calado, comercio electrónico a gran escala, mover las cadenas de valor. Vale la pena la autorreflexión, no hemos hecho lo suficiente y tenemos que ser conscientes que, para que la integración se dé, tenemos que levantar algunas amarras, algunos sectores económicos en Bolivia tienen todavía una visión proteccionista.

En Bolivia, durante el gobierno de Morales, del que usted fue parte, TLC era una mala palabra, ya sea con EEUU o con la Unión Europea. Esta ideologización regional, ¿no ha sido más acentuada en el caso de Bolivia?

En el primer gobierno del MAS no solamente era una visión exclusiva de Bolivia, la compartía Ecuador y Venezuela, era sobre todo porque el tema de propiedad intelectual afectó muchísimo a los países en desarrollo y un TLC implicaba entregar a los grandes países, a los grandes bloques del mundo, derechos en ese sentido, pero esto se ha ido modificando, Ecuador más adelante llega a suscribir un acuerdo comercial con la Unión Europea, en el caso de Bolivia, yo creo que también la mirada ha cambiado, porque el mundo cambia. Fue diferente la situación del 2006, porque también veníamos de una etapa de ultraliberalización de la economía, de la privatización, pero yo creo que hay que tener la visión del siglo XXI, que es integrarnos para luchar contra el cambio climático, tenemos que abaratar los costos de transporte, infraestructura. En eso creo que Bolivia ha hecho lo suyo, tenemos carreteras asfaltadas con Chile, se ha unido Tacna con La Paz, Tarija con Paraguay, creo que se ha hecho lo que se ha podido en estos años y ahora hay que tener una visión de conjunto para que la integración nos ayude a resolver incluso temas históricos, como el tema con Chile.

Hablemos de ese tema. ¿Cuánto influye la mediterraneidad a las barreras comerciales?

A Bolivia realmente le ha lastimado muchísimo la mediterraneidad. Para Bolivia ha sido una de las grandes desventajas de su vida económica. Creo que en estos nuevos tiempos también tenemos que hablar de una integración más potente con Chile, en el sentido de que se levanten barreras en el transporte, en el control fitosanitario, en el control migratorio, de manera que fluya el comercio, retomando el espíritu del libre tránsito que decía el Tratado de 1904. Es un contrasentido hablar de libre tránsito cuando los camiones se han quedado parados por una huelga aduanera, o porque se cayó el sistema de las aduanas de ambos países, eso ya no puede concebirse. Creo que la integración es también un mecanismo de solución de estos problemas.

Usted que ha sido cónsul de Bolivia en Santiago y tiene una visión política del tema, ¿cree que es posible que se puedan resolver temas fronterizos, comerciales, por encima del tema marítimo y el de las aguas fronterizas?

En esa época, el diálogo de los 13 puntos fue muy intenso, incluso el primer año, durante el gobierno de Piñera también se habló bastante de aspectos comerciales, de inversión, de temas económicos, pero sin dejar de lado y por lo menos comenzar a hablar del tema marítimo. Lo que ocurrió es que Bolivia y Chile se enfrentaron en La Haya por el tema marítimo y ahora lo están haciendo por el tema del Silala, pero esos procesos judiciales internacionales van a terminar y la realidad es que los pueblos van a necesitar y lo necesitan (mejores flujos), porque son interdependientes en muchos temas. Creo que acuerdos de integración siempre son posibles, sin que Bolivia cancele su mirada histórica. Es posible dialogar más ahora que hay un cambio político en Chile, debería aprovecharse para amplificar ese diálogo.

¿Qué hay de la política en su vida? ¿Piensa volver?

Yo creo que he tenido un paso por la vida pública muy importante, en el sentido de haber estado en una etapa compleja para el país, pero que al final ha permitido abrir el paso para una nueva visión de los temas políticos y económicos. Más allá de ese rol que me tocó desempeñar, ahora estoy 100% orientado al servicio jurídico y analizando los fenómenos políticos del país en un sentido particular.

Fuente: Pagina Siete

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