Cárceles productivas, la opción de reinserción para internos de Pando

A 15 minutos de la ciudad de Cobija está ubicado el Establecimiento Penitenciario de Villa Busch, una cárcel que alberga a población masculina y femenina, y que hasta el momento pudo evitar el hacinamiento carcelario a pesar de su limitada infraestructura.

Son casi las nueve de la mañana de un día de semana. Ayer llovió todo el día, las calles siguen húmedas y el calor no se siente con tanta intensidad, como suele ocurrir en esta región norte del país. Una mujer joven abre con amabilidad las puertas del recinto. Se trata de la directora departamental de Régimen Penitenciario de Pando, Perla Galindo.

Es día de visita y los “taxis” —internos que aguardan indicaciones de los visitantes para buscar a un privado de libertad— están ansiosos al otro lado de la malla. Cobran un boliviano por buscar a un compañero, tienen un sindicato para cubrir turnos y visten chalecos identificativos.

Villa Busch no es una cárcel común y corriente. No todo es cemento y barrotes; hay árboles y áreas verdes que hacen de este lugar un espacio más acogedor para cumplir una condena.

El 70% de los internos cuentan con una sentencia y no están allí sólo con detención preventiva, algo que de por sí ya es singular entre las demás cárceles del país.

En el área de producción más grande de este centro penitenciario casi la mitad de los internos trabajan más de ocho horas diarias con música a todo volumen. Hacen trabajos de carpintería y artesanía, fabrican desde pequeños adornos hasta un juego de comedor, con modelos modernos e innovadores.

“Usamos el internet para sacar los modelitos con la colaboración de la administración del penal”, dice uno de los internos mientras muestra una silla.

Desde hace unos años se implementó una serie de terapias ocupacionales para que el privado de libertad aprenda diferentes ramas técnicas básicas, medias y superiores, con el fin de lograr su rehabilitación y posterior reinserción social.

“Uno de los lineamientos de nuestro Ministerio de Gobierno en esta gestión 2022 es volver las cárceles productivas, para que el privado de libertad tenga que trabajar en los establecimientos penitenciarios, que no sólo venga a cumplir su condena y nada más. El privado de libertad tiene que venir a trabajar y a estudiar, con esto vamos a lograr su verdadera rehabilitación”, señala la directora del penal.

La segunda área más grande en el recinto es la de horticultura. A lo lejos se vislumbra a varios hombres que trabajan la tierra, pues en unos meses cosecharán el fruto de su esfuerzo, el que podrán comercializar para mantener a sus familias, pues, a pesar de estar recluidos, muchos de ellos siguen siendo el sustento de sus hogares y trabajan para mantener a sus hijos.

Cerca de los cultivos está la granja de chanchos. “Recién ha parido”, cuenta un recluso mientras apunta a las crías del animal. A 200 metros hay otra granja, pero ésta es de pollos. Son las famosas “gallinas ponedoras”, que entregan docenas de huevos que son vendidos en los barrios periféricos de Pando y a precios más bajos, al igual que las verduras cosechadas que llegan a ferias que son habilitadas cada sábado.

En el caso de los muebles y las artesanías, el Gobierno Autónomo Municipal de Cobija habilitó, de forma permanente, un galpón para que las esposas de los reclusos vendan toda la producción y, con la ayuda de una funcionaria autorizada, también se comercialice a través de la billetera móvil. El fin es que, con el tiempo, se logre hacer envíos a escala nacional. “La billetera móvil es algo que nos sorprendió, nosotros no sabemos mucho de tecnología, a mí me gusta mucho el desafío, y ojalá que con la billetera móvil nos digan ‘este mueble quiero’ y nosotros se lo vamos a hacer y lo vamos a mejorar, porque tenemos buenos carpinteros”, asegura Iver Benzon Carrillo, quien ya cumplió cuatro de los 12 años de sentencia que debe purgar.

El recorrido continúa y, como toda cárcel, existe un espacio apartado para los privados de libertad más peligrosos. Un candado grande asegura la puerta revestida con una malla gruesa. Luego de que un oficial abre, el grupo de mujeres conformado por la directora y otras funcionarias del centro penitenciario caminan por un pasillo. El objetivo es conocer el “punto cero” de la crianza de los pollos.

Allí, el lugar es más oscuro y los escoltas son un grupo de internos, quienes están ansiosos por compartir su labor.

En la esquina de un cuarto también oscuro, una incubadora con más de 50 huevos proyecta una luz muy tenue que da las condiciones para la crianza.

Es asombroso ver cómo crece cada pollo, su forma se distingue cuando se pone el huevo a contraluz. “Pa’ la otra semana esos ya van a reventar, salen cada 21 días”, indica uno de los internos, mientras muestra el producto.

El aspectos serio y hasta intimidante de los reclusos de ese espacio cambia por completo cuando alternan para cargar a un “pollito” que tiene una protuberancia en el pico. Entonces le acarician la cabeza y casi le susurran que “ya se va a sanar”.

Entre tanto, otro interno invita un jugo elaborado con frutos que se producen dentro del penal. Allí, como en todo Pando, existe un gran potencial para la producción de frutos, como el asaí, castaña y otros, que, en este caso, servirán para la elaboración de productos derivados, informan las funcionarias de la cárcel.
Capacitación

Para que su trabajo sea de alta calidad, el privado de libertad debe inscribirse en el Centro de Educación Alternativa (CEA). Esta año se habilitaron clases nocturnas para que el interno que trabaja en el transcurso del día, continúe con el aprendizaje durante la noche y logre graduarse en grado técnico en el rubro que es de su preferencia.

Un salón con más de una decena de máquinas industriales está a disposición de los internos que en su mayoría son varones.

En esta área, el obstáculo más visible es la carencia de material, pues el costo es elevado. Por ello, en varias ocasiones prefieren comprar las telas de La Paz, porque así ahorran unos pesos, detalle no menor porque son los mismos internos quienes pagan.

Sin embargo, y a pesar de esas adversidades, los reclusos, quienes están conscientes de que cometieron faltas a la sociedad, buscan darse una nueva oportunidad y hacer de su paso por la cárcel un momento de su vida en el que pueden sacar provecho y aprender cosas nuevas, ser productivos y profesionalizarse.

“Yo soy una mujer que cree mucho en los sueños, y creo que uno de los sueños que hemos tenido al comienzo es transformar a los preventivos y sentenciados, y lo hemos cumplido, ha sido un reto muy grande para nosotros. Lo mismo estamos haciendo con el sueño de lograr convertir esta cárcel en 100% productiva, poco a poco hemos ido avanzando”, comenta con orgullo la directora del penal.

Los desafíos para la administración penitenciaria y los mismos privados de libertad son varios. Trabajan en la capacitación y deben ingeniar modos de obtener los insumos para facilitar el aprendizaje.

Asimismo ven necesaria la habilitación de espacios específicos para tratar a los internos que en algunos casos llegan con diferentes afecciones.
“Nuestro sueño es convertir esta cárcel en 100% productiva, hemos ido avanzando”.
Directora penitenciaria, Perla Galindo.
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terapias
ocupacionales son las que están abiertas para que los internos se inscriban y aprovechen su estadía en el penal.

Fuente: Pagina Siete

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