Dueños de negocios saqueados en zona Sur piden justicia y tolerancia a bancos

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Algunos aún estallan en llanto cuando recuerdan el momento que vieron toda la inversión de su tiempo, ahorros y créditos bancarios quemados o simplemente esfumados. Otros parecen haber encontrado resignación y hasta toman su gran pérdida como “su aporte” a la recuperación de la democracia en Bolivia ese domingo 10 de noviembre, cuando Evo Morales renunció a la Presidencia y, acto seguido, los militantes de su partido salieron a saquear y quemar propiedades públicas y privadas en la zona Sur de La Paz.

Los afectados por estos ataques tienen deseos comunes: justicia y que los bancos, con los que tienen deudas, los ayuden con una reprogramación.

“El banco no me permite la reprogramación, no lo consigo; yo pediría tolerancia, tengo que pagar la misma cuota, en la misma fecha, pero ya no tengo ingresos… duele mucho la indiferencia”, lamenta Alira Pereira, propietaria de lo que fue la clínica veterinaria Oasis Pet, ubicada en la calle 25 de Cota Cota. Su negocio fue saqueado. De su inversión de años, de sueños, de trabajo y de más de 40.000 dólares quedó absolutamente en nada.
Parte de la tienda de bicicletas Go2Sport desmantelada.
Foto:Víctor Gutiérrez/ Página Siete

Roberto Lemaitre, propietario de Go2Sport, una tienda de venta y reparación de bicicletas, en la avenida Fuerza Naval, de Achumani, obtuvo la colaboración del banco con el que trabaja, una tolerancia de dos meses en el pago de su crédito. No es suficiente, pero es un corto respiro a la situación que dejó el saqueó de su negocio: una deuda de más de 80.000 dólares

Roberto se muestra resignado. “Sabíamos que iba a costar, que no sería fácil”, dice al referirse a la noche de ese 10 de noviembre. Sólo espera justicia y que las investigaciones que inició la Policía den frutos y se pueda dar con los responsables de la destrucción de su tienda.

“La mayoría de las bicicletas estaban en consignación y tenía otras en reparación, que eran de mis clientes. También se llevaron las herramientas con las que trabajábamos. Eso es lo más perjudicial, nos amarraron las manos”, dice mientras recorre con la vista su negocio, donde en más de la mitad del espacio quedan rastros del saqueo.
Así quedó Oasis Pet después del saqueo del 10 de noviembre.

La noche del horror

El domingo 10 de noviembre, después de las 17:00, cuando Evo Morales renunció a la Presidencia, después de que el informe de la OEA señalara que en las elecciones del 20 octubre hubo fraude, Alira estaba en el centro de La Paz, celebrando. De pronto, a las 21:00, recibió un mensaje en su WhatsApp: estaban rompiendo los vidrios de su clínica veterinaria que había abierto hace cinco meses.

Como pudo, junto a dos amigos, se dirigió hacia la zona la Sur, pero no pudo pasar de la calle 18 de Calacoto. “No se podía subir más. Había olor a gas, la gente estaba desesperada y nos decían: ‘No suban, los van a matar’. Era una sensación horrible, una impotencia tan inmensa de no poder hacer nada”, recuerda y rompe en lágrimas.

Desesperada, llamó a sus familiares y dos de ellos pudieron llegar hasta la calle 25 de Cota Cota, pero ya era tarde: la veterinaria había sido saqueada por completo. Sus puertas de vidrio estaban hechas añicos y en la calle quedaba una fogata, que había sido alimentada con lo que los delincuentes no pudieron llevarse.

Alira llegó a lo que fue su negocio a las 23:30 y se encontró con una escena que la destruyó.
Farmacorp reabrió con un mensaje de esperanza para sus clientes de Cota Cota.

