Continúan con tarea de madres ante todo

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María hoy trabaja en la lavandería. Dice que le costó entrar ahí, pues es uno de los lugares que mayores ingresos generan a diferencia de la cocina, artesanías, costura, tejidos, vendedoras y hasta taxistas.

“Es un conflicto diario. La mayoría apunta a este rubro, porque se puede generar hasta 4.000 bolivianos mensual. El sacrificio incluso es el doble, pero lo vale para dar un plato de comida a nuestros hijos”.

El prediario de las reclusas es de Bs 6,50, el equivalente a 1 dólar; pero, esto es sólo para ellas, así que deben darse modos para poder alimentar a sus hijos que buscan la manera de distraerse en el patio del recinto con un balón improvisado hecho de varios papeles.

“Simplemente, sé que nunca más cometeré un delito, para que mis hijos no tengan que sufrir nunca más este calvario que nos tocó vivir”, dice mientras unas lágrimas caen por sus mejillas.

Roxana es otra de las reclusas que guarda detención aún sin condena desde hace cinco años. Ella procreó un hijo con su pareja, quien, en reiteradas ocasiones, la maltrataba e incluso una vez casi la mata. Fue por eso que decidió escapar de ese tormento junto a su hijo. Pasado un tiempo, conoció a otro hombre con quien enamoraba; sin embargo, ella debía hacerse cargo de los gastos de su pequeño y les ofrecieron un trabajo como tragona, pero la sorprendieron en la frontera. En ese momento, perdió no sólo su libertad, también a su hijo, quien hoy vive en un hogar y su pareja quien está libre.

“Ese odio que tengo por ellos y mis necesidades me llevaron a comenzar una relación con otra reclusa, quien como yo lleva cerca de 9 años encerrada. Nos acompañamos, sólo espero que al salir pueda ver a mi hijo”, dice resignada, escondida en unas gafas oscuras y una gorra.

“Mil veces preferí que esté en un hogar a con su padre. No quise que tenga madrastra porque si me pegaba, quizás podría matarlo y mi familia, es solo para el momento, ni siquiera me visitan”, dice.

Este tipo de situaciones, según Uría, motiva a que las mujeres busquen otro tipo de cariño y consuelo en el penal e incluso ante este abandono que sufren se vuelven reincidentes ya que una vez que salen y ven todo perdido, deciden volver al penal con aquellas parejas a las que tuvieron que dejar.

El Diario.