Viceministro de Arce critica al «jefazo» y «jefismo» del MAS y defiende a Choquehuanca

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El viceministro de Coordinación y Gestión Gubernamental, Freddy Bobaryn, criticó al “jefazo” del Movimiento al Socialismo (Evo Morales) y a su entorno que denominó “jefismo”, al que responsabilizó de “forzar una candidatura a la presidencia, por cuarta vez”.

Bobaryn en su artículo denominado ‘El síndrome de hubris y la lucha por el poder’ publicado en el periódico gubernamental, critica al líder del MAS y a su entorno, por haber forzado la reelección para un cuarto mandato presidencial.

“El jefismo rompió el techo de cristal cuando atribuyó a las organizaciones sociales la obstinación de forzar una candidatura a la presidencia, por cuarta vez. Porque fue una situación que contribuyó a crear un rechazo -no menos apasionado- de una sociedad ya estupefacta ante una narrativa que justificaba la vulneración de Derechos Humanos”, señala en el escrito.

Describe la “soberbia de quienes profesaban verdades absolutas nubló la posibilidad de generar espacios de autocrítica, reflexión y reconducción del Proceso de Cambio”. Lo que provocó “rupturas y desalineamientos que llegaron de la mano de la desmoralización de la militancia y de las organizaciones sociales, a quienes no se dudó de acusar de ‘traición’, cuando estas planteaban el mínimo cuestionamiento”.

Acoto que “El entorno que justificó teóricamente la indispensabilidad de la presencia del jefazo como única garantía de unidad en el país, se equivocó”. En ese escenario, y como sucedió en el estalinismo, en el MAS también se realizaron “purgas y persecuciones internas, que procuraron calumniar y deponer a David Choquehuanca, por el temor que éste pudiera desplazar al jefazo”.

Y que actualmente se continúan “orquestando ataques sistemáticos, que buscan desprestigiar a quien es el principal ideólogo y pieza clave en la construcción de la filosofía del Vivir Bien”, en relación a quien ahora es el segundo hombre del Estado.

Bobaryn inicia su artículo citando un mito de la antigua Grecia, sobre el sol que derritió la cera de las alas del ícaro por querer volar demasiado alto. Afirma que a esto se conoce como “hubris” “-la arrogancia del ícaro-, quien, siendo un mortal, ofendió a los Dioses queriendo actuar por encima de sus capacidades, lo que hizo que se cayera al mar y desapareciera para siempre”.

Explica que el “Hubris” viene del griego que significa desmesura, es lo opuesto a la sobriedad y la moderación. “El término alude al ego desmedido y la sensación de omnipotencia. Es decir, tiene que ver con los deseos de transgredir límites, conllevando implícito el desprecio hacia el espacio de los demás, el menosprecio y la instrumentalización del entorno en función a los intereses del ególatra (Gonzales-García)”.

Manifestó que, en el país, la “derecha” asumió un discurso estigmatizante, pretendiendo señalar al MAS desde una falsa superioridad moral, que con los años fue adquiriendo fuerza, principalmente en las ciudades capitales de departamento. Señaló que los responsables de este escenario, fueron algunas autoridades que “horadaron nuestra credibilidad, actuando de modo clientelar, patrimonialista y corrupta”, como cree que sucedió durante los gobiernos neoliberales.

“Este hecho evidenció la burocratización dentro de las organizaciones sociales, materializada en la configuración de una élite dirigente privilegiada, cuyos miembros terminaron por integrarse clientelarmente a un mando hegemónico, secuestrando los genuinos y legítimos intereses de los sectores a los que decían representar. El escenario configuró, nuevamente, una espiral de “oligarquización del poder político” en Bolivia (Zavaleta, 1986). Esto sucedía mientras “el entorno” se preocupaba en darle una mano a las logias terratenientes de Oriente, incluso cuando estas no dudaban en financiar el golpe a través de Luis Fernando Camacho”, acotó Bobaryn.

En un tono crítico, dijo que “donde todos piensan igual, nadie piensa”. Es así que los “díscolos” que intentaron reflexionar sobre algunas malas decisiones fueron “purgados y acusados de libre-pensantes. La soberbia de quienes, en su momento, tenían el control del Estado, impuso un pensamiento único de corte arbitrario, que derivó en una autoafirmación en el error”.

Considera que fue tarde cuando se puso “cable a tierra”, porque cuando se intentó abrir la negociación ya no era posible una segunda vuelta, toda vez que las protestas callejeras clamaban una renuncia irrevocable.

“En las elecciones anuladas del 2019 -en menos de tres semanas- pasamos de declararnos ganadores, a denunciar un golpe de Estado, para finalmente provocar una renuncia colectiva, que descabezó a todas las autoridades electas que podían asumir la sucesión constitucional de la Presidencia del Estado. Terminando atrapados en chicanerías legales que buscaban manipular la CPE, todos espectamos cómo se recurrían a viejas prácticas neoliberales, propias de quien carece de legitimidad, este momento de debacle, corroboró que este período había llegado a su fin”, afirma.

Manifestó que esto explica lo que muchos no lograban entender, cómo era posible dar un golpe a un gobierno que tuvo logros económicos, políticos y sociales, es decir, al fenómeno que había sido bautizado como el “milagro económico boliviano”, describe el viceministro.

“Todo esto fue producto de la acción de esos dirigentes, como los que continúan atacando a David Choquehuanca, que no comprenden que el Proceso de Cambio no es la particularidad de una organización electoralista. Sino más bien, es el ineludible transitar de una acumulación histórica, de luchas, victorias y derrotas, que encuentra sentido y coherencia a través de nuestra espiritualidad, contenida en la filosofía del Vivir Bien”.

Bobaryn señala que, en ese episodio, fue el pueblo que restituyó su Ajayu de manera espontánea, por ejemplo, al ver quemada su wiphala. Cree que este hito desnudó las inconsistencias y las limitaciones de partidos, dirigentes y políticos que fueron rebasados ante una realidad que demandaba “renovación, cambio, reciprocidad, armonía y respeto. En síntesis, el retorno a los valores constitutivos que vieron nacer el Instrumento Político. La demanda era concreta: retornar a la esencia, a la raíz que nos sostiene y proporciona identidad”.
Fuente: ANF