“Habían equipos muy pesados que no se los pudieron llevar, pero los destruyeron o los quemaron. Lo que pudimos recuperar es lo que quedó en la calle, lo que dejaron mientras huían, o los que chicos de la resistencia pudieron recuperar… No había ni un vidrio entero, sacaron las jaulas y las quemaron”, cuenta desconsolada.

“La veterinaria siempre fue parte de mi vida, desde niña me proyectaba como veterinaria, era mi sueño, hice hasta lo imposible por abrir esta clínica… hay días en que es muy difícil hasta levantarme”, añade.

No sabe si comenzar a trabajar para levantar su negocio o seguir las investigaciones iniciadas por la Policía. Hace poco se enteró que las personas que habitan cerca de su negocio y que fueron testigos del hecho criminal ya no quieren declarar. “Seguro tienen miedo”, justifica.

Alira está sentada en lo que fue la salita de espera del SPA canino, donde con ayuda de Plan Fénix, administrado por Claudia Cárdenas, pudo reiniciar hace unos días el servicio. Sólo cuenta con una bañera y un par de secadoras. Los demás espacios, la recepción, enfermería, la sala del quirófano de su clínica y otros están desmantelados.

“Sólo pido justicia. El terror que nos hicieron vivir y el trauma que nos dejaron es inmenso. Es difícil venir a trabajar a un lugar donde ya no hay nada. Ojalá alguien pudiera invertir en nosotros, necesitamos ayuda”, continúa.

Roberto Lemaitre vivió la misma experiencia amarga esa noche del domingo 10 de noviembre. Estaba con su familia en Río Abajo, cuando se enteraron de la renuncia de Evo Morales y decidió regresar a la cuidad para intentar proteger su casa y su negocio. “Viendo el mensaje uno se daba cuenta de que había la intención de provocar algo”, dice.

Roberto vive en El Pedregal, una de las zonas donde se concentró la violencia de los grupos de choque del MAS, por lo que no podía salir de su casa para ir a cuidar su tienda de bicicletas.

Alrededor de las 21:00, la empresa de seguridad lo llamó para advertirle que se habían activado todos los sensores en su local: una turba se había metido y ya no se podía hacer nada.

El primero en llegar al lugar fue su socio, a las 21:30, aproximadamente, y todavía encontró a parte de la turba dentro del negocio, pero no pudo hacer nada.

“En cuanto pude salir de mi casa vine y con mi socio salimos a ver qué podíamos recuperar. Nos pasamos casi toda la noche caminando y rescatamos seis bicicletas que las dejaron tiradas en el río o en la urbanización de acá al lado, que tiene una sola salida”, recuerda.

Con ayuda de algunos amigos pudo reponer las vidrieras de la tienda, algo urgente, y poner unas rejas metálicas “para seguir adelante”, pese a la gran deuda que cayó sobre sus espaldas.

“Jamás pensamos que nos ocurría algo así. Pensábamos que podríamos sufrir un incendio, una inundación, pero un saqueo de este tipo jamás, no imaginamos”, expresa Lemaitre.

“Renaciendo con Cota Cota”

Y la turba que la noche del 10 de noviembre hizo sucumbir de terror a la zona Sur también atacó una de las sucursales de Farmacorp, instalada en la calle 28 de Cota Cota. Según imágenes que circularon por las redes sociales, el gentío se metió a la farmacia e hizo de todo en el saqueo, dejando el lugar desmantelado.

La directora de comunicación de la empresa, Sisi Áñez, prefiere no dar cifras de las pérdidas que dejó el saqueo a Farmacorp.

“Fue un golpe muy duro, pero afortunadamente no había personal en ese momento, lo evacuamos a tiempo, y ese es uno de los grandes desafíos y logros que podemos contar de esa noche”, dice la representante de la empresa que tiene su sede en la ciudad de Santa Cruz.

Pese a la situación de alerta que se vivía en Cota Cota y otros barrios de la zona Sur, Farmacorp reabrió su sucursal en cuestión de días. “Es la gente la que se perjudicó con este ataque y nosotros teníamos que volver a darle el servicio, los medicamentos son productos de primera necesidad, no podíamos abandonar esa nuestra obligación”, afirma Áñez.

La farmacia reabrió en la misma esquina de la 28 de Cota Cota, donde fue saqueada, y ahora tiene un cartel en el que se lee: “El amor nos une y Farmacorp renace junto a Cota Cota”.

Go2Sport: “De 40 bicicletas, recuperamos seis”

Pasaban las 21:00 del domingo 10 de noviembre, cuando Roberto Lemaitre recibió una llamada de la empresa de seguridad a cargo de su negocio en la avenida Fuerza Naval, de Achumani. Le dijeron que todos los sensores de seguridad de su tienda de bicicletas estaban activados. La turba que minutos antes había atacado la clínica veterinaria Oasis, se había introducido a su negocio y saqueaba y destruía todo lo que encontraba a su paso.

Primero hicieron trizas los vidrios a golpes. Roberto presume que con palos y piedras. No lograron destruir la puerta de ingreso, en la que aún se ven las huellas de los golpes; sí lograron romper las ventanas de los lados, que van de pared a pared. Ya adentro, sacaron las más de 40 bicicletas que estaban en el lugar, se llevaron equipos para ciclista, herramientas y repuestos. No conforme con el robo, destruyeron gran parte del decorado del lugar.

En el afán de huir, dejaron tiradas en el río y en la calle seis bicicletas, que Roberto y su socio lograron recuperar.

Veterinaria Oasis: “Lo que no pudieron llevarse, lo rompieron”

Alira Pereira muestra lo que quedó de la sala de cirugía de su clínica veterinaria Oasis: sólo la mesa de quirófano, la lámpara quirúrgica y una pequeña vitrina vacía y con los vidrios rotos.

“Este equipo es muy pesado, por eso no se lo pudieron llevar, pero rompieron todas las luces de la lámpara quirúrgica. Aquí (señala la vitrina de los vidrios rotos) estaban los medicamentos, se llevaron hasta sin saber para qué servía”, dice. Enseguida muestra la lámpara quirúrgica que sólo tiene dos luces, las que logró reponer.

Recibió ayuda del Plan Fénix, logró poner en funcionamiento nuevamente el servicio de peluquería canina.

“Es difícil, se llevaron todo mi equipo, cómo puedo comenzar a trabajar. Hace dos días comenzamos con la peluquería. Tenía dos personas que me ayudaban con ese trabajo y las tuve que despedir, las dejé sin trabajo”, se lamenta.

Agradece la ayuda que le brindaron Plan Fénix y Andrés Barba; sin embargo, aún se siente desvalida y muy afectada por el saqueo de su negocio, la inversión de su vida.

Farmacorp: “Salimos 10 minutos antes del saqueo”

Los empleados de la sucursal de Farmacorp de la calle 28 de Cota Cota, en la zona Sur, tenían una jornada similar a la de cada domingo ese 10 de noviembre, cuando un ejecutivo de la empresa los llamó para ordenarles que tenían que salir en ese instante de la farmacia, dejando todo como estaba. La turba que había quemado el garaje de los PumaKatari, con más de 60 buses, y la casa de Waldo Albarracín, rector de la Universidad Mayor de San Andrés, venía rumbo a su fuente laboral.

“Fue 10 minutos antes, sólo 10 minutos. Nos dieron la orden y salimos inmediatamente, cerrando todo. Pasaron exactamente 10 minutos y la turba llegó. Eran cientos de personas que comenzaron a forcejear la puerta y se entraron. Nosotros vimos cómo sacaban todo, se llevaban todo lo que teníamos en la farmacia. Si no nos avisaban, no sé lo que hubiera pasado”, rememora una de las empleadas de Farmacorp.

De acuerdo a las versiones de personas que presenciaron el saqueo, la misma turba se dirigió luego a la casa de la periodista Casimira Lema y la quemó.

Pagina Siete.